Desde el balcón del Palacio Apostólico, con la plaza de San Pedro como telón de fondo, el Papa León XIV ha reiterado su profunda cercanía y sus oraciones por el pueblo venezolano, devastado por dos potentes terremotos el pasado 24 de junio. Al concluir el rezo del Ángelus, el Santo Padre manifestó su conmoción por la tragedia que ha cobrado la vida de miles de personas y que sigue sumiendo al país en una profunda crisis.
Los seísmos, separados por escasos 39 segundos, sacudieron el norte de Venezuela con una violencia inusitada, dejando un rastro de destrucción y desesperanza. La cifra oficial de fallecidos asciende ya a 2.954, un número que lamentablemente continúa en ascenso a medida que los equipos de rescate y recuperación avanzan en las zonas afectadas. La incertidumbre sobre el paradero de innumerables personas sepultadas bajo los escombros añade una capa de angustia a la catástrofe.
En un gesto de solidaridad y acogida, el Pontífice recibió en el Vaticano al Coro de la Universidad de Mérida, Venezuela, a quienes dirigió unas emotivas palabras en español. “Recuerdo siempre en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano: que el Señor lo sostenga en este momento tan difícil”, expresó el Papa León XIV, invocando el apoyo divino para una nación que enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
La magnitud del desastre trasciende lo humano. Las labores de rescate, que durante días movilizaron a equipos internacionales, han comenzado a ceder paso a la fase de recuperación de cuerpos y, crucialmente, a la evaluación estructural de los edificios comprometidos. El panorama económico se presenta desolador. Un informe preliminar de las Naciones Unidas estima los daños físicos directos en 37.000 millones de dólares, una cifra alarmante que casi triplica las proyecciones iniciales realizadas en las horas posteriores a la catástrofe. Este impacto económico augura un lento y complejo camino hacia la reconstrucción.
A la crisis humanitaria y económica se suma una creciente preocupación por la salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido una grave advertencia sobre el riesgo inminente de brotes epidémicos en los campamentos improvisados. Miles de desplazados, que han perdido sus hogares, conviven en condiciones precarias, lo que facilita la propagación de enfermedades y agrava aún más la ya precaria situación sanitaria en Venezuela. La comunidad internacional se mantiene alerta, aunque los desafíos logísticos y de acceso complican la ayuda a gran escala.
**El ejemplo de fe de un nuevo beato vietnamita**
En su alocución dominical, el Papa León también dedicó un espacio para recordar un significativo evento espiritual: la beatificación del sacerdote vietnamita Francisco Javier Trương Bửu Diệp, ocurrida el pasado jueves 2 de julio en el Santuario de Tắc Sậy, Vietnam. Este acto solemne reconoce el martirio de un hombre que, en 1946, fue asesinado por “odio a la fe”, un testimonio de valentía y entrega que resuena con particular fuerza en los tiempos actuales.
Nacido el 1 de enero de 1897 en la provincia de An Giang, Vietnam, Francisco Javier Trương Bửu Diệp fue ordenado sacerdote en 1924. Su vida estuvo marcada por un profundo compromiso con su comunidad. En marzo de 1946, en medio de la violencia y la persecución que azotaban la región de Bạc Liêu, el padre Trương Bửu Diệp rechazó la oportunidad de huir y salvar su propia vida. Su elección de permanecer junto a sus feligreses quedó inmortalizada en una frase que hoy es un faro de inspiración: “Mi vida y mi muerte son para mi rebaño. El pastor debe estar donde está el rebaño”.
El Pontífice, al reflexionar sobre este heroico testimonio, destacó su relevancia contemporánea. León XIV señaló: “En un contexto de abusos y violencia, se convirtió en defensor de los derechos de la gente y no abandonó a sus feligreses. Que su intercesión y su oración sostengan a los trabajadores del Evangelio que también hoy se encuentran en situaciones de persecución”. Con estas palabras, el Papa León XIV subrayó la universalidad del mensaje de fe y resistencia del beato, un eco para quienes, en diversas partes del mundo, continúan enfrentando desafíos por su adhesión al Evangelio.
**Saludos a peregrinos de Polonia**
Como es habitual en las audiencias dominicales, el obispo de Roma concluyó el Ángelus extendiendo su saludo a los diversos grupos de peregrinos congregados en la plaza. En esta ocasión, la salutación se centró en varias delegaciones de Polonia, un país con profundas raíces católicas. Entre los presentes, León XIV mencionó y saludó a los sacerdotes recién ordenados de los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia de Cracovia, al coro infantil de la Archidiócesis de Łódź, que asistió acompañado por su obispo auxiliar, y a una representación de la diócesis polaca de Legnica. Estos encuentros, aunque breves, refuerzan el lazo global de la Iglesia Católica y la conexión directa del Santo Padre con sus fieles alrededor del mundo.








