12 julio, 2026

Mons. Miguel Maury, nuncio apostólico en Gran Bretaña desde 2023 y arzobispo titular de Itálica, ofrece una profunda reflexión sobre su trayectoria y la singular misión diplomática de la Santa Sede. El diplomático español, quien ha servido al Pontífice en diversas regiones del mundo, acaba de publicar “Fe, vida, diplomacia”, un libro que condensa su vasta experiencia y aborda temas cruciales para la Iglesia en el escenario internacional, incluyendo la anticipada visita del papa León XIV al Reino Unido.

Maury, ordenado sacerdote en 1980 y formado en la Pontificia Academia Eclesiástica de Roma, ingresó al servicio diplomático vaticano en 1987. A lo largo de su carrera, ha sido testigo y protagonista de eventos históricos, desde el genocidio de Ruanda hasta la revitalización de comunidades católicas tras la era soviética en Asia Central y Europa del Este.

**La naturaleza única de la diplomacia papal**

La misión de un nuncio apostólico difiere notablemente de la de un embajador convencional, explica Maury. La Santa Sede, al no poseer intereses económicos o territoriales como otros Estados, fundamenta su diplomacia en principios éticos y espirituales. El objetivo principal del Estado de la Ciudad del Vaticano es salvaguardar la independencia del Pontífice, asegurando su libertad para proclamar el Evangelio y promover la dignidad humana a nivel global.

El nuncio aclara la distinción entre su título como representante en “Gran Bretaña” y no en el “Reino Unido”. Políticamente, el Reino Unido abarca Gran Bretaña (Inglaterra, Gales, Escocia) e Irlanda del Norte. Sin embargo, eclesialmente, las diócesis católicas se organizan en conferencias episcopales separadas para Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda, esta última incluyendo circunscripciones tanto de la República como del Reino Unido.

La Santa Sede ejerce lo que se conoce como “soft power”, apelando a la conciencia humana, la razón y la conveniencia. Sus negociaciones buscan el bien común y el respeto a los derechos humanos, siempre en consonancia con el mensaje evangélico. Aunque prefiere la discreción, no duda en buscar el apoyo de la opinión pública en países democráticos. La paciencia y la comprensión de las motivaciones de los interlocutores son claves en este proceso, donde la honestidad prevalece sobre el disimulo, desmintiendo la idea extendida de que la diplomacia es el arte de la mentira.

**Experiencias marcadas por la historia y la fe**

Mons. Maury relata cómo su camino hacia la diplomacia fue inesperado, impulsado por una solicitud del entonces cardenal arzobispo de Madrid. Su servicio lo llevó a destinos remotos y desafiantes, comenzando en Ruanda en 1990, justo antes y durante el devastador genocidio. Recuerda el terror y la cercanía de la muerte, con una bala perdida impactando en su dormitorio. Su testimonio subraya la atrocidad de las guerras civiles, impulsadas por el odio y, a menudo, alimentadas por intereses externos.

Posteriormente, como representante del papa Benedicto XVI en Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, Maury fue testigo de la resiliencia de la fe católica. En estas naciones, donde el comunismo ateo dejó una profunda huella, la minoría católica mantuvo viva su fe a través del rezo familiar del rosario, incluso sin sacerdotes durante décadas. También se sintió impactado por el anhelo de aprendizaje y servicio de las nuevas generaciones, un contraste con la apatía que a menudo observa en parte de la juventud occidental.

Su servicio también incluyó casi ocho años en Rumanía y Moldavia, un periodo que trajo consigo una mejora significativa en las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Rumana y el Patriarca Daniel. Durante su estancia en Rumanía, el nuncio tuvo el honor de recibir al papa Francisco en una visita pastoral, un momento destacado que también recoge en su libro. Además, gestionó ayudas cruciales para los desplazados ucranianos en Moldavia, reflejando la labor humanitaria constante de la Santa Sede.

**El futuro: la visita de León XIV al Reino Unido**

En el tramo final de la entrevista, el arzobispo Maury aborda la preparación de las visitas papales, una labor que ha realizado en diversas ocasiones, tanto para San Juan Pablo II como para el papa Francisco. Subraya cómo la seguridad actual, si bien necesaria, a veces aleja la figura del Pontífice de los fieles. El éxito del mensaje papal, concluye, reside en su capacidad para responder a las expectativas y al contexto histórico de los países visitados.

Mirando hacia el futuro de su actual destino, Mons. Maury valora una posible visita apostólica al Reino Unido del papa León XIV como “probable, deseable e ineludible”. Es probable, argumenta, dado que el rey Carlos III visitó el Vaticano el año pasado, lo que sugiere una invitación recíproca. Deseable, porque León es el único Pontífice de lengua inglesa en más de ocho siglos, lo que garantizaría una acogida extraordinaria y amplificaría su mensaje en numerosos países anglófonos.

Finalmente, la visita del Papa León XIV se considera ineludible porque tanto los obispos ingleses como los escoceses esperan que relance el anuncio de la fe en una de las sociedades más secularizadas de Europa. Sin embargo, el nuncio percibe un “tiempo de gracia”, con un resurgimiento cristiano silencioso entre las nuevas generaciones y un aumento de la práctica religiosa católica, impulsado por las comunidades de inmigrantes. Maury confía en que el pontificado del papa León está llamado a despertar las conciencias de Occidente, al igual que el de San Juan Pablo II fue un revulsivo para las de Oriente, permitiendo así a la Iglesia “respirar plenamente con sus dos pulmones”.

Nuevos