En una emotiva Vigilia Pascual celebrada el 4 de abril en la Rectoría de San Buenaventura, al sur de la Ciudad de México, Aideé Citlali Manzano Mediana y Myles Patricio Mckeown Meza, junto con otras dieciocho personas, dieron un paso trascendental en sus vidas. Ambos recibieron los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y sellaron su matrimonio por la Iglesia Católica, culminando así un largo periodo de búsqueda espiritual que transformó sus existencias. Sus caminos, aunque distintos en sus orígenes, convergieron en un punto de quiebre y una decisión profunda, marcando el inicio de una nueva etapa de fe.
**La redescubierta de Dios de Aideé**
Aideé, psicóloga de 42 años y madre de dos hijas, compartió con ACI Prensa los detalles de su viaje. Criada como Testigo de Jehová hasta los 15 años, se había distanciado de la práctica religiosa, convencida de que su fe personal en Dios era suficiente y no requería de una afiliación eclesiástica. “Yo decía: ‘sí me gusta, pero pues yo no necesito pertenecer a ninguna iglesia, ni a ninguna religión, porque yo tengo a Dios en mi corazón y eso es suficiente’”, explicó, resumiendo su perspectiva durante años.
Sin embargo, una prueba de salud en 2024 marcó un punto de inflexión. Tras la exitosa extirpación de un tumor, Aideé se encontró sumida en una profunda depresión al cabo de unos meses, un desafío que la llevó a cuestionar su capacidad de afrontar la vida en solitario. A pesar de su férrea creencia de que podía superarlo todo por sí misma, en 2025 reconoció haber llegado a un límite insostenible. Fue entonces cuando comprendió la necesidad imperativa de la guía divina y el respaldo de una institución como la Iglesia Católica.
Su trayectoria profesional como voluntaria en el área de urgencias y traumatología del Hospital General Dr. Rubén Leñero había sembrado semillas previas de reflexión. Allí, el testimonio de un sacerdote y dos psicólogas católicas la expuso a nuevas dimensiones de la fe, aunque en aquel momento, como ella misma admitió, “no tenía oídos para oír”. No fue sino hasta su momento de vulnerabilidad que la semilla germinó, impulsándola a buscar activamente la comunidad y el acompañamiento espiritual que encontró en San Buenaventura. Con el incondicional apoyo de su esposo, Francisco, Aideé se preparó para recibir los sacramentos, dando un giro completo a su vida.
Hoy, Aideé vive esta nueva etapa con un entusiasmo contagioso. Ha dispuesto un espacio especial en su hogar con un Cirio Pascual y planea incorporar más símbolos religiosos para que se convierta en “un lugar para Dios”. Con humildad, reconoce su deseo de seguir aprendiendo, anhelando dominar oraciones como el rosario, que le regalaron sus padrinos de boda. Su percepción de Dios ha evolucionado de un concepto distante a la íntima convicción de un “Padre muy amoroso” que conoce cada detalle de la existencia humana.
**Myles: la búsqueda de rumbo de un violinista**
Myles Patricio Mckeown Meza, un reconocido violinista de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, también compartió su historia de una búsqueda espiritual constante. Residente en la Ciudad de México junto a su esposa Cynthia y su hija de seis años, Myles exploró diversas sendas desde su adolescencia. A los 13 años, junto a su madre, se acercó brevemente a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, llegando incluso a bautizarse, aunque sin una implicación profunda.
Posteriormente, su búsqueda lo llevó por lecturas de agnosticismo y diversas corrientes esotéricas. Si bien estas le parecían “interesantes”, Myles sentía que carecían de la sustancia y la profundidad espiritual que anhelaba, asemejándolas más a “una novela” que a una respuesta genuina.
Hacia finales de 2025, la providencia comenzó a manifestarse a través de diversos testimonios que iluminaron su camino. Myles percibió que Dios lo estaba guiando “en un camino que tanto había querido”. Entre estas influencias decisivas se encontraba su tío Mike, un católico irlandés con quien mantiene una estrecha relación. Su tío le compartía cómo vivía su fe, su matrimonio y su vida familiar, una integración que Myles deseaba replicar en su propio hogar.
Dos sacerdotes también jugaron un papel crucial en su discernimiento. El primero fue el Padre Marco Polo Mercado Olmedo, su amigo de la infancia y actual formador en el Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Xalapa. El segundo, el Padre José Guillermo Gutiérrez Fernández, responsable de la Rectoría de San Buenaventura, se convirtió en una figura cercana tras mudarse cerca de su domicilio. Esta cercanía forjó una amistad que evolucionó hacia un profundo acompañamiento espiritual. Así, junto a su esposa Cynthia y su hija, Myles emprendió el camino de preparación que culminó en la recepción de los sacramentos y el matrimonio católico. Su hija también fue bautizada ese mismo día.
Desde su conversión, Myles confiesa sentirse “distinto”. Su entusiasmo por profundizar en la fe lo ha llevado a investigar figuras como San Patricio y a utilizar aplicaciones católicas de oración y meditación guiada como Hallow. Esta transformación se ha reflejado en su vida diaria, procurando realizar oraciones con su hija al final del día y, en medio de la rutina, hacer pausas para recordar “qué es lo que importa y por qué estamos aquí”, ofreciendo gratitud a Dios por la salud y la unión familiar.
**El testimonio del Padre Guillermo**
El Padre José Guillermo Gutiérrez Fernández, quien acompañó a Aideé y Myles en sus procesos, atestigua los evidentes cambios en ambos. Destaca una “mayor conciencia de la filiación divina” y “una conciencia de que Dios hace nuevas todas las cosas, y por lo tanto una renovada esperanza”. El sacerdote también subraya el sentimiento de ser “acogidos, amados e impulsados para caminar renovando mi vida” que la Iglesia Católica les ofrece.
Un elemento común en ambas conversiones, según el Padre Guillermo, fue el “encuentro personal con el Señor”, propiciado por el “testimonio callado, silencioso, entregado, alegre” de las personas que influyeron en sus vidas. Concluyó haciendo una invitación a todos los católicos a ser faros de testimonio, a dejarse “guiar por el Señor y compartir esta vida, esta alegría que nos inunda a nosotros, esta esperanza que tenemos”. Las historias de Aideé y Myles son un elocuente recordatorio del poder transformador de la fe y la importancia de la comunidad en el camino espiritual.








