13 agosto, 2026

“El Familión” es una experiencia familiar de descanso con Dios en el centro organizada por la Diócesis de Getafe. | Crédito: Cedida por Merche Gil.

Desde hace 20 años, la Diócesis de Getafe impulsa una propuesta singular de descanso estival que coloca la dimensión espiritual en el centro de la convivencia. Este proyecto, conocido popularmente como "El Familión", convoca anualmente a numerosos núcleos familiares e incluso cuenta con la participación activa del obispo local.

El nacimiento de esta iniciativa se remonta a la iniciativa de un pequeño grupo de matrimonios que, tras completar su formación en el Máster de Pastoral Familiar del Instituto Juan Pablo II —programa que incluye una vivencia estival de características similares—, decidieron dar continuidad al formato bajo el amparo diocesano.

“Es tener una semana de encuentro con otras familias que viven la fe y un encuentro con Dios, disfrutando de la diversión, la vacación, la formación y también la fe”, resume a ACI Prensa Merche Gil, una de las organizadoras más veteranas de la propuesta.

Evolución geográfica y crecimiento de la demanda

En sus inicios, el evento estival se celebraba en la localidad de Tortosa, situada en el noroeste español. Sin embargo, ante el incremento constante de solicitudes registrado desde 2019, la organización decidió trasladar las actividades a la Casa de Espiritualidad San Manuel González, dependiente de la Diócesis de Málaga.

Tras superar las restricciones impuestas por la crisis sanitaria, que obligaron a realizar una edición en formato virtual, la convocatoria se estructuró a partir de 2021 en dos turnos semanales consecutivos para dar cabida al creciente número de interesados.

Los participantes en
Los participantes en “El Familión” disfrutan de un rato de adoración cada día. | Crédito: Cedida por Merche Gil.

Para la presente edición, aproximadamente 150 familias forman parte de la experiencia. Cabe destacar que el programa se encuentra abierto a personas procedentes de diversas diócesis y con variadas sensibilidades eclesiales o carismas.

Asimismo, la organización enfatiza que no se exige cumplir con un modelo familiar idealizado; de hecho, participan con frecuencia hogares monoparentales o familias que atraviesan situaciones complejas.

Itinerarios formativos y actividades para todas las edades

El equipo coordinador elabora cada año un completo plan de actividades formativas adaptado tanto para adultos como para los más pequeños, abarcando temáticas catequéticas, conyugales y educativas.

Las sesiones diarias, impartidas tanto por sacerdotes como por laicos, suelen alinearse con el lema anual elegido. Además, las jornadas combinan momentos de oración matutina, celebración eucarística y adoración con espacios de ocio vespertino en la playa o la piscina, sin interrumpir el hábito cotidiano de rezar el rosario en comunidad.

“El Familión” incluye un variado programa formativo para padres e hijos. | Crédito: Cedida por Merche Gil.

La atención a los hijos representa uno de los mayores desafíos logísticos del encuentro. En esta ocasión, la cifra de menores y jóvenes —con edades comprendidas entre los seis meses y los 25 años— supera los 325 asistentes por turno.

Para su cuidado y animación espiritual se cuenta con la colaboración de 115 monitores voluntarios, entre los que figuran hijos de antiguas familias participantes y jóvenes sin vinculación previa con el proyecto.

Más de 100 monitores colaboran durante las dos semanas de
Más de 100 monitores colaboran durante las dos semanas de “El Familión”. | Crédito: Cedida por Merche Gil.

El despliegue pastoral se completa con la presencia de entre 10 y 15 sacerdotes cada semana y varios seminaristas de Getafe, quienes facilitan la celebración de hasta cinco misas diarias adaptadas por franjas de edad.

“Y luego, confesiones. Invitamos a los sacerdotes como si fueran de vacaciones, pero luego no paran”, bromea Merche Gil al referirse al intenso trabajo ministerial durante las jornadas.

Un espacio propicio para el surgimiento de vocaciones

Tras dos décadas de trayectoria, los frutos pastorales se evidencian en la consolidación de compromisos eclesiales y en el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales y matrimoniales.

“Tenemos niños que empezaron yendo con sus padres y luego pasaron a ser monitores y ahora, casados, van con sus hijos. También hay monitores que se han conocido allí y ahora van como familia. Tenemos vocaciones sacerdotales, gracias a Dios. En el seminario hay 4 o 5 seminaristas que son hijos de familias de El Familión y que, si Dios quiere, serán sacerdotes”, detalla Gil.

Para los organizadores, el valor fundamental de esta iniciativa radica en comprobar que persiste el deseo en muchos hogares de compartir un tiempo de descanso estival integrando la vivencia comunitaria de la fe.

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