9 octubre, 2026

Fotografía de San José Gregorio Hernández en su juventud. Pintura de Santa Teresa de Jesús, por François Gérard. | Crédito: Dominio público.

La profunda devoción que San José Gregorio Hernández sintió a lo largo de su vida por la fundadora del Carmelo descalzo quedó plasmada en diversos escritos académicos y espirituales. El insigne galeno venezolano llegó a expresar que le resultaba imposible determinar el momento exacto en que comenzó a conocer y venerar a la religiosa española, a quien calificaba como el prototipo femenino de su raza.

Estas reflexiones forman parte del ensayo titulado ‘La verdadera enfermedad de Santa Teresa de Jesús’, el cual se encuentra integrado dentro de las Obras Completas del médico venezolano. Recientemente, este compendio intelectual fue digitalizado por un colectivo de jóvenes para permitir su acceso libre y gratuito a todo el público.

En el texto, dirigido originalmente al entonces obispo de Calabozo, monseñor Felipe Neri Sendrea, el célebre doctor relata que su admiración hacia la escritora y poetisa de Ávila se consolidó durante sus estudios preparatorios para el bachillerato, etapa en la que profundizó tanto en su dimensión mística como en su indiscutible legado literario.

La defensa científica frente a un diagnóstico erróneo

Los inicios de Hernández en la Universidad Central de Venezuela coincidieron con las celebraciones del tercer centenario del natalicio de la santa en Caracas. Sin embargo, años más tarde, la controversia médica salpicaría la memoria de la religiosa cuando uno de sus profesores universitarios más respetados publicó un estudio clínico en el que atribuía los éxtasis teresianos a episodios de histeria y neurosis.

Ante aquella afirmación que consideraba infundada, el joven estudiante experimentó una profunda indignación y el ferviente deseo de adquirir mayores conocimientos para salir en su defensa. Con el paso del tiempo y una lectura exhaustiva de las obras de la mística, el doctor comprendió la magnitud real de su figura, impulsado también por la devoción compartida hacia San José.

En su ensayo, el facultativo dejó por escrito su firme propósito de esclarecer este episodio histórico: Por eso he sentido tan punzante dolor al oírla calificar de histérica en aquellos tiempos y siempre, y he formado el propósito invariable de contribuir en lo que pudiera para desvanecer tan impensada y ligera calificación, primeramente demostrando que en Santa Teresa no se encuentra la más pequeña señal de histerismo, y en segundo lugar tratando de indagar cuál era la enfermedad cierta que la aquejaba, puesto que ella misma nos describe los sufrimientos que tuvo durante su vida.

Descartando el histerismo con criterios médicos

Apoyándose en los conocimientos de la neuropatología de su época, el especialista argumentó que el histerismo cuenta con síntomas sumamente claros y fáciles de identificar. No obstante, al contrastar dichos parámetros patológicos con los testimonios escritos de la religiosa, concluyó que su comportamiento moral y su conducta pública se encontraban en las antípodas de ese cuadro clínico.

Hernández puso especial énfasis en la sinceridad como el rasgo más sobresaliente de la personalidad de la fundadora, destacando que su obra literaria cautiva al lector precisamente por la total ausencia de simulación o exageración. Bajo estos argumentos científicos y literarios, el respetado médico sentenció que Santa Teresa no padecía de histerismo.

El verdadero padecimiento de la mística española

Una vez descartada la patología psicológica, el doctor emprendió una minuciosa revisión clínica basada en los relatos autobiográficos de la propia santa, específicamente en los síntomas que comenzaron a manifestarse tras su ingreso a la vida religiosa y los cambios en su régimen alimenticio.

Entre los padecimientos descritos por la autora de ‘Vida’ figuran desmayos recurrentes, dolencias cardíacas de gran intensidad y episodios de dolor tan severos que le impedían conciliar el descanso, acompañados de una profunda tristeza. Tras ser llevada a una estación balneario sin mejoría alguna, la religiosa retornó a su convento en un estado de extrema delgadez, permaneciendo postrada y tullida durante casi tres años, hasta lograr una recuperación casi total de su movilidad.

A partir de esta cronología de síntomas —que incluyeron dolores torácicos y precauciones cardíacas que trataba con agua de azahares—, el médico isnotuense concluyó que la santa sufrió en su juventud una afección aguda de aproximadamente cuatro años de duración, tras la cual recuperó una salud lo suficientemente vigorosa como para fundar numerosos conventos por toda la península ibérica.

Finalmente, aunque advirtió la dificultad de encasillar exactamente el cuadro clínico en la nosología moderna debido al lenguaje propio de la época, San José Gregorio Hernández concluyó que los padecimientos de la santa se asimilan con rigor al reumatismo articular agudo.

Para consultar el ensayo original completo dentro del archivo digitalizado, se puede acceder a este enlace.

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