20 septiembre, 2026

Un edificio yace en ruinas entre lodo y escombros tras la inundación glacial del 26 de agosto de 2026 en el distrito de Rasuwa, Nepal. Crédito: AP Tolang/Shutterstock

A cinco días de registrarse uno de los peores desastres naturales en la historia reciente del país debido al desbordamiento masivo de un glaciar, las organizaciones humanitarias mantienen una intensa labor de respuesta en territorio nepalí. Las acciones se centran tanto en la asistencia a los sobrevivientes como en la delicada gestión de los cuerpos rescatados.

Balance trágico y labores de búsqueda

Los reportes oficiales de las autoridades sitúan la cifra de fallecidos en 919, mientras que el número de personas desaparecidas asciende a 4.793. Entre los nonatos o no localizados figuran más de 930 operarios de centrales hidroeléctricas, temiéndose que una gran parte permanezca atrapada en el interior de los túneles subterráneos a lo largo del sistema fluvial Bhote Koshi-Trishuli.

Ante la magnitud de la emergencia, las operaciones de rescate cuentan con el despliegue y la colaboración técnica de potencias vecinas como China e India. No obstante, la destrucción de 19 puentes y diversas vías terrestres dificulta notablemente el acceso de los equipos de socorro a las zonas más aisladas.

Respuesta de la Iglesia y ayuda sobre el terreno

En un informe detallado sobre la evolución de la catástrofe, el presidente de Cáritas Nepal y administrador apostólico del Vicariato Apostólico del país, el P. Silas Krishna Bogati, confirmó que la red de apoyo católica se encuentra plenamente movilizada. Los equipos han logrado distribuir refugios de emergencia y kits de higiene a más de 1.000 hogares damnificados.

Asimismo, se ha comenzado a entregar un apoyo económico directo de 15.000 rupias nepalesas —equivalentes a unos 110 dólares— destinado a 750 de las familias más vulnerables. Paralelamente, más de 50 cocinas comunitarias operan de manera simultánea para garantizar la alimentación diaria de unas 300 familias.

La situación sanitaria es otro de los frentes críticos. Ante el avanzado estado de descomposición de los restos recuperados, la Cruz Roja local solicitó formalmente a Cáritas la adquisición urgente de más de 1.000 bolsas para cadáveres para evitar una crisis de salud pública.

Amenaza invernal y cooperación internacional

Conforme pasan los días, los cooperantes advierten sobre una nueva crisis inminente: la llegada del invierno. Las poblaciones desplazadas que permanecen en asentamientos provisionales situados en zonas de gran altitud requerirán con urgencia ropa térmica y alojamientos acondicionados antes de que finalice el mes.

Como parte de las estrategias a largo plazo para prevenir futuros desastres, los gobiernos de Nepal y China analizan establecer mecanismos de intercambio de datos en tiempo real sobre el comportamiento de los glaciares y los niveles hídricos.

La solidaridad global no se ha hecho esperar. Los compromisos financieros internacionales para la reconstrucción y la asistencia humanitaria ya superan los 200 millones de dólares, con aportaciones significativas provenientes de Estados Unidos, Canadá, naciones europeas y el Banco Mundial.

Llamamiento global y cercanía eclesial

Desde el Vaticano, el Papa León XIV reiteró su cercanía y pidió mantener las plegarias por los afectados durante su intervención dominical:

“Recemos por quienes han perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población”, alentó el pontífice.

En concordancia, las diócesis en diferentes países han instado a la comunidad internacional a mantener un flujo constante de recursos para garantizar que las comunidades locales logren recuperar sus medios de subsistencia y reparar la infraestructura dañada en el menor tiempo posible.

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