25 septiembre, 2026

Un llamado a la cooperación global desde París

Durante su visita oficial a la capital francesa, el pontífice se trasladó al auditorio principal de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para pronunciar un discurso centrado en los valores fundamentales de la convivencia internacional. Ante diplomáticos, académicos y representantes de numerosos países, el líder católico destacó que la cooperación global debe fundamentarse en la defensa de la dignidad intrínseca de cada individuo. Recordó asimismo que en 2027 se conmemorarán 75 años de labor ininterrumpida de la Misión Permanente de Observación de la Santa Sede ante el organismo multilateral, consolidando una alianza histórica al servicio del bien común y del progreso humano.

La esencia de la condición humana frente a la modernidad

En su alocución ante la asamblea, el jerarca eclesiástico reflexionó profundamente sobre la interrogante fundamental acerca de la identidad del ser humano en el siglo XXI. Señaló que la existencia comienza en la condición de hijos, lo que otorga a toda la humanidad un lazo inquebrantable de fraternidad. Advirtió que olvidar esta dimensión de gratuidad convierte la vida en un mero producto de consumo sujeto a la explotación. En este sentido, denunció que la tecnología y la ciencia, cuando se desvinculan de los principios morales, corren el peligro de subordinarse a voluntades destructivas, siendo la guerra el exponente más trágico de esta desviación.

Desafíos de la era digital y la inteligencia artificial

El discurso también dedicó un espacio importante a los riesgos derivados de la transformación tecnológica contemporánea. El líder religioso alertó sobre una preocupante paradoja: mientras se otorgan denominaciones asociadas al intelecto a sistemas computacionales avanzados, la sociedad moderna tiende a infravalorar a las personas reales, juzgándolas bajo criterios estrictamente utilitarios y de eficiencia. Ante esta realidad, subrayó que los algoritmos carecen de la capacidad para responder a las inquietudes existenciales y al sentido profundo de la vida. Por este motivo, aplaudió iniciativas como el programa de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) impulsado por la institución internacional para fomentar un uso crítico y responsable de las herramientas digitales.

Cultura de paz frente a la discordia global

Para ilustrar los caminos posibles de la humanidad, el pontífice recurrió a dos metáforas bíblicas: la torre de Babel y la plaza de Pentecostés. La primera simboliza la imposición de una unidad forzada basada en la dominación y el poder hegemónico, la cual inevitablemente deriva en la fragmentación y el conflicto. En contraposición, la segunda representa una armonía donde las diferencias culturales florecen sin suprimirse mutuamente. Con motivo de este análisis, el Santo Padre instó a la comunidad internacional a redoblar los esfuerzos para proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad, incluidos los menores en contextos de conflicto, los ancianos y los migrantes, reiterando que la actual crisis ecológica constituye, en esencia, una profunda crisis de carácter antropológico.

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