Washington D.C. fue escenario de una multitudinaria celebración ecuménica el pasado 17 de mayo, un evento que marcó el preludio del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Miles de ciudadanos, junto a prominentes figuras políticas y líderes religiosos, se congregaron para reflexionar sobre el papel fundamental de la Providencia en la historia del país y reafirmar el compromiso nacional con el ideal de “Una Nación, bajo Dios”.
La convocatoria, organizada bajo los auspicios de Freedom 250 –la iniciativa público-privada que lidera las conmemoraciones del 250 aniversario–, rindió homenaje a un acto crucial del Congreso Continental. El 17 de mayo de 1776, antes de la Guerra de Independencia, los líderes de las colonias americanas proclamaron un “Día de Humillación, Ayuno y Oración”. En aquella proclama histórica, se instó a los ciudadanos a “confesar y lamentar nuestros múltiples pecados y transgresiones, y mediante un arrepentimiento sincero y una enmienda de vida, aplacar su justa ira [la de Dios], y por los méritos y la mediación de Jesucristo, obtener su perdón”. Este antecedente histórico sirvió de inspiración para la jornada actual, que buscó reavivar el espíritu de fe y dependencia divina que caracterizó los orígenes de la nación.
El evento, denominado Rededicate 250, congregó en el National Mall a una diversa representación de la vida pública estadounidense. Entre los participantes católicos destacaron el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio; el cardenal Timothy Dolan; el obispo Robert Barron; y el actor Jonathan Roumie, conocido por su papel de Jesús en la aclamada serie ‘The Chosen’. La presencia de estas figuras subrayó la importancia transversal del evento, uniendo esferas de gobierno, religión y cultura en un solo propósito.
Aunque el presidente Donald Trump no estuvo presente físicamente ni envió un mensaje directo para la ocasión, se proyectó un video grabado previamente. El clip formaba parte de un evento anterior, ‘Estados Unidos lee la Biblia’, donde el presidente leyó pasajes del Segundo Libro de las Crónicas. En el video, Trump destacó el influyente versículo 7,14, que reza: “Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla, ora, busca mi rostro y se aparta de sus malos caminos, entonces yo oiré desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra”, un mensaje que resonó con el espíritu de la jornada de oración y arrepentimiento.
En un mensaje en video proyectado a los miles de asistentes, el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, subrayó la trascendencia de la fe en la construcción de la nación. “En cada capítulo de la historia estadounidense, nuestra fe en Dios ha sido el fundamento de nuestra grandeza”, afirmó el prelado. Explicó que “nuestros valores más profundos como país siempre han estado arraigados en nuestra identidad como pueblo de Dios y anclados en la realidad de que no sólo somos ciudadanos estadounidenses –por supuesto que lo somos y estamos agradecidos por ello– sino que algún día seremos ciudadanos del Cielo”. El cardenal enfatizó que los padres fundadores comprendieron esta verdad, sabiendo que para ser ciudadanos fieles y productivos, y verdaderos patriotas, primero debían reconocerse como hijos de Dios.
Para ilustrar su punto, el purpurado citó las palabras de George Washington, el primer presidente de la nación y un eminente padre fundador, quien en 1778 declaró: “Mientras cumplimos con celo con nuestros deberes como buenos ciudadanos y soldados, ciertamente no debemos descuidar los deberes superiores de la religión. A la distinguida cualidad de patriota, nuestra mayor gloria debería ser añadir la aún más distinguida cualidad de cristiano”. Además, el cardenal Dolan aprovechó la oportunidad para anunciar una importante iniciativa eclesiástica: “Los obispos consagrarán los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús el 12 de junio de este año”, informó, un evento que promete reforzar el compromiso espiritual de la nación.
La oración central de la jornada fue ofrecida por el presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson. Al iniciar su plegaria, Johnson rememoró la ley del 17 de mayo de 1776, promulgada por los precursores legislativos de la nación, quienes, según destacó, “se humillaron y buscaron Tu guía al comienzo de su lucha por la libertad”. El presidente de la Cámara afirmó que la nación resultante “se convertiría, por Tu misericordia y gracia, en la nación más exitosa y benevolente de la historia del mundo”.
Johnson continuó su oración con un llamamiento a la unidad y la fe: “Señor, hoy nuestro pueblo se reúne una vez más en Tu Nombre. Nos hemos humillado ante Ti. Reconocemos que el milagro de nuestra fundación y los incontables milagros que le han seguido son obra Tuya”. Con una profunda devoción, añadió: “Oramos para que concedas a todos los estadounidenses un renovado amor por la patria, esperanza en el futuro y fe en Tu eterna misericordia y gracia. Padre, te pedimos misericordia sobre nuestra tierra, misericordia sobre nosotros por nuestros errores, perdónanos nuestros pecados individual y colectivamente, y ayúdanos a consagrarnos con renovada piedad y patriotismo a las verdades eternas de Tu Palabra”. Para concluir, Johnson realizó una significativa declaración: “Hoy, Señor, en este 250 aniversario de la independencia estadounidense, por la presente consagramos nuevamente a los Estados Unidos de América como una sola nación bajo Dios”, y elevó una petición para que el Espíritu Santo descendiera sobre la patria estadounidense.
Siguiendo la intervención de Johnson, uno de los prelados católicos más reconocidos del país, el obispo Robert Barron, tomó la palabra. Mons. Barron citó al Beato Fulton Sheen, quien ingeniosamente afirmó que la Declaración de Independencia de Estados Unidos, en esencia, es una “declaración de dependencia” de Dios. “Señor, en este gran aniversario nacional nos reunimos para consagrar nuestra patria a Ti”, oró el obispo. “No porque necesites nuestra devoción, sino porque al alabarte recibimos gracia tras gracia”. El prelado, recordando que los cimientos de Estados Unidos se asientan en principios teológicos, finalizó su oración con una potente declaración: “Como obispo de la Iglesia Católica y como orgulloso estadounidense, me atrevo a consagrar nuestra patria una vez más a Dios y a decir: Señor, que la luz de tu rostro brille sobre nuestra tierra. Amén”.








