Un llamado a la paz y la renovación espiritual
En el marco de la undécima edición de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, el pontífice ha dirigido un enfático mensaje a la comunidad internacional. Ante un escenario global marcado por múltiples crisis y un evidente sufrimiento humano, el máximo representante de la Iglesia católica subrayó la urgencia de transitar hacia un modelo de convivencia basado en la concordia y la protección del medio ambiente.
El documento oficial, dado a conocer por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, lleva por lema central una emblemática cita bíblica: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4). Dicha conmemoración litúrgica y de reflexión se llevará a cabo de manera oficial el próximo 1 de septiembre de 2026.
Durante su misiva, el líder católico enfatizó que el propósito fundamental de la fe es custodiar el regalo de la existencia y la tierra que la sustenta:
«Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). Este regalo de vida yace justo en el corazón de nuestra misión como discípulos y de nuestro llamado común a construir una civilización del amor. Como podemos observar, en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador.»
El impacto devastador de los conflictos en el medio ambiente
El texto profundiza en la correlación directa que existe entre los enfrentamientos armados y el deterioro ecológico del planeta. Según la perspectiva papal, ambos fenómenos forman parte de una misma herida global que demanda sanación urgente, alejándose de las dinámicas destructivas que priorizan la violencia por encima del bienestar común.
En este sentido, el pontífice advirtió sobre las secuelas a largo plazo que dejan las confrontaciones bélicas:
«La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división (cf. Gaudium et spes, 77-82). La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.»
Asimismo, el documento califica estas problemáticas no solo como fallas de carácter político, sino como una profunda crisis de orden moral y espiritual que afecta la relación armónica entre la humanidad y su entorno natural.
La conversión del corazón como eje de la ecología integral
Para superar los desafíos actuales, el mensaje sostiene que las reformas estructurales resultan insuficientes si no van acompañadas de una transformación interior profunda. Las discordias externas y el daño ecológico son descritos como síntomas de una división que reside en el interior del ser humano.
Citando al difunto Papa Benedicto XVI, el documento recuerda que la multiplicación de los desiertos exteriores en el mundo es el reflejo directo de la expansión de los desiertos interiores en las personas. Por ello, se insiste en la necesidad de desterrar la búsqueda de dominio y el beneficio inmediato:
«El adagio profético „con sus espadas forjarán arados“ (Is 2,4) no es entonces sólo una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona. Nos invita a transformar la herida en vida. Sin embargo, esta transformación niega ser llevada a cabo por medio de un simple cambio externo, sino que requiere, a través de nuestra cooperación con la gracia de Dios, de una conversión personal y colectiva más profunda —un regreso a Dios, que reordene nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud—.»
Finalmente, el Obispo de Roma instó a los creyentes a asumir esta tarea con humildad y fe, promoviendo herramientas de paz basadas en la verdad, el diálogo, la paciencia y la justicia, con el objetivo de transitar firmemente desde la división hacia la comunión universal.








