La situación de la Iglesia católica en Nicaragua continúa generando preocupación internacional, especialmente tras las recientes detenciones que han afectado a figuras eclesiásticas. En este contexto, el Padre Nils de Jesús Hernández, conocido por su activismo y su postura crítica frente al gobierno, ha alzado su voz desde el exilio en Estados Unidos, afirmando que la dictadura nicaragüense “le tiene miedo a la Iglesia” y, por ello, intensifica su persecución. Sus declaraciones se producen en un momento de especial tensión, marcado por los arrestos del Obispo Emérito de Estelí, Monseñor Abelardo Mata.
El Ministerio del Interior de Nicaragua, a través de un comunicado emitido el 4 de julio, informó que Monseñor Mata, un obispo salesiano de 80 años, ya se encontraba en su residencia. Según el reporte oficial, el prelado fue detenido por la policía el lunes 29 de junio, liberado el mismo día, y posteriormente vuelto a detener el 30 de junio. Sin embargo, esta versión ha sido cuestionada por diversas fuentes y grupos de derechos humanos, quienes señalan que el paradero del obispo no ha sido confirmado de manera independiente, alimentando la incertidumbre sobre su estado y ubicación real. La falta de transparencia en estos casos es una constante preocupación para la comunidad internacional.
El Padre Nils de Jesús Hernández, apodado el “padre vandálico” por su liderazgo en un paro estudiantil y su activo apoyo a las protestas civiles de 2018 en Nicaragua, ofreció una entrevista a EWTN Noticias desde la iglesia Queen of Peace (Reina de la Paz) en Waterloo, Arquidiócesis de Dubuque, donde ahora ejerce como párroco. Su testimonio adquiere particular relevancia dado su profundo conocimiento de la realidad sociopolítica nicaragüense y su experiencia personal en el exilio a causa de su activismo.
En sus declaraciones, Hernández profundizó sobre las motivaciones detrás de la hostilidad del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo hacia la Iglesia católica. Según el sacerdote, la persistente rencilla del gobierno contra Monseñor Mata se debe a la postura inquebrantable del obispo. “Monseñor Mata ha sido una persona muy crítica del gobierno desde mucho antes de su retiro”, explicó Hernández. “Él denunciaba los abusos que ellos (el régimen) cometían y era bien frontal con el gobierno”. Esta firmeza, característica de la voz profética de la Iglesia en Nicaragua, ha sido percibida como una amenaza directa por el poder.
Hernández enfatizó la naturaleza directa y sin rodeos del pueblo nicaragüense, una cualidad que, a su juicio, se refleja en la Iglesia local. “Tenemos que entender que el nicaragüense es bien frontal cuando tiene que hacer una denuncia. Ese es el estilo de nosotros nicaragüenses. La voz profética de la Iglesia es bien frontal”, subrayó. Al abordar la pregunta sobre la ferocidad con la que la dictadura persigue a la Iglesia católica, el “padre vandálico” afirmó su convicción de que el gobierno teme la influencia moral y la capacidad de convocatoria de la institución eclesiástica.
“Existe una Iglesia profética: denuncia cuando hay que denunciar y anuncia también como siempre y proféticamente”, aseveró el sacerdote. “Entonces, el gobierno le tiene miedo a la Iglesia, porque la gente misma va y le dice lo que está pasando, porque la gente confía en la voz de la Iglesia”. Hernández insistió en que la labor de la Iglesia no es de índole política partidista, sino una cuestión de justicia y defensa de la dignidad humana. “¿Cómo vamos nosotros a callarnos cuando hay una injusticia?”, se preguntó retóricamente, destacando el imperativo moral que impulsa a la Iglesia a hablar.
El sacerdote también hizo un llamado urgente a la comunidad internacional, instándola a prestar atención a la grave situación de Nicaragua, donde la Iglesia se ha convertido en un blanco constante de persecución. “Nicaragua está siendo la Iglesia perseguida. Esto no es propaganda, no es que nosotros estamos hablando o haciendo algo en contra del gobierno. No, señores, esta es una realidad. Pero esto al gobierno no le importa”, lamentó. Para Hernández, el obispo Mata “representa la realidad de la Iglesia perseguida en Nicaragua y el mensaje” que debe llegar a nivel global.
La preocupación por el bienestar de Monseñor Mata es aún mayor debido a su edad y estado de salud. El Padre Hernández recordó el trágico caso de Brooklyn Rivera, un líder indígena que falleció a fines de mayo tras permanecer 970 días detenido e incomunicado por el régimen. Dada la avanzada edad del obispo, de 80 años, y el hecho de que utiliza un marcapasos, existe un temor real de que pueda sufrir un destino similar. “A mí me daría gran pesar que Monseñor Mata, de 80 años de edad, que lo enseñen postrado en una cama”, expresó Hernández, evocando la imagen de Rivera días antes de su muerte.
Ante este panorama, el sacerdote concluyó con una firme declaración de intenciones: “Necesitamos que todos hagamos algo. Y seguiremos denunciando, porque yo no me voy a callar ante todo lo que está pasando en Nicaragua”. Sus palabras resuenan como un eco de la voz de muchos nicaragüenses que, desde dentro y fuera del país, claman por la justicia, la libertad y el respeto a los derechos humanos frente a la represión que ha marcado el accionar del gobierno. La comunidad internacional permanece atenta a la evolución de los acontecimientos y al destino de Monseñor Mata y otros miembros de la Iglesia católica nicaragüense.








