17 junio, 2026

Guayaquil, Ecuador – La Catedral Metropolitana de Guayaquil fue el escenario de una significativa ceremonia este viernes 12 de junio, donde el Cardenal Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), presidió la renovación de la consagración de la nación al Sagrado Corazón de Jesús. Este acto, que congregó a alrededor de mil fieles, reafirma una tradición espiritual arraigada en la historia del país, marcando un momento de profunda reflexión y compromiso para la comunidad católica.

La jornada coincidió con la fiesta del Sagrado Corazón, una fecha de particular relevancia para el fervor religioso en Ecuador. Durante su homilía, el Cardenal Cabrera rememoró la trascendencia de este evento, destacando que la consagración original se realizó hace 152 años. “Hoy nos hemos reunido para renovar la consagración de nuestro Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Se trata de ratificar una decisión que nace del corazón, pertenecer a Cristo y vivir según su amor”, expresó el purpurado, subrayando la continuidad de una fe que ha marcado el destino de la nación.

Ecuador ostenta el singular honor de haber sido la primera nación en el mundo en consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús, un hito que tuvo lugar el 25 de marzo de 1874, bajo la presidencia de Gabriel García Moreno y la iniciativa de monseñor José Ignacio Checa y Barba. Este acontecimiento histórico selló un compromiso nacional con los principios cristianos que ha perdurado a lo largo de los siglos. En 2024, en el contexto del Congreso Eucarístico Internacional que se celebrará en Quito, el país ha vuelto a renovar esta alianza espiritual, fortaleciendo su identidad católica.

El Arzobispo de Guayaquil explicó la motivación detrás de esta renovación, enfatizando la necesidad de una fe activa y transformadora. “Renovamos la consagración del Ecuador al Corazón de Jesús, porque queremos volver a poner nuestra confianza en Él. Queremos que su amor inspire y motive a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestras instituciones, a nuestras decisiones personales”, afirmó el Cardenal Cabrera. Sus palabras resonaron entre los asistentes, quienes buscaban reafirmar su esperanza en un contexto de desafíos sociales y espirituales.

El Cardenal animó a los fieles a asumir un rol proactivo en sus vidas, rechazando la pasividad y la victimización. Instó a no culpar a las circunstancias ni a Dios por las dificultades personales, sino a reconocer el propio protagonismo en la construcción de la historia. “El Ecuador necesita corazones mansos y humildes, semejantes a Jesús. Necesita hombres y mujeres capaces de renovar la decisión de amar, la decisión de servir, la decisión de perdonar, la decisión de construir esperanza”, manifestó el purpurado, delineando un camino de acción basado en los valores evangélicos.

La homilía también profundizó en el significado teológico de la consagración. Según el Cardenal Cabrera, consagrarse implica “presentar nuestra vida como una ofrenda a Dios”, emulando el sacrificio de Jesús, el “Cordero de Dios que se entrega por amor al Padre y que a la vez nos ofrece a nosotros su vida”. Esta entrega recíproca se materializa en la Eucaristía, donde Jesús invita a tomar y comer su cuerpo, a beber su sangre, en un acto de comunión total.

El purpurado resaltó la conexión inseparable entre el amor a Dios y el amor al prójimo, una verdad repetida con insistencia por San Juan. “¿Cómo pueden amar a Dios que no ven, si no aman al prójimo que ven?”, cuestionó, alertando sobre la tentación humana de separar estas dos dimensiones fundamentales del amor. El corazón, según el Cardenal, es el centro de la persona, el lugar desde donde emanan todas las decisiones y donde se forja la identidad individual. Es en este espacio íntimo donde cada uno elige quién quiere ser y cómo desea vivir.

La invitación del Arzobispo a la mansedumbre y la humildad de corazón, siguiendo el ejemplo de Jesús, apunta a una asimilación profunda de su forma de pensar, sentir, amar y obrar. “Seguir a Jesús” no es solo un acto de fe, sino una transformación integral que moldea la existencia. La renovación, explicó el Cardenal Cabrera, es intrínseca a la vida, así como el cuerpo humano renueva sus células. No es posible permanecer estancado mirando únicamente al pasado; es imperativo mirar el presente y el futuro con una actitud de cambio y crecimiento.

En este sentido, la renovación de la consagración es un llamado a renovar las propias decisiones: “Decisiones de amar, decisiones de servir, decisiones de perdonar, de trabajar, decisiones de caminar en esperanza. Por eso cada día estamos llamados a renovar la alianza con el Señor”, exhortó.

La Misa concluyó con la solemne lectura de la oración de renovación de la consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, una plegaria que encapsula el espíritu de la jornada:

“Corazón adorable de Jesús, Rey de reyes y Señor de los señores, quien y para quien han sido creados todos los pueblos y naciones de la tierra, en acatamiento a vuestra amabilísima e íntima soberanía, postrados en vuestra divina presencia, todos los poderes públicos, la Iglesia y el Estado, ofrecemos y consagramos, desde hoy y para siempre, la República del Ecuador, cosa y posesión exclusiva vuestra. Dignaos tomar a este pueblo como vuestra herencia; reinad perpetuamente en él; acogedle bajo vuestra soberana protección; libradle de sus enemigos; manifestad a las naciones que el Ecuador es vuestro; probad al mundo que es bienaventurado el pueblo que os elige por su Señor y Dios; y haced brillar en nuestra República la gloria de vuestro Santo nombre. Amén.”

Esta renovación no solo reafirma la identidad católica de Ecuador, sino que también representa un llamado a la acción y a la esperanza para todos sus ciudadanos, inspirados por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que desde la Catedral de Guayaquil irradia fe a la nación.

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