

El Patriarca ecuménico Bartolomé | Crédito: Shutterstock
Durante su participación en el 27º Congreso Internacional de la Sociedad para el Derecho de las Iglesias Orientales, llevado a cabo en Budapest, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, manifestó su firme propósito de que las comunidades católica y ortodoxa logren restablecer la plena comunión eclesial en el futuro.
El máximo representante de la Iglesia Ortodoxa hizo hincapié en la trascendencia del acercamiento teológico entre ambas tradiciones cristianas. En este sentido, confió en que el recién inaugurado centro de cooperación denominado “Fanarion” funcione como un puente fundamental para estrechar los lazos institucionales y espirituales.
Un espacio permanente para el entendimiento interreligioso
Al referirse al nuevo proyecto, el líder religioso explicó la visión que lo inspiró: “El ‘Fanarion’, al igual que el Fanar, está concebido por nosotros como un hogar permanente para el encuentro interortodoxo, intercristiano e interreligioso”, según recogió el portal Orthodox Times.
Asimismo, el primado detalló que este centro académico y de encuentro busca perfilarse como un auténtico laboratorio de “ecumenismo jurídico”, enfocado en dar impulso al entendimiento formal entre la Santa Sede y el Patriarcado.
Para fundamentar su visión sobre la estructura de la Iglesia, Bartolomé I rescató una célebre reflexión planteada en el pasado por el teólogo Joseph Ratzinger, quien más tarde se convertiría en el Papa Benedicto XVI. Según el jerarca ortodoxo, la premisa de que “Roma no puede exigir de Oriente más de una doctrina sobre el primado que la formulada y vivida durante el primer milenio” constituye una clave indispensable para el avance ecuménico.
Esta perspectiva dialoga directamente con la postura de su antecesor, el Patriarca Atenágoras, quien solía denominar al Obispo de Roma como “el sucesor de Pedro, el primero en honor entre nosotros, el que preside en el amor”. Bajo este esquema, la tradición ortodoxa conceptualiza el liderazgo papal no como una jerarquía de poder absoluto, sino como un primado de servicio amoroso enmarcado en el respeto mutuo de las Iglesias hermanas.
La relevancia de la Pentarquía y el gesto del Papa Francisco
En otro tramo de su exposición ante los congresistas, el Patriarca abordó el concepto histórico de la Pentarquía, integrada antiguamente por las sedes episcopales de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, la cual funcionaba como el reflejo visible de la unidad cristiana durante los primeros milenios del cristianismo.
Dentro de esta misma línea de recuperación histórica, el líder ortodoxo valoró de manera muy positiva la restitución del título de “Patriarca de Occidente” en la edición de 2024 del Anuario Pontificio, tras su eliminación en el año 2006. Calificó esta medida administrativa como “un paso pequeño, pero de ninguna manera insignificante” y un mensaje sumamente favorable para el porvenir del diálogo teológico.
Bartolomé I compartió además que este asunto había sido conversado directamente con el fallecido Papa Francisco, quien recibió la inquietud con gran cercanía y le garantizó que dicha denominación sería devuelta al anuario oficial en el momento oportuno.
Esperanza frente a la herida de la separación
El líder espiritual no ocultó el profundo pesar que genera en la cristiandad la ruptura secular entre Oriente y Occidente, un cisma que, en sus propias palabras, “desgarró la túnica inconsútil del Señor”. No obstante, enfatizó que este dolor histórico debe marchar de la mano con una inquebrantable convicción de fe.
En uno de los pasajes más contundentes de su alocución, el Patriarca sentenció: “Esperamos, por la gracia y la ayuda de Dios, la restauración de la plena comunión con la Iglesia de Roma dentro del único Cuerpo de la Iglesia una, santa, católica y apostólica”.
Finalmente, cerró su intervención deseando que las antiguas sedes recuperen su armonía original: “Para que la Pentarquía vuelva a estar íntegra y la ‘lira de cinco cuerdas’ de la Iglesia universal pueda resonar nuevamente en toda la plenitud de su antigua armonía”.








