Un llamado a revitalizar la fe desde el corazón de Uruguay
Durante su reciente visita al territorio uruguayo, el Papa León XIV presidió una emotiva eucaristía en la emblemática Catedral Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres. Desde este importante recinto religioso, el jerarca católico exhortó a los fieles a mantener viva la llama espiritual y a no decaer en el esfuerzo por compartir el mensaje cristiano.
El pontífice recordó las raíces históricas de la nación, haciendo referencia a los acontecimientos de 1825, cuando los próceres patrios encomendaron su causa libertadora a la protección mariana. Al respecto, señaló que «en 1825, quienes luchaban por la libertad de esta tierra acudieron también a María, para poner aquel comienzo bajo su protección. Aquel gesto nos recuerda que tampoco la historia de los pueblos se comprende del todo cuando se prescinde de Dios».
El rol fundamental de las mujeres en la transmisión espiritual
Profundizando en cómo se arraigan las creencias en las nuevas generaciones, el Obispo de Roma destacó la influencia silenciosa pero perdurable de las figuras femeninas en el entorno familiar. Comentó que «cuando uno se pregunta de dónde vino la fe que lleva dentro, muchas veces aparece el nombre de una mujer concreta: una madre, una abuela, una madrina, una religiosa, una catequista. Tal vez no recordamos todas las palabras que nos dijeron, pero sí cómo rezaban, cómo hablaban del Señor y con qué convicción vivían lo que nos enseñaban».
Asimismo, reconoció las angustias que experimentan muchas progenitoras y tutoras cuyos descendientes se han distanciado de la práctica religiosa. Dirigiéndose a ellas, expresó: «Sé que muchas cargan una pena muy concreta: enseñaron a rezar a sus hijos y hoy esos hijos ya no rezan. Iban juntos a Misa y hace años que no entran en una iglesia. Hablaron a sus nietos de Dios y ahora no saben si aquellas palabras dejaron alguna huella. A veces se preguntan si hicieron algo mal o si todo aquello terminó perdiéndose».
Ante este panorama, el máximo representante de la Iglesia Católica lanzó una enérgica consigna de aliento: «Madres y abuelas: ¡no se cansen de transmitir la fe! Prediquen con su vida y también con su palabra. Insistan en la oración, en el amor y en la esperanza: insistan a tiempo y a destiempo. Háganlo con paciencia, sin dureza y sin desaliento».
El testimonio activo de padres y abuelos
El Papa también enfatizó la responsabilidad de los varones adultos dentro del núcleo doméstico, instándoles a asumir un rol activo que sirva de ejemplo para la juventud. En este sentido, invitó a seguir el modelo de San José, afirmando que «sus hijos y nietos necesitan ver que la fe ocupa un lugar verdadero en la vida de los hombres de su familia».
Agregó un mensaje directo a los hombres mayores y jefes de hogar: «Queridos padres y abuelos, los jóvenes necesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos, tratar con respeto a sus esposas, pedir perdón y vivir con honradez también cuando hacerlo exige sacrificios. Un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello».
Una Iglesia que sale al encuentro de la sociedad
Más allá del ámbito estrictamente doméstico, el líder religioso instó a la comunidad católica uruguaya a adoptar una actitud de salida y dinamismo pastoral. En su discurso, enfatizó que no se puede aguardar pasivamente a que las personas retornen por iniciativa propia a los templos.
«No podemos esperar siempre a que quienes se han alejado regresen por sí solos. Uruguay: ¡hay que ponerse en camino! ¡Hay que entrar de nuevo en las casas, acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo!», proclamó con firmeza ante los asistentes.
Consagración del país a la Virgen
Hacia el tramo final de la homilía, el pontífice pidió la intercesión de la advocación mariana para proteger a los creyentes en su labor cotidiana de caridad y testimonio, recordando la importancia de auxiliar a los sectores más vulnerables de la sociedad.
La ceremonia concluyó con un solemne acto de encomendación nacional: «A María, Capitana y Guía de este pueblo, quiero consagrar de nuevo esta nación, confiar a su amparo esta tierra y a cuantos viven en ella, y suplicar a Dios que, por su poderosa intercesión, quebrante las obras del demonio y preserve al amado Uruguay de cuanto quiera apartarlo de Cristo».








