14 agosto, 2026

Una visión pastoral forjada en la realidad social peruana

Tras mantener un extenso diálogo de casi dos horas, el Cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, refleja la postura de un pastor profundamente atento a las necesidades de la ciudadanía, con especial énfasis en los sectores más desprotegidos. Su trayectoria vital, marcada por el contexto histórico de la violencia terrorista vivida en el país entre 1980 y 2000 y su labor social en zonas periféricas, configura su perspectiva frente a los retos contemporáneos de la sociedad y de la institución eclesiástica. En este contexto, el prelado de 76 años reflexiona sobre el porvenir de la comunidad católica: ¿cómo debería ser la Iglesia del futuro?

Durante una entrevista concedida a EWTN Noticias, el líder religioso abogó por una estructura eclesial caracterizada por ser "más dinámica", "más laical, menos clerical y más abierta", donde los creyentes asuman un rol protagónico y las comunidades sean escuchadas activamente. Su propuesta central se fundamenta en la sinodalidad, el acercamiento a las nuevas generaciones y una profunda revisión de la preparación ministerial.

De los juegos infantiles al compromiso vocacional

Lejos de los símbolos de su actual dignidad arzobispal, los recuerdos de infancia del Cardenal Castillo remiten a un niño que recreaba celebraciones litúrgicas junto a sus hermanas. Su tío, el entonces Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor Ignacio Arbulú Pineda, solía llevarlo a los templos del distrito del Rímac, obsequiándole pequeños recipientes con hostias para que pudiera imitar las ceremonias tras finalizar la Eucaristía. Con 42 años de trayectoria sacerdotal, valora aquellos momentos como el inicio de un recorrido vocacional diverso que abarcó el movimiento de Acción Católica, la sociología, la docencia y el contacto directo con comunidades mineras y campesinas en la región de Cerro de Pasco durante los años setenta.

No obstante, su biografía familiar también estuvo marcada por el dolor. Su hermano Ismael perdió la vida en 1965 mientras auxiliaba a un compañero cercado por grupos armados. Para el arzobispo, aquel sacrificio dejó una enseñanza imperecedera sobre la entrega al prójimo. Esta vivencia, sumada al testimonio de su padre y al trabajo en los sectores populares, consolida su convicción de que "la gente nos evangeliza".

Superar el individualismo hacia una fe comunitaria

Para el purpurado, la renovación eclesial no se limita a modificaciones administrativas, sino que exige transformar la vivencia de la fe cristiana. En ese sentido, rechaza concepciones que reducen la religión a un vínculo estrictamente individual y desvinculado de la realidad social.

"Pero si se reduce a que mi alma se salve, en el sentido de que yo tengo contacto directo, yo rece un montón y ya me consigo la salvación y tengo mi carné de entrada, eso es individualismo, pues no podemos vivir la fe como una especie de aristocracia espiritual", expresó.

Ante esta postura, sugiere imitar el ejemplo de Jesús mediante una actitud misionera orientada al servicio y la compasión. Asimismo, destaca que la participación activa de los laicos —quienes ya sostienen la dinámica cotidiana de múltiples capillas en la capital— constituye la base para construir una comunidad con mayor apertura y protagonismo de los fieles.

Desafíos en la formación sacerdotal y la sinodalidad

El Cardenal Castillo reconoció que la preparación de los futuros presbíteros representa uno de los temas pendientes en la Arquidiócesis de Lima. A pesar de los progresos observados en las nuevas promociones, advierte la permanencia de esquemas formativos excesivamente rígidos frente a las demandas actuales. A su juicio, el modelo ideal de pastor debe ser "siempre rezador, siempre cercano, siempre predicador, pero mucho más vivo en la relación con la gente, mucho más cercano".

En el ámbito de la sinodalidad, el arzobispo señaló que la institución ha avanzado significativamente hacia una mayor participación, aunque aclaró que este proceso no debe entenderse como un parlamento, sino como un ejercicio de escucha, discernimiento y construcción de consensos pastorales.

Juventud, legado histórico y expectativas ante la visita papal

Con una sólida experiencia en la pastoral juvenil, el Cardenal enfatiza que la clave para integrar a los jóvenes radica en la confianza y la autoorganización. Paralelamente, al cumplirse 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, rescata la figura histórica de este predecesor como un referente de evangelización fundamentada en la cercanía, la suavidad y el conocimiento profundo de la realidad sociocultural.

Finalmente, de cara a la visita apostólica programada para noviembre de 2026, el arzobispo expresó su deseo de que este acontecimiento revitalice el carisma misionero de la Iglesia limeña. Al reflexionar sobre su propio legado tras décadas de servicio, concluyó con una definición sencilla y directa sobre su vocación: "Simplemente como un buen cura", además de pedir perdón por los errores cometidos en su labor pastoral.

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