22 agosto, 2026

Arzobispo de París convoca a la oración y resistencia cívica tras la promulgación de la ley de eutanasia

Ante la reciente entrada en vigor del marco normativo sobre el final de la vida en territorio francés, la máxima autoridad eclesiástica de la capital ha movilizado a su comunidad. El arzobispo de París, Mons. Laurent Ulrich, instó públicamente a los creyentes a combinar la plegaria con la acción ciudadana, luego de que el presidente Emmanuel Macron oficializara la medida el pasado 18 de agosto, con su respectiva publicación en el diario oficial al día siguiente.

La postura del prelado quedó plasmada en una misiva difundida el 19 de agosto bajo el título “Fin de la vida: llamados a actuar y a orar”. En dicho documento, el líder católico detalla una serie de directrices prácticas para hacer frente a la legislación que introduce formalmente el acceso a procedimientos letales en el sistema sanitario del país europeo.

Objeciones frente al nuevo marco normativo

La legislación aprobada regula el denominado derecho a la ayuda en el proceso de morir, dirigido específicamente a personas adultas que padecen patologías graves e incurables en estadios avanzados o terminales, caracterizadas por provocar dolores intensos. Bajo este esquema, el paciente puede administrarse por sí mismo una sustancia mortal o recibir asistencia directa de un profesional médico en caso de impedimento físico.

Sin embargo, el representante eclesiástico expresó su profunda preocupación debido a que los cuidados paliativos, considerados oficialmente como una prioridad estatal, terminan convirtiéndose en la práctica en una alternativa inaccesible para los sectores más desprotegidos. En su análisis, advirtió que a estos grupos poblacionales se les presentará la muerte intencionada como una supuesta forma de asistencia médica.

Iniciativa y firmeza ante la normativa

Pese al escenario adverso, el arzobispo motivó a los feligreses a mantener la esperanza y a responder con creatividad y constancia. Recordó que la existencia humana es un don recibido que no pertenece de forma absoluta a los individuos, por lo que debe ser custodiada y acompañada con dignidad hasta su desenlace natural.

Asimismo, el prelado enfatizó que la ciudadanía deberá adoptar posturas valientes y firmes en el porvenir. Como primer paso fundamental, hizo un llamamiento explícito a rechazar el ejercicio de este nuevo derecho, recordando que la existencia de la eutanasia y el suicidio asistido en el ordenamiento legal no obliga a ninguna persona a incorporarlos en sus propias decisiones vitales.

Acompañamiento activo a los sectores vulnerables

El líder católico puso el foco en la necesidad de blindar a los sectores más frágiles de la sociedad frente al riesgo de aislamiento. Por esta razón, abogó por un compromiso personal y comunitario para respaldar a los adultos mayores, los enfermos y quienes experimentan sufrimientos severos, compensando así el abandono institucional que podría propiciar la nueva ley.

“Si queremos asegurar que nadie se sienta jamás inútil, pobre o indigno hasta el punto de pedir la muerte, podemos responder al llamado de nuestra humanidad, nuestra fe y el mismo Cristo (‘Estuve enfermo y me visitasteis’ Mateo 25:36) y acompañar concretamente a quienes se encuentran al final de sus vidas, uniéndonos a las numerosas asociaciones que organizan esta presencia fraterna con seriedad y sensibilidad”, destacó el jerarca eclesiástico.

Para mitigar la angustia de los enfermos, el arzobispo sugirió priorizar la entrega de tiempo personal mediante gestos sencillos pero significativos, tales como la escucha activa, el diálogo, la compasión y la cercanía humana.

La dimensión espiritual y el llamado a la oración

Finalmente, la autoridad religiosa recordó que la plegaria constituye una responsabilidad permanente en este contexto. Solicitó elevar intenciones tanto por los pacientes en su etapa final como por el personal médico que de ahora en adelante deberá gestionar solicitudes de procedimientos letales.

Igualmente, pidió sostener en la oración a los núcleos familiares que enfrentarán situaciones de vulnerabilidad o rupturas derivadas de la aplicación de la norma. Como guía espiritual para este proceso, invitó a reflexionar sobre los mensajes de apertura y diálogo impulsados en el magisterio eclesiástico contemporáneo.

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