29 octubre, 2026

Obispo uruguayo ordenado por San Juan Pablo II confía en que la visita de León XIV renueve la fe nacional

La trayectoria eclesiástica del obispo uruguayo Arturo Eduardo Fajardo Bustamante guarda un vínculo histórico con el Vaticano: en 1988, recibió la ordenación sacerdotal directamente de manos de San Juan Pablo II. Ahora, en su condición de actual Obispo de Salto, se prepara para ser uno de los anfitriones del Papa León XIV durante su próxima visita al país sudamericano, un acontecimiento con el que la jerarquía católica local busca impulsar una revitalización espiritual.

Los antecedentes de los viajes papales a territorio uruguayo se remonta a 1987, año en el que San Juan Pablo II concretó una breve escala de apenas un día. Doce meses más tarde, el Pontífice polaco retornó con una agenda más extensa que contempló la consagración de 13 nuevos sacerdotes.

Entre los elegidos se encontraba Mons. Fajardo Bustamante, quien contaba con 26 años de edad y desempeñaba labores en la pastoral juvenil. En declaraciones concedidas a EWTN News Español, la máxima autoridad de Salto calificó aquel episodio como “un acontecimiento impresionante”.

Ordenación sacerdotal de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante a manos del San Juan Pablo II en 1988. Crédito: Cortesía de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante
Ordenación sacerdotal de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante a manos del San Juan Pablo II en 1988. Crédito: Cortesía de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante

El religioso reconoció que siempre profesó una profunda admiración por el Papa polaco debido a “su estilo, por su forma, por la pastoral que él llevó a cabo y por la fuerza que imprimió a la tarea evangelizadora”.

De este modo, el 8 de mayo de 1988, el Sumo Pontífice le impuso las manos en una ceremonia que dejaría una huella imborrable en su vocación. Años más tarde, el propio Juan Pablo II sería elevado a los altares como santo el 27 de abril de 2014, compartiendo fecha de canonización con Juan XXIII.

Para el obispo uruguayo, la impronta del santo trasciende el rito de su ordenación, ya que según sus propias palabras, “marcó mi vida, más allá de todas las fragilidades y atrasos que uno pueda tener”.

San Juan Pablo II saludando a fieles congregados en la explanada de la Catedral Basílica de Florida y Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres Orientales de Uruguay en 1988. Crédito: Cortesía de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante
San Juan Pablo II saludando a fieles congregados en la explanada de la Catedral Basílica de Florida y Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres Orientales de Uruguay en 1988. Crédito: Cortesía de Mons. Arturo Eduardo Fajardo Bustamante

Entre los preceptos doctrinales que perduran en su memoria destacan las célebres consignas emitidas por el Santo Padre al inicio de su papado: “¡No tengan miedo! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!”.

“Fue una figura luminosa, sin duda por su testimonio, por su parresía, por su forma de evangelizar y llevar adelante su pontificado hasta el final”, aseveró el prelado.

Expectativas ante la llegada del Papa León XIV

Tras un lapso cercano a los 38 años desde el último desplazamiento de un jerarca de la Iglesia católica al territorio uruguayo, la nación se prepara para recibir al Papa León XIV en un recorrido oficial programado del 6 al 8 de noviembre.

Encuentro de los Obispos de Uruguay con el Papa León XIV durante la Visita Ad Límina. Crédito: Vatican Media
Encuentro de los Obispos de Uruguay con el Papa León XIV durante la Visita Ad Límina. Crédito: Vatican Media

Desde la perspectiva de Mons. Fajardo Bustamante, el Sumo Pontífice se topará con una colectividad marcada por una “larga tradición secular” y una sólida trayectoria de “laicidad muy fuerte”. No obstante, enfatizó que, pese a este escenario, la institución eclesiástica ha perseverado en su labor de evangelización.

El responsable diocesano confía en que la visita “ilumine también el camino de la Iglesia que peregrina en Uruguay en este tiempo” y sirva como catalizador para “surgir hacia arriba ese don de la fe que un día recibimos”.

Asimismo, formuló votos para que la visita papal motive a aquellos creyentes que se encuentran alejados de las prácticas comunitarias a reavivar su compromiso religioso: “Que [su presencia] invite a aquellos cristianos que de repente son bautizados, por lo menos no participan de la vida de la Iglesia, a redescubrir el don de la fe, la alegría de la fe y a vivirlo y comunicarlo a los hermanos”.

Para concluir, el obispo remarcó su deseo de que la visita impulse a los católicos locales a compartir su herencia espiritual con la sociedad y transmitir el mensaje del Evangelio.

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