Inspirado en el profundo pasaje evangélico “Si conocieras el don de Dios…” (Juan 4,10), el retiro Sicar se ha consolidado como una de las iniciativas de evangelización juvenil más influyentes y dinámicas en América Latina. Lo que nació como un discernimiento espiritual personal de una religiosa mexicana, hoy es un movimiento que ha tocado y transformado la vida de miles de jóvenes en varios países.
Desde su concepción en 2016, Sicar ha marcado una década de intensa labor, llevando a cabo 38 retiros en México y congregando a cerca de 2.000 jóvenes. Más recientemente, desde su expansión a Perú en 2023, la experiencia ha realizado siete encuentros, con aproximadamente 490 participantes que han vivido un encuentro profundo con Cristo.
Detrás de este movimiento se encuentra la Madre María Elena Martínez, quien suma más de 30 años de vida consagrada. Su ministerio se ha centrado en la formación espiritual de jóvenes y adultos, fundando la comunidad María, Madre del Amor. Esta comunidad es el motor de retiros de gran impacto como Emaús, que se lleva a cabo en parroquias y centros penitenciarios, y Sicar, diseñado específicamente para jóvenes adultos que buscan un camino de fe auténtico.
**El llamado inicial y la búsqueda personal de Madre Elena**
La trayectoria de Madre Elena, marcada desde su infancia por una profunda “sed de Dios”, fue el terreno fértil para la germinación de Sicar. En una entrevista, recordó ese anhelo temprano: “Yo recuerdo de chiquita que tenía mucha sed de Dios”. A los 11 años, este llamado se profundizó, manifestándose en un deseo de pureza y de agradar a Jesús, lo que la llevó a rezar insistentemente a la Virgen por una vida de consagración.
Sin embargo, su camino no fue lineal. Reconoció que la vida religiosa no la atraía inicialmente. Durante su juventud, exploró diversas experiencias, desde completar una carrera en Traducción hasta probar la vida consagrada con las Misioneras de la Caridad. Posteriormente, buscó una experiencia más interior y profunda en la vida contemplativa de clausura. Estas vivencias, lejos de ser desvíos, la prepararon para comprender y acompañar las inquietudes de los jóvenes.
**El nacimiento de Sicar: una respuesta pastoral a una necesidad apremiante**
El retiro de Sicar no surgió de un plan preestablecido, sino de una respuesta pastoral que fue madurando con el tiempo. Durante años, la Madre María Elena escuchó la misma inquietud repetida por muchas personas: “¿Y los jóvenes?, haga algo por los jóvenes”. Esta constante interpelación la llevó a la oración y al discernimiento.
El Evangelio de la samaritana y el diálogo de Jesús en el pozo de Sicar –”Si conocieras el don de Dios…”– se convirtieron en el eje central de su meditación. Este pasaje, “tan rico, tan rico, que de él podía extraer muchísimo”, como explicó, fue el punto de partida para diseñar una experiencia que ayudara a los jóvenes a descubrir a Cristo de una manera personal y transformadora. Así, en 2016, el primer retiro de Sicar vio la luz, iniciando una propuesta sencilla pero cargada de sentido para los primeros participantes, muchos de ellos provenientes de experiencias previas como Emaús.
**Expansión por América Latina y testimonios de transformación**
Desde su consolidación en ciudades mexicanas como Ciudad de México, Tehuacán, Tecamachalco, San Luis de la Paz, Veracruz, Mérida y Cuernavaca, Sicar trascendió las fronteras de México. En 2017, llegó a Guatemala; en 2018, a Buenos Aires, Argentina; en 2022, se estableció en Asunción, Paraguay; y en 2023, desembarcó en Perú. La Madre María Elena expresa su gratitud al ver cómo ha crecido este movimiento, “rescatando a tantos jóvenes”.
Las cifras reflejan este crecimiento: en México, 38 retiros de Sicar han impactado a cerca de 2.000 jóvenes, con un promedio de 50 participantes por encuentro. En Perú, siete retiros han alcanzado a aproximadamente 490 personas, con unos 70 participantes por edición.
Los testimonios de quienes han vivido Sicar son elocuentes. Ottmar Ricalde, servidor en México, destaca el significado de estos diez años: “Podría escribir y hablar de todas las historias, todas las risas, todas las lágrimas, pero lo más importante de todo es el amor de Dios que me ha regalado”. Su vida, antes enfocada en agradar a los demás, cambió al conocer el amor incondicional de Dios.
En Paraguay, Fátima Correa, coordinadora de Sicar, describe la experiencia como “un espacio de crecimiento y renovación” que les permitió “mirar nuestra historia con nuevos ojos”. Resalta que es un retiro “hecho por jóvenes y para jóvenes”, donde la identificación con los testimonios es clave. Desde Argentina, una pareja que participó en el retiro y hoy está casada, afirma que Sicar marcó un “punto de quiebre” en sus vidas, considerando su matrimonio como uno de los frutos más grandes.
**Sicar en Perú: una comunidad en crecimiento y el descubrimiento del amor de Dios**
La llegada de Sicar a Perú en 2023 se dio ante una clara necesidad en la pastoral juvenil. Geraldine Spihlman, directora de Sicar en Perú, observó que los jóvenes, al llegar a los 24 o 25 años, a menudo se encontraban sin un espacio para continuar su camino de fe. Tras contactar con la Madre María Elena, se decidió iniciar la experiencia en Lima, realizando dos retiros al año, en mayo y noviembre.
Spihlman subraya que el fruto más visible en Perú es la comunidad: “Muchos jóvenes han descubierto que solos es difícil, pero que en comunidad todo es más fácil. Es una comunidad donde se ve cómo se aman”.
La Madre María Elena enfatiza que uno de los frutos más comunes es un cambio de mirada hacia los demás, aprendiendo que “la misericordia de Dios no tiene límites”. Esta transformación se extiende tanto a quienes reciben el retiro como a quienes sirven, pues “tu mirada se vuelve misericordiosa. Ya no juzgas a la persona, sino que la ves como hija de Dios”.
Eros Acevedo, un joven servidor, compartió que el retiro fue “un encuentro con Dios que lo cambió todo”, donde sus heridas fueron tocadas y él salió renovado. Rafael Mansilla, de 27 años, halló en Sicar la perseverancia en la fe, comprendiendo que “la fe no es una llama que se apaga, sino una llama constante”. Dina Dávila lo define como el instrumento que Dios usó para llamarle, destacando el amor desbordante experimentado en la comunidad.
A través de Sicar, se invita a los jóvenes a conocer a “un Jesús vivo”, donde “Dios sigue actuando, sigue haciendo milagros cada día”. Lejos de grandes planificaciones humanas, la Madre María Elena vive el día a día, con la entrega de un “un día más te digo que sí” al Señor. Este retiro, nacido de la contemplación del Evangelio, continúa expandiéndose, ofreciendo a los jóvenes un espacio de sentido, sanación y una experiencia de fe madura, llevando consigo la promesa: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4,14).








