Motivos detrás de la postergación en el Vaticano
La Santa Sede decidió aplazar hasta el próximo año la tradicional visita ad limina que debían realizar los prelados de la nación centroamericana. Según detalló monseñor Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, la medida responde a la ausencia de garantías adecuadas para los miembros del episcopado local en este momento.
El también obispo de Jinotega precisó que la cita en el Vaticano quedó programada para el transcurso del próximo año, aunque todavía no existe una fecha específica definida para su realización. Este viaje institucional, conocido formalmente como ad limina Apostolorum, representa una obligación quinquenal para todos los obispos católicos del planeta, quienes acuden a la Sede Apostólica para presentar informes sobre sus respectivas diócesis y sostener un encuentro directo con el Papa.
El jerarca eclesiástico, quien permanece en el exilio desde noviembre de 2024 tras ser expulsado por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, participó recientemente en Roma en un simfragio internacional y pudo reunirse personalmente con el sumo pontífice el 12 de octubre.
El temor latente al destierro y la falta de pastores
Fuentes eclesiásticas locales, que prefirieron mantener el anonimato para salvaguardar su integridad física frente a posibles represalias estatales, respaldaron la decisión de suspender el desplazamiento colectivo. Coincidieron en señalar que abandonar el territorio nacional implicaría un riesgo inminente de prohibición de retorno, lo cual dejaría a las comunidades católicas desprovistas de liderazgo espiritual.
Actualmente, el territorio nicaragüense cuenta con nueve obispos en activo, de los cuales cuatro se encuentran fuera de sus fronteras debido a medidas de destierro o persecución política. A esta delicada situación se suma la restricción gubernamental que impide realizar ordenaciones de nuevos diáconos y sacerdotes en cuatro circunscripciones eclesiásticas que carecen de la presencia física de su jerarquía titular.
Asimismo, los reportes sobre hostigamiento alcanzan a figuras eméritas como monseñor Abelardo Mata, de 80 años, quien enfrenta medidas restrictivas de movilidad domiciliaria en la localidad de Tisma tras haber ofrecido oraciones por la comunidad católica local.
Análisis sobre la persecución religiosa y el aislamiento
Por su parte, especialistas en la materia y defensores de derechos humanos vinculados al monitoreo eclesiástico indicaron que la tensión extrema entre el Estado y la jerarquía católica imposibilita cualquier gestión pastoral regular. Recordaron que la última vez que el episcopado nacional completó esta travesía institucional fue en el año 2017.
Los expertos enfatizan que la administración gubernamental mantiene férreas prohibiciones que alcanzan incluso la mención pública de los nombres de los obispos exiliados durante las ceremonias litúrgicas. Ante este escenario de hostilidad generalizada, la decisión de la Santa Sede de congelar temporalmente el desplazamiento se interpreta como una medida de cautela para evitar la pérdida definitiva de los pastores que aún permanecen dentro del país.
Hasta el momento, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha evitado emitir comentarios adicionales sobre los plazos definitivos para la reprogramación de estos encuentros en el Vaticano.








