24 septiembre, 2022

 Lunes de la séptima semana de Pascua

Hch 19, 1-8

Sal 67

Jn 16, 29-33

    Pablo ha llegado a Éfeso. Recordemos que el Espíritu Santo le había impedido ir a Asia. Sin duda alguna, ahora el Apóstol se percata que es voluntad de Dios dirigirlo a esa ciudad, para continuar la obra de Dios, que ha sido iniciada por los discípulos de San Juan Bautista.

    Ahora bien, San Pablo hace una pregunta natural para su evangelización: ¿han recibido el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe? Esta interrogante tiene sentido, ya que anteriormente en el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles había descendido sobre los discípulos, después sobre Cornelio y los paganos. Por esa razón, desea saber si ya ha sido depositado en ellos el Espíritu Santo.

    Es aquí dónde se lleva una grata sorpresa: “no hemos oído siquiera que exista el Espíritu Santo”. ¿Cuál habrá sido la reacción de Pablo al recibir aquella respuesta? Me imagino que fue de sorpresa y a la vez de tristeza. Se ha percatado que en el mundo existen muchos discípulos de buena voluntad, pero que, por desgracia, carecen de la preparación adecuada en su enseñanza, que ignoraban cosas esenciales de la fe.

    ¡Cuánta es la mies del Señor y más pocos los trabajadores en su campo! Hoy, la necesidad de la Iglesia, continua. Por ello, el Señor necesita trabajadores en su viña, abiertos a dejarnos instruir, a profundizar en nuestra fe. Es tiempo de que como cristianos no vivamos al margen de lo básico, sino estar constantemente en reflexión, para experimentar más profundamente los misterios de nuestro Dios.

    Por otro lado, el ser un buen cristiano, no es tarea fácil, pues la vida de fe es muy contraria a la manera de vivir en el mundo. Hay muchos valores que el mundo ha perdido o distorsionado para vivir de una manera mas disoluta y, muchas veces, ese estilo de vivencia nos seducirá tanto, que podemos desviar nuestra mirada de Dios. 

    La tentación es una realidad actual y constante en el ser del cristianismo, la cuál, nos esta seduciendo a abandonar nuestra practica religiosa. Por ello las palabras de Cristo deben de resonar en nuestro corazón: “Tengan valor, porque yo he vencido al mundo”. De esa manera nos damos cuenta de que, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos vencer. Jesús es un claro ejemplo de que se puede vencer al mundo, superar las tentaciones y sobreimponernos a los obstáculos que se presentan en nuestra vida.

    Que Dios nos conceda valor para afrontar nuestras limitantes y adversidades, para que llenos de la luz del Espíritu Santo, podamos ser instrumentos capacitados en el deposito de la fe y ante las asechanzas del mundo, salgamos vencedores ante las tentaciones que el mundo constantemente nos esta ofreciendo.

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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