15 septiembre, 2026

P. Tadeusz Rozmus. Crédito: EWTN Noticias.

Para el P. Tadeusz Rozmus, una motocicleta representa mucho más que un simple medio de transporte. Desde hace décadas, este sacerdote salesiano descubrió que el asfalto y los motores pueden transformarse en auténticos espacios para fomentar la amistad, el diálogo y la transmisión del mensaje cristiano.

De la ingeniería mecánica al ministerio sacerdotal

Reconocido cariñosamente en el mundo de las dos ruedas como “Don Biker”, el P. Rozmus conmemora este 2026 cuatro décadas desde su ordenación sacerdotal y cincuenta años de profesión religiosa. Este religioso polaco de 69 años, que además posee el título de ingeniero mecánico, logra compaginar sus responsabilidades pastorales con su profunda afición por el motociclismo.

“Nací como motociclista. Construía motocicletas cuando era joven y viajaba en moto”, declaró el presbítero al recordar sus primeros años vinculados a esta disciplina mecánica.

La labor pastoral en Castel Gandolfo

En la actualidad, el sacerdote ejerce como párroco en la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, situada en Castel Gandolfo, la emblemática localidad veraniega de los pontífices. En este enclave histórico, el Papa León XIV ha recuperado la tradicional presencia estival papal tras más de una década de interrupción.

Durante los periodos de descanso en la residencia pontificia, el párroco ha mantenido diversos encuentros con el Obispo de Roma. “Como párroco, tuve la oportunidad de intercambiar algunas palabras con el Santo Padre, transmitirle algunas informaciones o simplemente saludarlo. Fueron momentos muy hermosos, en los que se percibía su cercanía paternal. Espero que esta tradición continúe incluso después de que terminen las vacaciones”, expresó recientemente a Vatican News.

El carisma salesiano aplicado a la carretera

La iniciativa pastoral del P. Rozmus bebe directamente de las fuentes de San Juan Bosco, fundador de la Congregación Salesiana, quien abogaba por la cercanía, el optimismo y la creación de vínculos de confianza con las nuevas generaciones. Para el sacerdote, la moto cumple exactamente la misma función integradora.

“Cuando la gente ve que también hay sacerdotes a los que les apasiona el motociclismo, esto ayuda a acercarse, a conocerse. Muchos me dicen: ‘Ah, eres motociclista. Ven, ven’”, puntualizó el religioso a EWTN Noticias.

Al ponerse el casco y rodar junto a otros aficionados, el sacerdote promueve una imagen cercana y accesible de la institución eclesial, convirtiendo las rutas en auténticas experiencias de convivencia.

Solidaridad y hermandad sobre el asfalto

Más allá de la velocidad o de las características técnicas de los vehículos, la comunidad de motoristas destaca los fuertes valores de apoyo mutuo y camaradería que definen a este sector.

“El objetivo del motociclista es la hermandad, incluso si somos personas diferentes, de distintos grupos. Cuando vemos a un motociclista al lado de la carretera, nos detenemos y preguntamos si necesita ayuda”, indicó Simone Barbieri, líder de la agrupación romana “Biker Della Capitale”.

Por su parte, Elisabetta Tirelli, integrante habitual de estas rutas, resaltó el sólido compañerismo que se teje entre los participantes. “Incluso si no estás bien, te llaman para preguntarte cómo estás, para saber qué ha pasado. Lo he visto de primera mano y lo siento profundamente”, añadió.

Un encuentro multitudinario con el Papa León XIV

La faceta pastoral y la pasión motera confluyeron de manera especial el pasado 30 de agosto, fecha en la que el P. Rozmus condujo a un grupo de aproximadamente 200 motociclistas hasta las Villas Pontificias de Castel Gandolfo. Allí, los asistentes participaron en una audiencia especial donde recibieron la bendición y el saludo directo del Papa León XIV.

“Saludo a todos los fieles de Castel Gandolfo y a los peregrinos de varios países, y también a los motociclistas que están aquí para su reunión anual”, manifestó el pontífice durante el evento.

Gracias a esta iniciativa impulsada por “Don Biker”, los asistentes regresaron a sus hogares con el recuerdo imborrable de una jornada donde la fe, el carisma salesiano y la pasión por las dos ruedas marcharon en perfecta armonía.

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