28 septiembre, 2026

El llamado episcopal frente a las políticas de control migratorio

Durante la conmemoración del Día Mundial del Migrante y del Refugiado, diversos representantes de la Iglesia católica elevaron su voz para denunciar lo que califican como operaciones de coerción desmedidas ejecutadas por agencias federales en territorio estadounidense. Los jerarcas eclesiásticos exhortaron a la comunidad a brindar apoyo humanitario a las poblaciones desplazadas e impulsar modificaciones estructurales en las normativas vigentes.

Para esta edición, el Papa León XIV eligió el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, fundamentándose en el pasaje bíblico que vincula la acogida de los más vulnerables con la recepción de la propia divinidad.

Críticas severas desde el episcopado y cuestionamientos judiciales

El Cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington D.C., manifestó durante una homilía dominical que durante el último año y medio, el pueblo de los Estados Unidos ha sido testigo del sufrimiento de los indocumentados entre nosotros, magnificado deliberada y estratégicamente por nuestro gobierno, y en la mayoría de los casos, simplemente lo hemos ignorado.

El purpurado hizo alusión a episodios donde menores de edad han sido separados de sus núcleos familiares y confinados en recintos con condiciones adversas. Puso como ejemplo el caso de Liam Ramos, un infante de cinco años originario de Minneapolis que permaneció bajo custodia junto a su progenitor durante un mes.

Ante esta situación, el juez federal de distrito Fred Biery intervino para ordenar la excarcelación de ambos, señalando en su fallo que el procedimiento derivaba de la búsqueda mal concebida e implementada de forma incompetente por parte del gobierno de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si ello requiere traumatizar a los niños. Meses más tarde, un tribunal migratorio desestimó el petitorio de asilo y ratificó la repatriación hacia Ecuador.

Asimismo, McElroy recriminó la supresión del Estatus de Protección Temporal (TPS) que cobijaba a casi un millón de individuos, argumentando que están siendo deportados por un deseo generalizado de excluir a los inmigrantes de la sociedad estadounidense.

La postura oficial del gobierno federal

Por su parte, la administración encabezada por Donald Trump justificó la anulación del TPS bajo el argumento de que las circunstancias en las naciones de origen han evolucionado favorablemente y que el mecanismo legal ha sido objeto de abusos y explotación por parte de inmigrantes ilegales, transformándose en una vía de regularización desvirtuada.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) respaldó la continuidad de las acciones operativas mediante un comunicado oficial donde puntualizó que nadie está exento de ser arrestado. Continuaremos deteniendo a todos y cada uno de los inmigrantes indocumentados que se crucen en nuestro camino. Cualquier persona que se encuentre ilegalmente en nuestro país será arrestada y deportada.

Demandas de focalización frente al criterio de estricto cumplimiento

En la diócesis de Yakima, Washington, monseñor Joseph Tyson abogó por un enfoque selectivo, solicitando una política pública que permita la deportación quirúrgica de aquellos con antecedentes penales graves, en contraste con las redadas masivas que afectan a residentes arraigados por años en las comunidades locales.

No obstante, analistas en materia de seguridad nacional como Andrew Arthur, exjuez de migración vinculado al Centro de Estudios de Inmigración, defendieron la obligatoriedad de hacer cumplir la normativa sin excepciones. Arthur argumentó que las leyes de inmigración, como cualquier otra ley, no tienen sentido a menos que se hagan cumplir, subrayando que la estabilidad fronteriza requiere necesariamente de vigilancia interna y remoción de infractores.

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