17 febrero, 2026

Bruselas, Bélgica — El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, visitó recientemente Bruselas como enviado especial del Papa Francisco, para presidir las celebraciones del octavo centenario de la imponente Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Durante una solemne Misa inaugural el pasado 11 de enero, el purpurado subrayó con vehemencia el imperativo ineludible de la Iglesia Católica en un continente europeo marcado por profundas fracturas: no claudicar en su “audacia evangelizadora”.

Desde el corazón de la capital belga, un crisol de identidades europeas, el Cardenal Parolin ofreció una reflexión penetrante sobre la identidad histórica y los desafíos contemporáneos de Europa y de la propia Iglesia. La majestuosa Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, símbolo arraigado del catolicismo en Bélgica, sirvió como telón de fondo para su mensaje. Rememorando la trayectoria de este templo, que evolucionó de una capilla dedicada a San Miguel a una iglesia románica y, finalmente, a la grandiosa edificación gótica que conocemos desde el siglo XIII, Parolin estableció un paralelismo con la propia historia de la fe.

**Europa: Un Legado de Encuentro y Unidad en la Diversidad**

El máximo diplomático del Vaticano enfatizó que Bruselas, como epicentro de la integración europea, es un recordatorio vivo de que “Europa nace del encuentro y de la capacidad de mantener unidas las diferencias”. Esta noción, que cimenta la identidad del continente, resuena con la esencia de la Iglesia misma: “no nace de un acto aislado ni de un proyecto cerrado en un instante, sino de una fidelidad que atraviesa las generaciones”. Es una continuidad que se teje a través del tiempo, adaptándose pero preservando su núcleo.

Parolin, en su homilía, trajo a colación las proféticas palabras pronunciadas por San Juan Pablo II en 1982, cuando el Pontífice polaco instó a Europa a “abrir sus puertas a Cristo”. Advirtió que sin esta apertura, el futuro del continente podría verse “dominado por la incertidumbre y el temor”, privándose de la oportunidad de abrazar “una nueva etapa de vida”. Esta invitación, cuarenta años después, conserva una alarmante actualidad, sugiriendo que las raíces espirituales de Europa son fundamentales para su cohesión y prosperidad futuras.

En este contexto, el Cardenal Parolin no olvidó honrar la memoria de los “padres fundadores” de Europa: Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi. Estos visionarios, destacó, “supieron imaginar el continente no como una mera alianza de intereses, sino como una comunidad fundada en la reconciliación y en la primacía de la persona y del bien común”. Un ideal que, lamentablemente, parece desdibujarse en el panorama actual.

**Una Europa en la Encrucijada: Fragilidad y División**

Desde el corazón político del Viejo Continente, el Secretario de Estado de la Santa Sede pintó un cuadro sombrío de la Europa actual, describiéndola como un espacio marcado por “fragilidades, miedos y divisiones”. Estas fisuras, advirtió, no son meramente políticas o sociales, sino que también se manifiestan en dimensiones internas y culturales, minando los cimientos mismos de la sociedad europea. La polarización, la desconfianza y la crisis de valores son síntomas de una herida profunda que requiere más que soluciones pragmáticas.

Frente a esta compleja realidad, el Cardenal Parolin insistió en que el cristianismo “no ofrece soluciones técnicas”. Su propuesta es más profunda y trascendente: “valores humanos esenciales, de manera sobria pero decidida”, buscando no la imposición, sino la “iluminación de las conciencias”. Ante los fieles reunidos en la catedral, entre los que se encontraban los monarcas de Bélgica, el purpurado recordó que la fe cristiana “recuerda que la dignidad de la persona precede cualquier cálculo, que la justicia crece incluyendo y no separando, y que la paz nace del reconocimiento del otro y no del equilibrio de los miedos”. Son principios que invitan a una profunda revisión de las políticas y actitudes actuales.

**El Ineludible Desafío de la Audacia Evangelizadora**

En este panorama de desafíos, el Cardenal Parolin enfatizó que la Iglesia “se enfrenta a uno de los desafíos más decisivos: no perder su audacia evangelizadora”, según lo recogido por los medios vaticanos. Explicó que la vitalidad de la Iglesia se ve comprometida “cuando deja de ser la sal que da sabor, la luz que ilumina, la levadura que hace crecer”. Su misión no es dominar la historia, ni fundirse pasivamente con ella, sino “atravesarla como presencia que acompaña, discierne y sirve”.

Profundizando en la naturaleza misma de la Iglesia, el purpurado explicó que es “santa por el don que recibe, pero frágil por los límites de sus miembros”. Por ello, “no vive de la perfección, sino de la gracia; no de la autosuficiencia, sino de la comunión”. Esta paradoja de santidad y fragilidad es lo que la hace humana y divina a la vez, una comunidad en constante camino y purificación.

El Cardenal Parolin concluyó su reflexión afirmando que la Palabra de Dios es una “voz que entra en la vida, la orienta y plantea nuestras preguntas más profundas, sin rehuirlas”. La Iglesia, por su parte, crece y florece “cuando las diferencias se convierten en fuente de riqueza y cuando el amor es el vínculo que la mantiene unida”. Mirando hacia la Virgen María, modelo de fe, el Cardenal aseguró que la “fecundidad no surge de la solidez de las estructuras, sino de la apertura a la acción de Dios; no de la visibilidad inmediata, sino de la fidelidad paciente”. Un mensaje de esperanza y resiliencia para la Iglesia y para Europa en estos tiempos turbulentos.

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos