19 agosto, 2026

La reciente pérdida gestacional de Stefano, hijo del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, y de su esposa, Lavinia Valbonesi, ha puesto sobre la mesa una realidad muchas veces silenciada: la falta de comprensión social y de herramientas institucionales para afrontar el dolor de perder a un bebé durante el embarazo.

Tras darse a conocer el deceso a causa de una complicación médica, las plataformas digitales se llenaron de debates donde algunos usuarios restaban importancia al suceso bajo argumentos que catalogaban al recién nacido como un mero embrión o sugerían que el luto debía mantenerse estrictamente en el ámbito privado. Para el abogado Pablo Proaño, especialista del estudio jurídico Dignidad y Derecho, estas reacciones reflejan un profundo desconocimiento sobre el dolor que experimentan los padres.

“Hubo muchas personas que se acercaron a este tema indicando primero que es una noticia falsa, porque no se trata de un hijo, se trata de un embrión o en todo caso, de un feto, y segundo, que es un tema que debería mantenerse en un aspecto privado. Y esto revela, como te digo, muchísima falta de empatía”, expresó el jurista durante una entrevista.

Expectativas truncadas y un impacto emocional duradero

Desde el momento en que se concibe y se anhela la llegada de un nuevo integrante, los progenitores construyen un vínculo afectivo que genera una expectativa tanto a nivel psicológico como a nivel social, según detalló el especialista. La interrupción imprevista del proceso de gestación puede acarrear consecuencias emocionales severas, afectando incluso decisiones futuras sobre la planificación familiar.

El sufrimiento suele intensificarse ante situaciones cotidianas, como el contacto con otros infantes. Ante este escenario, la magnitud del problema adquiere relevancia estadística: de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro mujeres atraviesa por la pérdida de un embarazo en algún momento de su vida.

Ya sea mediante un aborto espontáneo o en circunstancias distintas, las familias suelen enfrentar vacíos y cuestionamientos internos que pueden desembocar en cuadros de ansiedad o depresión severa.

Urge un abordaje institucional y protocolos hospitalarios

Ante este panorama, el experto subraya la necesidad imperiosa de que los centros de salud implementen guías de atención especializadas, similares a los denominados protocolos mariposa vigentes en otras naciones de la región. En el caso ecuatoriano, la ausencia de una normativa oficial del Ministerio de Salud deja esta asistencia a la buena voluntad de cada institución médica.

Tales medidas buscan blindar emocionalmente a los padres, evitando situaciones imprudentes como ubicar a la madre en salas de maternidad convencionales o realizar preguntas inoportunas sobre el paradero del bebé. Asimismo, se propone el uso de señalización discreta en las habitaciones y la asignación obligatoria de asistencia psicológica profesional.

Demandas laborales y el derecho a una despedida digna

El respaldo institucional no debe limitarse al ámbito clínico, sino extenderse al terreno laboral y legal. Actualmente, la normativa nacional otorga únicamente tres días de permiso por calamidad doméstica ante estos casos, un lapso considerado insuficiente para superar un proceso de duelo complejo, exponiendo a los afectados a despidos injustificados al carecer de la protección reforzada que ampara la maternidad en curso.

Otro punto crítico radica en el destino de los restos mortales. De acuerdo con el análisis legal expuesto, antes de la semana 22 de gestación los hospitales no tienen la obligación de entregar el cuerpo a las familias, pudiendo darles un manejo administrativo que priva a los padres de la posibilidad de realizar un funeral.

“Este bebé es hijo de una familia que merece y que necesita para su proceso de duelo enterrarlo y tener un lugar a donde pueda acudir para llorar su muerte”, enfatizó Proaño, abogando por un consentimiento informado que garantice el derecho a decidir sobre la sepultura.

Un cambio cultural pendiente

Finalmente, el abogado hizo un llamado a transformar la percepción social sobre este fenómeno mediante campañas educativas y políticas públicas integrales. Para el especialista, resulta fundamental erradicar comentarios minimizadores por parte del entorno y del personal médico que aconsejan volver a procrear como si el dolor pudiera borrarse de inmediato.

“Porque un hijo no nacido es un hijo, no es solo un feto”, concluyó, recordando que la prevención sanitaria y el acompañamiento estatal son pilares indispensables para sanar una herida histórica en la sociedad.

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