La colocación de los elementos tradicionales en el altar de Día de Muertos puede adoptar un profundo sentido espiritual cuando se organiza bajo una estructura vertical de tres niveles, un método que busca reflejar la doctrina católica y la comunión de los santos durante estas festividades.
De acuerdo con el sacerdote Luis Fernando Valdés, doctor en Teología por la Universidad de Navarra y director de Teología de la Universidad Panamericana en México, esta disposición tradicional proviene de una herencia del arte barroco y representa una manera muy sabia y pedagógica para ordenar los elementos característicos de la temporada.
El especialista indicó en declaraciones a EWTN News Español que los escalones verticales plasman la perspectiva cristiana acerca del universo y de la comunidad espiritual, enfatizando que el centro del altar católico debe proclamar que la muerte no tiene la última palabra.
Asimismo, el presbítero destacó que la cruz se erige como el elemento indispensable dentro de esta celebración. Detalló que este símbolo religioso puede complementarse con un sudario blanco sobre el madero transversal, el cual se interpreta como una evocación de la tumba vacía que anuncia la resurrección de Cristo sobre la muerte.
Aunado a lo anterior, las representaciones de la Virgen María y de diversas figuras de santidad sirven como un recordatorio constante de que no estamos solos en la oración por los difuntos, integrando la dimensión de la fe en la memoria familiar.
El nivel superior, el Cielo
En la sección más alta de la estructura se representa a la llamada Iglesia triunfante. Según el sacerdote mexicano, este espacio se destina a colocar la imagen de Jesucristo, la Santísima Virgen (por ejemplo, bajo la advocación del Carmen) y los santos, presidiendo simbólicamente todo el memorial.
El nivel medio, el purgatorio o la Iglesia purgante
El estrato intermedio se encuentra reservado de manera específica para aquellos familiares y seres queridos que ya han fallecido. En este sitio se ubican sus fotografías e intenciones de oración, pidiendo por su purificación y descanso eterno, fomentando el sufragio por las almas.
El nivel inferior, la Tierra o la Iglesia militante
Finalmente, la base del altar se encuentra dedicada a la vida terrenal y a la dimensión cultural de quienes cruzaron hacia el más allá, vinculando la memoria terrenal con la tradición mexicana.
Dentro de este plano inferior es habitual acomodar la comida que les gustaba, sus objetos personales (lentes, un libro, un balón), el pan de muerto y los frutos de la tierra.
Para el teólogo, cuando un altar logra apegar se a esta jerarquía espacial, se alcanza un equilibrio perfecto: honra a Dios en lo más alto, intercede con amor por el difunto y celebra con orgullo nuestra cultura e historia.








