7 septiembre, 2026

Monseñor Silvio Báez urge a la ciudadanía a no guardar silencio frente a los regímenes totalitarios

Durante una eucaristía dominical celebrada en la comunidad católica de Santa Agatha, situada en la ciudad de Miami, Florida, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, hizo un llamado categórico a rechazar la pasividad ciudadana ante el avance de regímenes autoritarios que socavan las bases de la democracia y vulneran de manera sistemática los derechos fundamentales de la población.

El jerarca católico, quien se encuentra radicado en el extranjero desde el año 2019 debido al hostigamiento político y la intensa represión desatada por el gobierno de su país natal contra la institución eclesiástica, enfatizó que la inacción frente a los abusos de poder constituye una forma de complicidad con la opresión.

La voz profética y la denuncia de la injusticia

Durante su sermón, el prelado abordó el papel fundamental que desempeñan los creyentes como guardianes de la justicia social y los derechos humanos en contextos de crisis política. En este sentido, recalcó con firmeza:

“No podemos (…) ser espectadores pasivos mientras las dictaduras imponen estructuras políticas abusivas que no solo destruyen la democracia, sino que también atentan contra la libertad del pueblo y su derecho a ser sujeto de su propia historia”.

Asimismo, el obispo auxiliar argumentó que alzar la voz contra las arbitrariedades estatales no constituye una manifestación de animadversión ni un factor de desestabilización, sino un deber ético fundamental. Al respecto, señaló que “denunciar estas arbitrariedades no es un discurso de odio ni un atentado contra la paz. Llamados por Dios a ser centinelas de la historia, los cristianos denuncian la injusticia como una exigencia de la fe y del amor”.

Aunque el líder religioso evitó mencionar de manera directa a los gobernantes nicaragüenses, su pronunciamiento coincidió temporalmente con la aprobación en el ámbito legislativo de una profunda modificación a la carta magna del país centroamericano, un cambio impulsado por el oficialismo que establece restricciones para impedir la participación de sectores opositores en futuros procesos electorales.

Rechazo internacional y el deber de no callar

La mencionada modificación constitucional ha provocado una ola de condenas y muestras de preocupación tanto a nivel interno como en la esfera internacional, sumando pronunciamientos críticos por parte de administraciones extranjeras como Estados Unidos, Costa Rica y Perú, así como de organismos multilaterales como la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Profundizando en su mensaje pastoral, el representante eclesial comparó la labor de los líderes religiosos con la de los antiguos profetas, advirtiendo sobre las graves consecuencias morales de optar por el silencio ante el sufrimiento de los ciudadanos. Explicó que un profeta fiel a su mandato transmite el mensaje divino sin temor, advirtiendo sobre los peligros y promoviendo el arrepentimiento, a pesar de los riesgos de enfrentar represalias, destierro o incluso la pérdida de la vida.

Para ilustrar este punto, el obispo recordó pasajes bíblicos al señalar que la falta de valentía convierte a los líderes en figuras mudas e incapaces de advertir los peligros inminentes. Según su perspectiva, guardar silencio por conveniencia o para eludir confrontaciones transforma a los ciudadanos en cómplices de los atropellos, comparando esta actitud con la de un vigía que observa una amenaza inminente y decide no alertar a la comunidad.

El valor de la corrección guiada por la empatía

En la segunda parte de su intervención dominical, monseñor Báez centró su reflexión en la importancia de practicar la corrección fraterna siguiendo los preceptos y las enseñanzas de Jesucristo, destacando que este ejercicio debe llevarse a cabo combinando la franqueza con la compasión, y la prontitud con la paciencia.

El prelado concluyó sus reflexiones subrayando que recuperar a un ser querido o a un miembro de la comunidad a través del diálogo constructivo representa un valor incalculable. Explicó que la verdadera corrección requiere sensibilidad para dialogar sin degradar al prójimo, priorizando el entendimiento mutuo y la búsqueda del bienestar colectivo por encima de los intereses particulares.

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