8 octubre, 2026

La Santa Sede exige ante la Organización de las Naciones Unidas el cese definitivo de la pena capital


Sede de la ONU en Midtown Manhattan. | Crédito: Gabriele Maltinti/Shutterstock.

Durante su intervención en la Tercera Comisión de la Organización de las Naciones Unidas celebrada el pasado 7 de octubre, el observador permanente de la Santa Sede, monseñor Christophe El-Kassis, hizo un llamamiento urgente a la comunidad internacional para erradicar por completo la pena de muerte en todo el mundo.

El arzobispo enfatizó que la protección de los derechos humanos debe caracterizarse por ser "coherente y universal, extendiéndose a toda persona, en cualquier etapa y circunstancia", un posicionamiento que adquiere especial relevancia tras recientes acontecimientos ocurridos en territorio estadounidense.

Repercusiones tras ejecuciones recientes en Estados Unidos

Las reflexiones del representante vaticano se producen a raíz de episodios recientes en el sistema judicial norteamericano. Entre ellos destaca la ejecución fallida registrada el 30 de septiembre en Tennessee, donde la reclusa Christa Pike sobrevivió a la aplicación de dos dosis letales de pentobarbital y actualmente recibe atención médica.

A este suceso se sumó otra ejecución perpetrada en Texas una semana después, lo que elevó a 30 el número de ejecuciones llevadas a cabo en Estados Unidos a lo largo de 2026. Asimismo, el 5 de octubre, el presidente Donald Trump autorizó la aplicación de esta medida mediante un pelotón militar de fusilamiento.

Ante este panorama, monseñor El-Kassis reiteró la postura de la Iglesia sobre la inadmisibilidad de esta práctica punitiva, recordando lo establecido en el Catecismo:

"La pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona", declaró El-Kassis, agregando que "esta dignidad, dada por Dios, nunca se pierde, independientemente de la gravedad del delito".

El diplomático vaticano también argumentó que los progresos alcanzados en los sistemas penitenciarios actuales brindan a las naciones las herramientas necesarias para salvaguardar a la sociedad con eficacia, sin anular la posibilidad de rehabilitación y redención de los infractores.

Injusticia irreversible y el verdadero propósito de la justicia

Durante su discurso, el arzobispo alertó sobre la absoluta falta de reparación en caso de errores judiciales, recordando que "no hay remedio posible" si se ejecuta a un inocente.

Frente al dolor de los afectados, señaló que las familias de las víctimas merecen respaldo, solidaridad y una respuesta judicial rápida, imparcial y humana, aunque puntualizó que "quitar otra vida no puede restaurar lo que se ha perdido".

En este sentido, el prelado recordó que la finalidad de una sanción penal no debe ser la venganza, sino "reparar el vínculo social, proteger el bien común y reintegrar al infractor", por lo que instó a los estados estadounidenses que aún mantienen vigente esta norma a implantar de manera inmediata una moratoria como paso previo a su abolición total.

Combate al narcotráfico y protección de los pueblos indígenas

En otra de sus intervenciones ante la misma comisión, centrada en la prevención delictiva y la justicia penal, el representante del Vaticano abordó el impacto del narcotráfico global. Exigió una respuesta firme frente a la expansión de los mercados ilícitos y la corrupción, advirtiendo que las organizaciones criminales emplean herramientas tecnológicas avanzadas para diversificar sus operaciones.

Citando directrices previas sobre la materia, subrayó que la lucha contra las drogas debe complementarse con programas educativos sólidos desde el núcleo familiar y escolar, proporcionando información científica rigurosa sobre las consecuencias nocivas de los estupefacientes en la salud y la sociedad.

Finalmente, monseñor El-Kassis dedicó un espacio de su agenda a defender los derechos de los pueblos indígenas, calificándolos como pilares indispensables de la familia humana gracias a su legado cultural, espiritual y su conexión con la tierra. "Los pueblos indígenas no son objetos de las políticas de desarrollo, sino sujetos y protagonistas de sus propios destinos", concluyó.

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