A pocos días del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, un evento que paralizará al planeta con la pasión del fútbol, la Arquidiócesis Primada de México ha emitido un importante recordatorio a los fieles católicos y a la sociedad en general. A través de su semanario “Desde la Fe”, la arquidiócesis capitalina instó a vivir el campeonato con entusiasmo, pero sin perder de vista aquellos valores y responsabilidades que trascienden el fragor de los partidos y perduran mucho después del silbatazo final. La exhortación, publicada el domingo 7 de junio, resalta la necesidad de equilibrar la euforia deportiva con la atención a lo verdaderamente esencial en la vida.
La Copa Mundial de la FIFA 2026, que por primera vez se disputará en tres naciones anfitrionas —México, Estados Unidos y Canadá—, comenzará su fase de grupos el próximo 11 de junio con el encuentro inaugural entre México y Sudáfrica en la emblemática Ciudad de México. Este certamen global no solo traerá consigo una fiesta deportiva sin precedentes, sino también una oportunidad, según la Iglesia mexicana, para la reflexión y el fortalecimiento de los lazos comunitarios. México será sede de 13 partidos distribuidos en los estadios de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, lo que garantiza una intensa experiencia futbolística para millones.
En su editorial, la Arquidiócesis Primada de México subraya que “las emociones de estos días quedarán en el recuerdo, pero seguirán ahí nuestros hijos esperando nuestra atención, nuestros padres necesitando una llamada, nuestros abuelos deseando una visita, nuestra pareja esperando tiempo compartido y nuestras responsabilidades cotidianas reclamando nuestra presencia”. Este párrafo encapsula la esencia de su mensaje: la temporalidad de la euforia frente a la permanencia de los deberes y afectos familiares.
El texto eclesiástico describe cómo, una vez más, “el mundo vuelve a detenerse frente a una cancha”. Millones de personas en todo el orbe se congregarán ante las pantallas, unidos por la emoción compartida, celebrando, sufriendo y experimentando la inigualable pasión que solo el fútbol es capaz de despertar. Este fenómeno masivo, sin embargo, ocurre en un contexto global y nacional complejo. “México, como muchas otras naciones participantes, atraviesa desafíos que reclaman unidad; el mundo entero, envuelto en escenarios de guerra y desigualdad urge de reconciliación”, señala el semanario.
La arquidiócesis reconoce las profundas divisiones que a menudo fracturan a las sociedades: “por la política, las redes sociales, las diferencias económicas o las heridas que arrastramos en nuestras relaciones personales y comunitarias”. No obstante, ve en el Mundial una oportunidad única para trascender estas barreras. Durante las próximas semanas, se observará a “familias enteras sentarse juntas frente al televisor, a vecinos reunirse para compartir un partido y a personas que habitualmente no coinciden celebrar un mismo gol”. Esta capacidad del deporte para unir es precisamente lo que la Iglesia busca potenciar.
El llamado de la Iglesia mexicana se alinea con la perspectiva del máximo Pontífice. La Arquidiócesis Primada de México recordó que el papa León XIV, en su intención de oración para el mes de junio, enfatizó la importancia de la fraternidad y el trabajo en equipo. El Santo Padre nos recuerda que “en el deporte como en la vida, nadie se salva solo. Necesitamos del otro para crecer, para aprender a respetar, superar límites y celebrar juntos los logros alcanzados”. Este mensaje del papa León resalta la dimensión social y espiritual del deporte, invitando a ver más allá de la competencia para reconocer el valor de la cooperación y el respeto mutuo.
Si bien la arquidiócesis reconoce que “el Mundial puede ser una gran fiesta”, también precisa que “toda fiesta tiene sentido cuando fortalece los vínculos que sostienen nuestra vida”. En este sentido, la institución lanzó una “invitación” a la sociedad mexicana para que estas semanas mundialistas sirvan como un catalizador positivo. La idea es que el fervor del fútbol inspire a las familias a sentarse más veces a la mesa, a buscar la reconciliación con aquellos de quienes se han distanciado, a retomar conversaciones pendientes y a redescubrir la alegría intrínseca de compartir momentos.
El editorial de “Desde la Fe” también advierte contra los excesos que pueden generar aislamiento. “El deporte no tiene por qué ser una razón para alejarnos de quienes amamos, para aislarnos, para encerrarnos por horas frente a una televisión, despreciando el contacto con el otro o despreciando aquello que requiere de nuestra atención”, sentenció la arquidiócesis. La pasión futbolística, si bien legítima, no debe eclipsar la prioridad de las relaciones humanas y las responsabilidades cotidianas.
Finalmente, la Arquidiócesis Primada de México enfatiza que tanto durante el desarrollo del Mundial 2026 como después de su culminación, hay realidades que continúan siendo ineludibles y esenciales. “Siguen siendo esenciales las personas que hoy nos acompañan en el camino. Sigue siendo necesaria la paz en nuestras comunidades. Sigue siendo necesario estar cerca de quienes sufren. Sigue siendo necesario valorar y defender la vida y la dignidad humana. Sigue siendo urgente la reconciliación en nuestro país. Y sigue siendo insustituible el amor que construimos cada día en nuestros hogares”, concluyó el texto. La invitación es clara: disfrutar del fútbol, celebrar la hermandad que puede inspirar, pero sin olvidar que los trofeos y la gloria deportiva son pasajeros, mientras que lo más valioso de la existencia se cimenta día a día en la familia, en la amistad, en el trabajo honesto y en el compromiso colectivo por edificar una sociedad más unida y justa.








