Una marcha histórica marcada por la fe y las condiciones climáticas adversas
Pese a las precipitaciones registradas durante el fin de semana, la 52° Peregrinación Juvenil a Luján estableció una marca sin precedentes en Argentina al congregar a 2.7 millones de personas, según las estimaciones oficiales difundidas por el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. La columna principal partió a las 10:00 horas del sábado 3 de octubre desde el histórico santuario porteño de Liniers, custodiada por una delegación pastoral de la Diócesis de Lomas de Zamora.
Entre los participantes que acompañaron a las comunidades de la capital se encontraron destacadas autoridades eclesiásticas como el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, y el arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara. Al reflexionar sobre la convocatoria bajo el lema convocante, García Cuerva señaló: “Para poder ser hermanos, lo primero es descubrir que María es madre de todos, y ella nos une. Y creo que tenemos que bajar las intolerancias, el desprecio a veces por el otro, el no marcar tanto lo que nos divide, sino lo que nos une”.
Equipados con impermeables y cubiertas improvisadas para hacer frente a la intemperie, los asistentes recorrieron la traza de más de 60 kilómetros que conecta Liniers con el santuario nacional. Esta masiva demostración de devoción popular antecede además a la esperada visita apostólica del papa León XIV al país, programada para el próximo 8 de noviembre.
Solidaridad en el camino y una llegada colmada de emoción
Durante la extensa traza, la asistencia comunitaria no se hizo esperar. Diversas parroquias y organizaciones sociales dispusieron puestos de apoyo a lo largo del trayecto para ofrecer alimentos, bebidas y asistencia médica, destacándose iniciativas como la entrega de afecto y contención a los caminantes. Con el correr de las horas, el clima mejoró y las primeras delegaciones comenzaron a ingresar a la ciudad bonaerense.
Sin embargo, al caer la tarde, el flujo masivo de caminantes congestionó los accesos finales hacia el templo. De acuerdo con testimonios de asistentes habituales, el tramo final requirió demoras de más de una hora debido a la altísima concentración de fieles que buscaban llegar hasta los pies de la imagen religiosa.
Diversos participantes compartieron su perspectiva sobre la experiencia espiritual. Paloma, integrante de una comunidad parroquial local, definió la vivencia como “muy reconfortante”, destacando que pone de manifiesto “el valor de ayudar a los demás”. Por su parte, Marcos valoró la decisión personal de realizar la marcha “no porque sea obligatorio, sino porque es conectar aún más con la Virgen, con Dios, con uno mismo e incluso con la misma familia”. En tanto, una voluntaria dedicada a brindar aliento explicó que su labor representa “ese empujoncito” necesario para afrontar el trayecto final.
Al describir la esencia de la caminata, la colaboradora añadió: “Ese abrazo no solamente es para el que yo se lo doy, sino el que yo recibo, porque yo recibo también mucho afecto y mucho amor, es una caricia al alma”. Asimismo, comparó la traza con el vínculo filial al afirmar que peregrinar “es seguir los pasos de Jesús, ir al encuentro con Mamá, es como Jesús iba con Mamá”.
Llamado a la fraternidad y rechazo a las divisiones sociales
Las actividades centrales culminaron con la solemne eucaristía oficiada a las 7:00 horas del domingo 4 de octubre en la Plaza Belgrano por monseñor García Cuerva. En su mensaje central ante la multitud, el prelado instó a la sociedad a sanar los vínculos comunitarios y asumir un rol activo en la construcción de lazos sociales.
“En la Peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones. El camino nos niveló a todos; caminando, todos gastamos las zapatillas, todos nos cansamos, todos queríamos llegar a la casa de María. ¡Qué gran lección recibimos! Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio”, enfatizó el arzobispo durante su mensaje.
Asimismo, advirtió sobre las tensiones presentes en el escenario social actual al señalar la existencia de heridas vinculadas “a la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal”. Ante este panorama, exhortó a la ciudadanía a unirse y convertirse en “artesanos de la fraternidad”, llevando un mensaje de contención hacia los sectores más vulnerables de la comunidad antes de la llegada del pontífice.








