26 septiembre, 2026

Una marea humana compuesta por más de 800.000 personas se congregó este sábado en la capital francesa para participar en la solemne eucaristía oficiada por el papa León XIV, un acontecimiento que marcó uno de los momentos centrales de su visita pastoral al país europeo.

Un mensaje de dignidad y cercanía

Durante su homilía en la icónica Plaza de la Concordia, el pontífice quiso transmitir un mensaje profundamente humano ante una multitud abrumadora. El jerarca católico enfatizó ante los fieles que “ninguno de nosotros es simplemente un número o una entrada en un registro, sino una persona única e irreceptible” a los ojos de la divinidad.

La ceremonia litúrgica contó con detalles de gran simbolismo inclusivo, como la participación de seis jóvenes con síndrome de Down que formaron parte del cuerpo de monaguillos encargados de asistir al santo padre en el altar.

Devoción y largas esperas en la capital

El ambiente festivo y de recogimiento se palpaba desde tempranas horas en las inmediaciones de los Campos Elíseos. Cientos de familias se apostaron en el recorrido con sillas plegables, mantas de pícnic y carriolas, mientras que numerosos sacerdotes aprovecharon la ocasión para confesar a los feligreses apostados a lo largo de las aceras.

Muchos de los asistentes dedicaron entre cuatro y cinco horas de espera para lograr una posición favorable desde la cual vislumbrar el paso del pontífice a bordo del vehículo oficial, en un trayecto que unió el Arco del Triunfo con el altar principal.

El acontecimiento congregó a fieles de todas las edades y procedencias. Entre ellos se encontraba la familia Noizet, integrada por padres y siete hijos, quienes se desplazaron desde la periferia parisina con el firme propósito de evidenciar su comunión con el resto de la comunidad eclesial.

Al referirse a la rica tradición espiritual de la nación, León XIV exclamó: “Desde esta hermosa ciudad de París, ruego fervientemente que el agua viva del Espíritu Santo fluya por toda Francia”. Asimismo, invitó a los presentes a saciar sus inquietudes espirituales en la fuente del corazón de Jesús.

Testimonios de fe y esperanza

Para muchos peregrinos, el sacrificio de las largas horas de pie bajo las inclemencias del tiempo quedó plenamente justificado. Thibault Lecauchois, quien emprendió un viaje de dos horas junto a su esposa y sus dos hijos pequeños, calificó la ocasión como una oportunidad irrepetible.

“Queríamos que los niños recibieran la bendición del Papa y compartir ese momento con el resto de la comunidad católica”, expresó tras relatar que su hija menor exclamó con alegría al ver al pontífice. Para Lecauchois, el mensaje del actual obispo de Roma representa un faro de optimismo en la coyuntura actual.

Continuación del viaje hacia Lourdes

Una vez concluida la masiva celebración litúrgica en tierras parisienses, la agenda del líder de la Iglesia católica continuó hacia el suroeste del país.

El pontífice emprendió un vuelo hacia los Pirineos para iniciar una estancia de día y medio en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, uno de los centros de peregrinación mariana más concurridos del planeta, que recibe anualmente a más de tres millones de visitantes en busca de consuelo espiritual y sanación.

En este recinto sagrado, ubicado en torno a la Gruta de Massabielle donde ocurrieron las célebres apariciones místicas a santa Bernadette en el siglo XIX, el Papa tenía previsto consagrar las últimas horas de la jornada sabatina a la oración íntima y al recogimiento.

Nuevos