

Miles de fieles acudieron este fin de semana a la ermita del Beato Ceferino Namuncurá. Crédito: Cortesía Inspectoría Salesiana Ceferino Namuncurá
La localidad rionegrina de Chimpay se convirtió en el epicentro de una masiva celebración religiosa para recordar el 140 aniversario del natalicio de su figura más emblemática, el Beato Ceferino Namuncurá. La tradicional convocatoria reunió a multitudes llegadas desde distintos puntos cardinales del país austral.
Una avalancha de devotos colma la tierra natal del joven mapuche
Desde diversos rincones de la geografía argentina, los devotos arribaron al lugar histórico para venerar los restos y la memoria del joven beato, buscando tocar su tradicional poncho y depositar allí sus peticiones y agradecimientos personales. Las actividades oficiales dieron inicio el miércoles 26, fecha correspondiente a la memoria litúrgica del beato, mientras que las primeras columnas de peregrinos a caballo y en bicicleta comenzaron a ingresar al territorio durante el viernes 28.
Bajo el lema “Con Ceferino y el Papa León, artesanos de humanización y de paz”, la comuna de apenas 8.000 habitantes experimentó un lleno total en su capacidad de acogida. La organización del evento estuvo coordinada de manera conjunta entre la Diócesis de Viedma y la parroquia salesiana Nuestra Señora de Luján, desplegando un abanico de propuestas culturales, recreativas y de índole pastoral desde el sábado 29.
Caravanas federales y espacios de debate social
Aprovechando condiciones climáticas plenamente favorables, flujos constantes de caminantes, ciclistas, jinetes y vehículos particulares convergieron hacia la ermita local. Los contingentes no solo provinieron de la región patagónica, sino también de provincias tan distantes como Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero, Salta y Buenos Aires.
Como parte integral de la agenda comunitaria, se habilitaron dos foros de debate y reflexión profunda. El primero de ellos estuvo enfocado en los dilemas de la dignidad humana frente al avance tecnológico, coordinado por el presbítero Abel Iglesias. Posteriormente, miembros del Hogar de Cristo de Viedma coordinaron una ponencia bajo el título “Desafiados por las adicciones”, abordando crudas realidades sobre el consumo problemático.
Celebraciones litúrgicas y reclamos eclesiales
Los actos centrales de fe incluyeron una Eucaristía el sábado presidida por monseñor Oscar Miñarro, administrador apostólico del Alto Valle de Río Negro, seguida por momentos de oración juvenil y una rogativa tradicional junto al fuego animada por referentes de la comunidad mapuche. Las actividades dominicales comenzaron al alba con ritos ancestrales en el Cerro de la Cruz del Quinto Centenario, previos a una marcha colectiva de más de 4 kilómetros rumbo al Parque Ceferiniano.
La misa central del domingo estuvo presidida por el obispo de Viedma, monseñor Esteban Laxague SDB. Durante su homilía, el prelado interpeló a los presentes sobre los flagelos contemporáneos, cuestionando el vacío existencial que empuja al suicidio y la angustia financiera de sectores incapaces de afrontar un alquiler digno.
Asimismo, el obispo cuestionó las prioridades de la industria extractiva al manifestar: “El fin principal de una explotación no es sumar más dinero, sino el bienestar de todos…”, y exigió saldar la deuda histórica con la integración de los pueblos originarios. En materia de seguridad y salud pública, el religioso interpeló fuertemente a las autoridades gubernamentales al expresar: “¿Por qué ninguna política lucha contra la comercialización de las drogas? ¿Por qué ninguna política toma en serio la prevención de nuestros niños, niñas y adolescentes, y de la población en general, para evitar que tanta gente caiga en este flagelo del consumo problemático?”.
Finalmente, frente a los desafíos planteados, monseñor Laxague recordó la promesa eterna del beato patagónico y exhortó a la feligresía a imitar su legado, recordando que “la vida es hermosa cuando uno la vive para los demás”.








