

Mons. Jesús José Herrera Quiñónez, en la marcha por la paz en Culiacán el 13 de septiembre. Crédito: Cortesía de la Vicaría de Pastoral Culiacán.
Frente a la escalada de inseguridad que azota a la región, el obispo de la Diócesis de Culiacán, Mons. Jesús José Herrera Quiñónez, lanzó una súplica directa a los integrantes de las estructuras delictivas para que abandonen las hostilidades y pongan fin a la zozobra que padece la ciudadanía.
Durante una movilización ciudadana realizada en la capital sinaloense, el jerarca católico centró su mensaje en aquellos actores involucrados en disputas de hegemonía territorial. A todos ellos les exigió un alto total, recordando que ningún poder, ningún dinero, ningún territorio y ninguna ambición valen más que una vida humana, al tiempo que enfatizó que todavía es posible elegir la vida.
Una marcha multitudinaria por la concordia
La manifestación pacífica, organizada por diversos sectores de la sociedad civil con el respaldo de la Iglesia Católica, congregó a cientos de fieles. Las actividades espirituales y de protesta comenzaron puntualmente a las 7:00 (hora local) con una Eucaristía celebrada en el exterior del templo de Nuestra Señora de Guadalupe, popularmente conocido como “la Lomita”.
Tras el oficio religioso, contingentes ciudadanos avanzaron a lo largo de un trayecto de aproximadamente 2 kilómetros que culminó en la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario.
Llamado a la verdad institucional y exigencia de seguridad
Al término de la marcha, el prelado advirtió que la violencia genera más violencia, por lo que instó a los habitantes de una comunidad largamente golpeada por el sufrimiento a romper definitivamente con esa dinámica destructiva.
Asimismo, el obispo dirigió un firme posicionamiento hacia las instancias de gobierno, recalcando que la ciudadanía no solo demanda condiciones óptimas para transitar libremente, sino también recuperar la fe en el aparato estatal mediante la transparencia. “Queremos vivir en paz, queremos calles seguras, queremos familias tranquilas. Queremos que nuestros jóvenes, adolescentes y niños transiten por nuestras calles con seguridad”, aseveró.
Para el representante eclesial, la pacificación de la zona demanda también una profunda corresponsabilidad social, donde el perdón y la reconciliación fungen como pilares indispensables. Finalmente, expresó su reconocimiento a los colectivos civiles impulsores de la protesta y animó a la comunidad a perseverar en su labor movilizadora.
Radiografía de una crisis prolongada
La actual coyuntura de inseguridad en territorio sinaloense experimentó un punto de inflexión a partir del 9 de septiembre de 2024, fecha en la que se intensificó una guerra abierta entre facciones antagónicas del Cártel de Sinaloa: “Los Chapitos”, leales a los descendientes de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, y “La Mayiza”, vinculada a los seguidores de Ismael “El Mayo” Zambada.
Este escenario de confrontación se desencadenó tras el arresto de Zambada y Joaquín Guzmán López el pasado 25 de julio en El Paso, Texas, operativo confirmado en su momento por el Departamento de Justicia estadounidense. Semanas después, una misiva atribuida a Zambada sacudió el panorama político al denunciar una presunta celada en la que habrían colaborado autoridades locales y miembros del grupo rival.
La tensión escaló a niveles internacionales cuando la justicia de Estados Unidos formalizó cargos contra el gobernador Rubén Rocha Moya y otros nueve exfuncionarios mexicanos por presuntos nexos con el narcotráfico.
Mientras las disputas continúan alterando la vida cotidiana, las estadísticas oficiales reflejan el profundo costo humano de este conflicto. Desde septiembre de 2024 hasta la fecha actual, la Fiscalía estatal ha documentado 3.181 homicidios dolosos y 1.375 robos con violencia, evidenciando la urgencia de soluciones integrales para la región.








