

El Papa León XIV durante una audiencia general en el Vaticano. Crédito: Vatican Media.
Durante un encuentro oficial celebrado en el Vaticano, el Papa León XIV se dirigió a los prelados que integran la Conferencia Episcopal Latina en las Regiones Árabes (CELRA). El Sumo Pontífice enfatizó que la labor primordial de las jerarquías eclesiásticas en aquellas zonas vulnerables va más allá de la mera preservación institucional de las comunidades.
El verdadero propósito pastoral en territorios golpeados
Ante representantes eclesiásticos procedentes de 16 naciones y territorios de Oriente Medio y parte del Cuerno de África, el Obispo de Roma recalcó que el objetivo central consiste en manifestar la presencia de Cristo mediante la evangelización y la cercanía con los necesitados. La organización, encabezada por el Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, agrupa jurisdicciones en países como Israel, Palestina, Jordania, Irak, Siria, Líbano, Egipto y las naciones del Golfo.
El líder de la Iglesia católica reflexionó sobre las múltiples emergencias locales y advirtió sobre la tentación de desviar el foco principal de la labor religiosa. Al respecto, pronunció la siguiente declaración textual: “En medio de las emergencias, no pierdan de vista lo esencial de la misión de la Iglesia: el anuncio del Evangelio, la oración, los sacramentos y la formación cristiana. Una Iglesia capaz de servir debe ser, ante todo, una Iglesia que reza, escucha la Palabra y vive de los sacramentos”.
Retos diferenciados: migración laboral y éxodo histórico
Las circunstancias sociales que enfrentan los católicos en estos territorios varían notablemente según la zona geográfica. Por un lado, en los Estados del Golfo como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Omán, la feligresía está compuesta mayoritariamente por empleados extranjeros originarios de naciones asiáticas como India, Filipinas y Sri Lanka.
Ante la vulnerabilidad laboral y la lejanía familiar que experimentan estos colectivos, el Pontífice instó a las parroquias a convertirse en refugios de acogida. Al respecto, señaló textualmente: “Muchos viven lejos de sus seres queridos y experimentan la soledad y la precariedad. Que sus comunidades sean hogares donde nadie se sienta extranjero. Defiendan la dignidad de toda persona y reconozcan en cada migrante a un hermano y una hermana: así la caridad se convierte en testimonio del Evangelio y en escuela de fraternidad”.
Por otro lado, en regiones históricas como Tierra Santa, Irak, Siria y Líbano, la preocupación principal radica en la constante partida de familias cristianas a causa de los conflictos armados y la crisis económica. El Obispo de Roma pidió a los líderes religiosos acompañar activamente el sufrimiento de sus comunidades.
Una minoría fundamentada en el servicio y no en el poder
A pesar de conformar minorías demográficas en sociedades de mayoría musulmana, León XIV alentó a los religiosos a no perder la esperanza ni basar su relevancia en estadísticas o influencias políticas. Recordó que el valor de una comunidad se sustenta en su apego al mensaje evangélico y en la práctica de la caridad por encima de cualquier confrontación.
Asimismo, el Papa abogó por consolidar los puentes ecuménicos e interreligiosos en la zona. Sobre este aspecto, puntualizó textualmente: “La variedad de las tradiciones cristianas es una riqueza que debe vivirse en la unidad. De esta comunión debe surgir un diálogo sincero con las demás comunidades cristianas, con los musulmanes y con las diversas tradiciones religiosas. Dialogar no significa renunciar a la propia identidad, sino vivirla sin miedo al encuentro”.
Memoria de los mártires contemporáneos
En el tramo final de su discurso, el máximo representante de la Iglesia católica rindió homenaje a los religiosos y fieles que han perdido la vida a causa de la violencia en la región. Entre ellos, recordó a la hermana italiana Leonella Sgorbati, asesinada el 17 de septiembre de 2006 en Mogadiscio, Somalia, así como a las Misioneras de la Caridad caídas en Yemen y a numerosos sacerdotes y laicos.
Para concluir, el Pontífice destacó el valor de estos sacrificios anónimos ante los ojos de la fe, afirmando textualmente: “Quizá sus nombres no sean conocidos por el mundo, pero son bien conocidos por Dios”.








