18 septiembre, 2026
El Papa, durante la audiencia. Crédito: Vatican Media

Durante un reciente encuentro oficial en el Vaticano, el papa León XIV puso en valor la profunda raigambre popular que sustenta la Doctrina Social de la Iglesia. El Pontífice reconoció de forma expresa la labor de aquellos fieles, tanto laicos como religiosos, que a lo largo de los años han tenido la valentía de transitar por caminos innovadores y alejados de las estructuras tradicionales.

La máxima autoridad eclesiástica pronunció estas palabras este 18 de septiembre en la Sala del Consistorio, donde recibió a una delegación integrada por unos 50 miembros pertenecientes al Centro Internacional de Estudios Papa León XIV. Esta organización académica y cultural, impulsada en octubre de 2025 bajo el amparo de la Orden de San Agustín, centra sus actividades en la investigación y divulgación del magisterio papal.

La colaboración entre fieles y el Magisterio

Durante su intervención ante los investigadores y académicos, el Obispo de Roma recordó que la reinterpretación de la fe frente a las complejidades laborales, económicas y culturales de la modernidad no se explicaría sin la participación activa de los ciudadanos de a pie. Junto a ellos, diversas generaciones de consagrados han demostrado que la institución eclesiástica es capaz de trascender sus propias fronteras.

Apoyándose en su exhortación apostólica titulada Dilexi te, el sucesor de Pedro argumentó que el actual periodo de transformación global exige una cooperación constante y fluida entre las bases bautizadas y las altas instancias del Magisterio, integrando la voz de los expertos con las demandas del pueblo.

El organismo de estudios, formalmente constituido como entidad del Tercer Sector en diciembre de 2025, busca precisamente estimular la reflexión teológica y práctica frente a los dilemas de la sociedad moderna. Ante esta labor, el líder católico instó a los presentes a enfocar sus esfuerzos hacia la promoción del bien común.

“Vuestra misión de esperanza consista en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común”, exhortó.

Hacia una civilización fundamentada en el diálogo

El Papa manifestó su beneplácito por la iniciativa impulsada por los agustinos, incidiendo en que la reflexión crítica resulta indispensable para fomentar una cultura basada en la solidaridad y el afecto fraterno. Asimismo, alabó la vocación abierta del centro educativo para entablar puentes con universidades, organismos civiles y diversas realidades eclesiales a escala nacional e internacional.

Para ilustrar esta necesidad de cooperación mutua, el pontífice mencionó las alianzas estratégicas mantenidas con la Facultad Teológica de Italia Central y con el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum. “El secreto está en caminar juntos siempre, sin cerrarse al encuentro incluso con quienes son diferentes y parecen pensar, hablar o actuar de otra manera”, afirmó.

El humanismo histórico y la apuesta por la paz

El lugar de origen del centro de estudios, la ciudad de Florencia, tampoco pasó desapercibido en el discurso papal. Según indicó el jerarca, este enclave renacentista representa una llamada constante a recuperar los valores de un humanismo abierto a la trascendencia y promotor de la concordia entre las personas.

En un escenario internacional marcado por las tensiones geopolíticas, el máximo representante de la Iglesia católica recordó que la estabilidad y el progreso de las naciones no se cimentan en los enfrentamientos armados, sino en la construcción paciente de acuerdos justos.

“No son las guerras, sino el tejido de la paz y de justos equilibrios lo que produce civilización, con la participación activa de todos los componentes sociales y culturales de una sociedad abierta”, señaló.

Combatir la resignación mediante la formación política

Frente a los climas de desconfianza generalizada y apatía social, el líder religioso expresó su confianza en que las nuevas generaciones reciban las herramientas necesarias para involucrarse activamente en la gestión de la cosa pública.

“Que vuestro Centro de Estudios favorezca este ejercicio, que necesita pioneros y facilitadores, especialmente cuando corren el riesgo de prevalecer formas de desconfianza y resignación”, indicó.

La propuesta formativa, según detalló, debe oponerse a las inercias del desánimo mediante una labor orientada a consolidar vínculos sociales firmes basados en la justicia, la solidaridad y la convivencia pacífica.

Hacia el tramo final de su alocución, el Pontífice recuperó la herencia intelectual de San Agustín para recalcar que el afecto sincero y desinteresado continúa siendo el motor idóneo para transformar la esfera personal, económica y política de la humanidad.

“El amor vincula para liberar, une para generar y compromete para construir”, afirmó.

Finalmente, recordando fragmentos de su encíclica Magnifica humanitas, el Santo Padre animó a los presentes a contemplar los acontecimientos mundiales a través del prisma de la fe, visualizando el presente como un espacio propicio para la renovación y pidiendo que actúen como verdaderos precursores de los cambios silenciosos que Dios obra en la historia.

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