Luego de un significativo encuentro con el clero local, el Papa León XIV dirigió un vibrante mensaje a miles de fieles congregados en la Piazza Calipari de Acerra, una de las vibrantes ciudades de la región de Campania en Italia. En su esperado discurso, el Pontífice enfatizó con firmeza que ninguna injusticia, por profunda que sea, tiene el poder de opacar la intrínseca belleza de esta tierra italiana, reafirmando que la vida y la justicia no solo existen, sino que, de forma ineludible, prevalecerán.
León subrayó la profunda conexión entre la fragilidad de la belleza y la imperiosa necesidad de su cuidado y protección. «Cuanto más comprendemos la fragilidad de la belleza», explicó el Santo Padre, «más exige de nosotros un compromiso de cuidado y una profunda responsabilidad». Este principio, detalló, constituyó el motor principal de su visita pastoral a Acerra: un deseo de «confirmar y robustecer ese vital impulso de dignidad y responsabilidad que surge en cada corazón honesto cuando la vida irrumpe y, de pronto, se ve amenazada por las sombras de la muerte». Un impulso que, como remarcó el Pontífice, tiene su origen en el «Dios Creador».
Ante la multitud, tras haber compartido reflexiones con obispos, sacerdotes y religiosos de Acerra, el Papa León XIV reiteró con convicción: «Aquí, en esta región italiana, la vida existe y se levanta en oposición a la muerte; la justicia existe y, sin duda, se hará valer». Su llamado fue claro y directo: la humanidad debe tomar una decisión consciente y valiente. «Por supuesto, debemos elegir la vida y liberarnos de las ataduras de la muerte», exhortó. Añadió una advertencia sobre las trampas de la inacción: «Siempre hay una sutil y peligrosa ventaja en la resignación, en el compromiso fácil, en la constante postergación de decisiones que son necesarias y, a menudo, valientes».
El Santo Padre criticó duramente las actitudes que socavan el progreso y la cohesión social. «El fatalismo, la queja constante y el acto de culpar a otros son el caldo de cultivo que nutre la anarquía y propicia la desertificación de las conciencias», sentenció León. Con autoridad moral, lanzó un mensaje a cada individuo: «Por lo tanto, quisiera decirles a todos: ¡que cada uno asuma su propia responsabilidad, que elijamos la justicia, que sirvamos a la vida!». Esta declaración resonó como un firme recordatorio de la urgencia de la acción ética y comunitaria.
Continuando con su homilía, el Papa León XIV afirmó que el bien común debe prevalecer sobre cualquier interés particular, por grande o pequeño que sea, y lamentó el profundo dolor que Acerra ha soportado. La ciudad ha tenido que sepultar a numerosos de sus hijos, pagando «un alto precio» de sufrimiento, con especial impacto en «niños e inocentes», una realidad que el Pontífice dijo haber presenciado con dolor. «El valor y el peso de ese sufrimiento nos exigen esforzarnos juntos para ser testigos de un nuevo pacto. Están en camino hacia un tiempo de renacimiento, que no es un tiempo de olvido, sino de acción ética y memoria activa», comentó. Para alcanzar este propósito, remarcó la importancia y actualidad de la encíclica *Laudato si’*, como guía indispensable para el cuidado de la casa común.
El Pontífice enfatizó que la verdadera transformación debe comenzar desde una introspección personal y colectiva: «El cambio debe comenzar por nuestra propia perspectiva». Hizo hincapié en la formación y educación, no solo de los jóvenes para construir el futuro del mundo, sino también de los adultos, ya que «todos tenemos aún mucho que aprender». «Si estamos llamados al cambio», afirmó, «este debe comenzar por nuestra propia perspectiva». Reflexionó sobre la paradoja de la ayuda: «Todos tenemos algo que dar, pero primero debemos aprender a recibir. No es fácil admitirlo, pero este es el comienzo del futuro: es como una puerta que se abre a aquello en lo que hasta ahora no habíamos pensado, creído o amado lo suficiente».
El Papa León XIV vislumbró un futuro de curación a través de una mentalidad renovada. «Queridos hermanos, será un verdadero cambio de mentalidad en lo económico, lo civil e incluso lo religioso lo que construirá el bien que sanará esta tierra y el planeta entero», agregó. La visión del Pontífice abarcó una transformación integral que impacta todas las esferas de la vida social y espiritual.
En la parte final de su discurso, el Papa León XIV expresó su gratitud a aquellos que se comprometen valientemente en denunciar los males que afligen a la región de Acerra. Invitó a todos los presentes a «velar por la salud de la creación como velamos por la de nuestra propia casa», promoviendo una nueva forma de riqueza: «aprender a ser ricos de otra manera». Esto implica ser más atentos a las relaciones humanas, priorizar el bien común, fortalecer los lazos comunitarios y mostrar una mayor gratitud al «acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros».
«En particular, estar cerca del corazón humano, y por lo tanto más cerca de Dios que lo creó, significa desear una comunidad más inclusiva, más unida, menos afectada por la marginación y la polarización», dijo. Concluyó su mensaje con una poderosa metáfora de vigilancia y esperanza: «Los problemas de este hogar son nuestros problemas; su belleza es nuestra belleza. Tenemos la tarea de velar como centinelas en la noche. Podemos estar entre quienes contemplarán el nuevo amanecer». Tras este inspirador encuentro, el Papa León XIV partió al mediodía en helicóptero de regreso al Vaticano, donde arribó pasada la una de la tarde. Su próxima visita pastoral dentro de Italia será a Pavía y Sant’Angelo Lodigiano, programada para el 20 de junio.








