Arquidiócesis de Guayaquil implementa rigurosos protocolos de seguridad tras el trágico deceso de un sacerdote
A raíz del trágico fallecimiento del padre Patricio Sánchez Molinari, quien perdió la vida el pasado 17 de octubre cuando una cruz colapsó sobre él mientras oficiaba la eucaristía en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la máxima autoridad eclesiástica de la región ha anunciado un ambicioso programa preventivo. El arzobispo local, el cardenal Luis Cabrera, expresó su profundo agradecimiento a todos los fieles y ciudadanos que mostraron muestras de solidaridad y afecto hacia la comunidad religiosa afectada por este lamentable suceso.
Nuevas inspecciones técnicas en los recintos sagrados
Durante un encuentro con los medios de comunicación celebrado el 28 de octubre, el purpurado detalló que, en colaboración estrecha con el Cuerpo de Bomberos y diversas dependencias estatales, se llevarán a cabo evaluaciones exhaustivas en las infraestructuras de los templos, casas parroquiales y los soportes de ornamentos sacros que representen cualquier potencial riesgo para los feligreses y el clero. El objetivo principal es anticiparse a situaciones de peligro mediante revisiones rigurosas.
El cardenal reflexionó sobre la naturaleza imprevista de estos incidentes al señalar que “Los accidentes no se planifican, son hechos fortuitos (…) Algunos se pueden prever lógicamente, tomando las precauciones del caso para evitarlos”. Asimismo, advirtió sobre el deterioro natural que experimentan los inmuebles con el paso de los años, puntualizando que se tratan de edificaciones con 30, 40, 50 años y más de antigüedad, cuya cohesión estructural disminuye gradualmente. Ante esta realidad, recordó que existen 161 parroquias bajo su jurisdicción y que cada una debe asumir la responsabilidad de velar por el mantenimiento óptimo de sus instalaciones.
Fuentes de la arquidiócesis confirmaron que el departamento técnico especializado trabajará de la mano con los bomberos para examinar los componentes estructurales, eléctricos e hidráulicos de cada demarcación eclesiástica, adaptándose al calendario y disponibilidad de los párrocos, especialmente ahora que se aproxima la temporada de Adviento y se incrementa notablemente la actividad litúrgica.
Aclaración sobre el crucificio y medidas frente a emergencias climáticas
Ante las versiones difundidas en diversos espacios informativos que sugerían la reinstalación del crucifijo involucrado en el accidente, representantes de la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro desmintieron categóricamente dicha información y afirmaron enfáticamente: “Lo que dicen los medios es falso”. Por su parte, el padre Pedro Calle, sacerdote redentorista que acudió a la ciudad para acompañar los actos exequiales, indicó que la decisión de volver a colocar el objeto religioso “depende del nuevo párroco que será asignado. Es cuestión de tiempo y de organización interna”.
Por otro lado, durante la misma conferencia, la jerarquía eclesiástica abordó la compleja situación generada por el Fenómeno de El Niño, cuyas intensas precipitaciones han dejado estragos considerables en el territorio ecuatoriano. Las estadísticas oficiales de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos estiman un total de 2.200 personas damnificadas y cerca de 32.000 afectados a escala nacional, de los cuales más de 7.600 corresponden a la ciudad de Guayaquil.
Como respuesta solidaria, la arquidiócesis organizó brigadas de voluntarios en cada comunidad parroquial para brindar asistencia inmediata a los sectores vulnerables. Además, se habilitaron centros de acopio estratégicos en las siete vicarías episcopales de la región, destinando los fondos recaudados en las colectas dominicales para aliviar las necesidades de los pobladores afectados por las inclemencias climáticas.
Celebración centenaria de la festividad de Cristo Rey
A pesar de los momentos difíciles, la agenda pastoral continúa con la conmemoración del centenario de la fiesta de Cristo Rey. La solemne eucaristía programada para el 31 de octubre en el Coliseo Voltaire Paladines Polo estará precedida por jornadas de oración, confesiones y momentos de adoración eucarística. Este histórico aniversario evoca la tradición centenaria de los habitantes locales de adornar los frontis de sus viviendas con la bandera nacional y la efigie del Sagrado Corazón de Jesús, reafirmando los lazos de devoción que han caracterizado históricamente a la comunidad católica ecuatoriana.








