Un recorrido pastoral que inicia lejos de las grandes capitales
En el marco de su primera gira por el cono sur americano, el máximo pontífice eligió una localidad del interior uruguayo para presidir su primera Eucaristía en el continente desde que asumió el liderazgo de la Iglesia católica. En lugar de decantarse por el centro político del país, la visita papal se centró en destacar la devoción humilde y cotidiana de las comunidades provincianas, un gesto que marcó el pulso de esta segunda jornada de su viaje oficial por la región.
Durante su estancia, el obispo de Roma también rindió homenaje a la memoria histórica del catolicismo local al recordar al primer jerarca eclesiástico del territorio uruguayo, el Beato Jacinto Vera, a quien catalogó como el impulsor de la fe en el siglo XIX conocido popularmente como el “obispo gaucho”.
Contexto religioso y memoria histórica
La predicación ofrecida por el jerarca vaticano sirvió para poner sobre la mesa la realidad espiritual de Uruguay, reconocido históricamente como una de las naciones con mayor índice de secularización en toda América Latina, donde más de la mitad de la población no mantiene adscripción formal a ninguna estructura religiosa institucional. A pesar de este panorama, el mensaje papal subrayó que la impronta católica permanece profundamente arraigada en el devenir histórico del país.
Sobre este aspecto, el pontífice señaló: “Desde los inicios de la evangelización del continente (las personas de fe), llegaron en nombre del Señor para anunciar la gran alegría que ellos mismos habían experimentado al encontrarse con Cristo. Como los ángeles a los pastores, ellos transmitieron con gozo la buena noticia del Evangelio, expresando su fe a través de obras de caridad y misericordia”.
Una multitudinaria congregación bajo el clima austral
El escenario de la ceremonia religiosa fue el Parque París-Londres, situado en la ciudad de Paysandú, un enclave de aproximadamente 80.000 habitantes ubicado en la ribera opuesta al territorio argentino y a una distancia superior a los 320 kilómetros de Montevideo. Las condiciones meteorológicas no acompañaron del todo la jornada, ya que la misa se desarrolló bajo un cielo nublado, con el suelo húmedo por precipitaciones previas y temperaturas que oscilaban entre los 15 y 16 °C, valores que descendieron varios grados más en la sensación térmica debido a la intensidad del viento.
A pesar del frío y la humedad, más de 40.000 fieles se congregaron en el lugar para participar en el acto litúrgico, manifestando su fervor con cánticos desde mucho antes del arribo del cortejo papal. Cabe destacar que la última visita de un pontífice a suelo uruguayo se había registrado en 1988 de la mano de San Juan Pablo II.
El entusiasmo de los asistentes quedó reflejado en testimonios como el de María del Rosario Esquiroz, una vecina y jubilada local que se preparó durante jornadas enteras para ejercer como ministra extraordinaria de la Comunión: “Es una alegría inmensa, una alegría inmensa. Esperamos mucho tiempo a Francisco, y ahora ha llegado el Papa León, así que estamos felices”.
Metáforas locales para explicar el mensaje de la Iglesia
Para conectar con los asistentes, el líder católico estructuró su homilía utilizando elementos muy arraigados en la cultura cotidiana de la zona: los puentes, los palmares y el tradicional mate.
Los puentes fueron definidos como instrumentos de unión entre las personas, una evocación directa al legado de su predecesor inmediato, el papa Francisco. Por su parte, las palmeras sirvieron para ilustrar la necesidad de permanecer firmemente cimentados en la figura de Cristo, mientras que el hecho de que crezcan agrupadas en formaciones vegetales representó la naturaleza comunitaria de la Iglesia.
En cuanto al consumo compartido de la infusión típica regional, el Papa describió al mate como un “signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes”.
Tras concluir sus actividades en territorio uruguayo, la agenda del máximo representante de la Iglesia católica contempla continuar su periplo internacional con visitas oficiales a Argentina y a Perú, nación esta última donde desarrolló una extensa labor pastoral de cerca de 20 años como misionero y obispo.








