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La Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) ha respondido al llamado de urgencia de la comunidad católica en el Caribe, sumándose a las iniciativas solidarias internacionales para paliar la crisis eclesiástica que atraviesa el territorio cubano. En un esfuerzo conjunto por respaldar la vida litúrgica del país caribeño, la institución eclesiástica canalizó un cargamento de 20.000 formas sin consagrar con destino a las parroquias locales.
Una crisis energética y de suministros que paraliza los altares
Mediante un comunicado oficial emitido este 12 de agosto, el episcopado costarricense detalló que la decisión responde a una problemática crítica que se arrastra desde hace semanas. La elaboración local de hostias se ha visto severamente interrumpida debido a la persistente falta de materia prima como la harina, un obstáculo al que se suman los constantes apagones de electricidad en la isla, los cuales impiden mantener operativos los equipos de producción necesarios.
Las piezas litúrgicas enviadas fueron confeccionadas directamente en la Fábrica de Hostias de la propia Conferencia Episcopal, el mismo recinto que abastece de manera habitual a los templos dentro de Costa Rica a través de su red de distribución en las tiendas La Sacristía. La gestión logística para la entrega del paquete estuvo coordinada para que el cargamento fuera recibido por el padre José Araya, perteneciente a la Congregación del Santísimo Redentor y quien cuenta con una trayectoria misional de 10 años de servicio en la provincia costarricense de Alajuela.
Desde la perspectiva de las autoridades eclesiásticas de Costa Rica, esta compleja coyuntura ha movido la solidaridad de las iglesias hermanas de la región, generando una red de apoyo mutuo sin precedentes recientes para sostener los sacramentos en zonas vulnerables.
La producción local al límite: racionamiento extremo
Actualmente, la responsabilidad de fabricar el pan eucarístico para la totalidad de las diócesis cubanas recae sobre el Monasterio de Santa Teresa y San José, el cual funciona como la sede principal de la comunidad de las Carmelitas Descalzas en el país.
No obstante, la situación operativa en el monasterio es alarmante. En declaraciones concedidas a ACI Prensa el pasado 17 de junio, el sacerdote cubano Rolando Montes De Oca describió el panorama al que se enfrentan las religiosas encargadas de la labor. El presbítero señaló que cuando el suministro eléctrico regresa, es muy inestable, es muy poco tiempo, lo que limita drásticamente la capacidad de trabajo y arroja volúmenes mínimos de producción.
Ante esta limitación técnica insostenible, el sacerdote advirtió sobre la medida drástica que deben tomar las comunidades contemplativas: Ellas las van a racionalizar para que un poquito le alcance a cada sacerdote. Esto se traduce en una realidad pastoral compleja donde no habrá suficiente, que não hay todas las que necesitamos, que habrá muy pocas para atender la demanda litúrgica nacional.
Una ola de solidaridad continental
Frente a este escenario de emergencia humanitaria y religiosa, diversas naciones del continente han manifestado su respaldo fraternal a la Iglesia en Cuba durante los últimos meses. Ya en el transcurso del mes de junio, la Arquidiócesis de Panamá efectuó el envío de 35.000 formas, mientras que la Arquidiócesis de Puerto Rico organizó una donación de mayor envergadura al remitir 300.000 unidades para asegurar la continuidad de la celebración de la Santa Eucaristía en la isla.










