7 julio, 2026

Beijing ha liberado al pastor Ezra Jin Mingri, líder de una prominente iglesia clandestina china, cerca de dos meses después de que el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hiciera un llamamiento público y directo para su liberación. Jin, quien había sido detenido por las autoridades chinas el 10 de octubre de 2025, se reunió con su familia en Los Ángeles el 3 de julio de 2026, justo antes de las celebraciones por el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos. Este desenlace marca un hito significativo en las complejas relaciones entre ambas potencias, especialmente en temas de derechos humanos y libertad religiosa.

La detención de Jin formó parte de una intensa campaña de represión que el Partido Comunista Chino llevó a cabo contra la Iglesia de Sion, una comunidad cristiana subterránea que él mismo fundó. Durante esta operación, casi 30 cristianos fueron arrestados en nueve ciudades distintas, evidenciando la creciente presión del gobierno sobre las agrupaciones religiosas no reconocidas oficialmente.

La noticia de su liberación fue recibida con alivio y gratitud por la familia y por diversos políticos estadounidenses. El congresista Chris Smith, republicano por Nueva Jersey y ferviente defensor de la libertad religiosa, expresó su profunda satisfacción el 5 de julio. “Estoy profundamente agradecido de que el pastor Ezra Jin haya sido liberado y reunido con su familia”, declaró Smith, quien también agradeció “especialmente al presidente Trump por plantear personalmente el caso del pastor Jin ante el secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, y por garantizar que los diplomáticos estadounidenses mantuvieran su compromiso de trabajar por su libertad”.

La intervención de la administración Trump fue crucial. Tras su visita a China en mayo de 2026, el presidente Trump había afirmado públicamente que Xi Jinping estaba “considerando muy seriamente el caso del pastor”, en referencia a Jin. Esta declaración generó expectativas y puso de manifiesto la diplomacia de alto nivel empleada para asegurar la liberación. Antes de la cumbre entre Estados Unidos y China, el Congreso estadounidense había presionado a Trump para que también solicitara la liberación de Jimmy Lai, el empresario católico de medios de comunicación y notorio defensor de la democracia, encarcelado en Hong Kong. Sin embargo, Trump reconoció en su momento que veía menos probable que el presidente chino aceptara liberar a Lai, lo que subraya la naturaleza selectiva y delicada de estas negociaciones.

La familia del pastor Jin, en un comunicado difundido a la prensa, compartió su inmensa alegría y gratitud. “Realmente hemos sido testigos de un milagro y estamos inmensamente llenos de alegría. Damos gracias a Dios por este gran milagro”, expresaron. Además, hicieron un reconocimiento explícito a la Casa Blanca: “También agradecemos al presidente Trump y a su administración por su extraordinario liderazgo. Esperamos que esto sea una señal de un cambio positivo para las personas de fe en China y para las relaciones entre nuestros dos países”. Este mensaje refleja la esperanza de que la liberación de Jin pueda sentar un precedente para otros casos de persecución religiosa en el país asiático.

Frances Hui, responsable de políticas e incidencia de la Committee for Freedom in Hong Kong Foundation, quien participó activamente en las campañas de apoyo a los prisioneros religiosos en China antes de la visita de Trump, celebró la noticia en redes sociales. “Es increíble saber que Jin está libre, acaba de llegar a Los Ángeles y finalmente se ha reunido con su familia”, escribió Hui, destacando el “privilegio” de haber acompañado a Grace Jin Drexel, hija del pastor, y a su esposo, Bill Drexel, en su incansable labor para promover la liberación de Jin mientras esperaban el nacimiento de su tercer hijo.

La liberación fue vista como una victoria diplomática y un testimonio de la perseverancia en la defensa de los derechos humanos. El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Jim Risch, afirmó en un comunicado que, “a pesar de meses de encarcelamiento, el pastor Jin permaneció fiel a su fe. Una vez más, el presidente Trump ha demostrado su capacidad para defender a los cristianos perseguidos en todo el mundo”. Por su parte, el exvicepresidente Mike Pence también celebró la noticia, enfatizando: “El presidente Trump merece reconocimiento por lograr la liberación de Ezra Jin al plantear su caso ante Xi Jinping en Pekín este año. Es un verdadero tesoro en el cielo ver a este hombre de fe volver a ser libre”.

El caso del pastor Ezra Jin Mingri no solo resalta la situación de las comunidades religiosas no oficiales en China, sino también el poder de la diplomacia internacional cuando se ejerce una presión coordinada y persistente. Si bien la liberación representa un rayo de esperanza, la lucha por la libertad religiosa y los derechos humanos en China sigue siendo un desafío constante, con numerosos activistas y creyentes aún enfrentando detenciones y persecución.

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