20 julio, 2026

Desde el histórico Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el papa León XIV dirigió este domingo el rezo del ángelus, aprovechando su periodo de descanso estival para reflexionar sobre la naturaleza del Reino de Dios y exhortar a los fieles a abrazar un estilo evangélico de humildad. El Pontífice, quien pasará unas semanas de retiro en esta localidad a orillas del lago Albano hasta el lunes 27 de julio, advirtió contra la “tentación” de concebir a la divinidad como una fuerza imponente y dominante, invitando a una comprensión más sutil y discreta de la acción divina en el mundo.

Durante su homilía, pronunciada desde el umbral del palacio, el Santo Padre profundizó en las parábolas de Jesús que la liturgia del día ofrecía: la del sembrador, el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la harina. León XIV explicó que estas narraciones, aparentemente sencillas, encierran un mensaje profundo sobre “la entrada del Reino de Dios en la historia, su acción en la vida de los hombres y la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro”.

El Papa León subrayó que a través de estas enseñanzas, Jesucristo propone una auténtica hoja de ruta para la vida cristiana, caracterizada por la paciencia y la no confrontación. “Sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin imponernos con el poder y la fuerza”, afirmó el Pontífice, delineando una visión del cristianismo que se aleja de la ostentación y la coerción.

Uno de los puntos centrales de su meditación fue la preferencia divina por la pequeñez. “Dios prefiere la pequeñez”, recalcó León XIV, describiéndola como un “signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo”. Esta visión contrasta con la expectativa humana de un Dios espectacular y omnipresente que interviene de forma abrupta para eliminar el mal. El Papa ilustró cómo la acción divina se manifiesta de manera oculta e invisible, comparándola con la semilla más diminuta o la levadura que fermenta en silencio dentro de la masa.

León XIV alertó a los creyentes sobre la tendencia a esperar “algo espectacular”, anhelando un Dios que “arranque de inmediato la cizaña del mal”. Esta imagen de un “Dios fuerte y poderoso” a menudo se traslada, lamentó el Santo Padre, a la forma en que los propios cristianos y la Iglesia conciben su ser y su misión. Sin embargo, el Pontífice insistió en que el Reino de Dios se desarrolla de forma callada, incluso en medio de las adversidades y las imperfecciones.

El mensaje de León XIV insta a desarrollar una “mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato”. Esta perspectiva demanda la “paciencia de saber acompañar los procesos”, reconociendo la presencia divina en la “pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria”. Al crecer de manera imperceptible, como la levadura, la fe nos libera del desánimo y nos impulsa a mantener la confianza, incluso en momentos de aparente ausencia divina, pues, como recordó el Papa, Dios “siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor”.

El Pontífice hizo un llamado a trasladar esta “lógica evangélica” a la vida personal y eclesial, instando a que “este estilo de Dios debe convertirse también en la forma en que, tanto como individuos como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea”. En un eco de esta sabiduría, León XIV citó al entonces Cardenal Joseph Ratzinger –quien más tarde se convertiría en el papa Benedicto XVI–, quien durante el Jubileo de los catequistas y profesores de religión en el Año Santo del 2000, enfatizó la necesidad de “someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas”.

Adoptar esta actitud, concluyó León XIV, transforma a los fieles en “instrumentos de transformación para el mundo”, convirtiéndolos en “una pequeña semilla del Evangelio que germina y en una levadura de amor que transforma la masa del mundo”.

Tras la oración mariana, el Papa León XIV dirigió un caluroso saludo a los habitantes de Castel Gandolfo, manifestando su gratitud por la hospitalidad recibida durante su periodo de descanso. “Mientras disfruto de unos días de descanso, reitero mis saludos y mi gratitud a todos ustedes, habitantes de Castel Gandolfo, ¡y doy una calurosa bienvenida a los peregrinos que vienen de todas partes del mundo!”, expresó el Pontífice.

Finalmente, el Santo Padre extendió su preocupación a las zonas del mundo afectadas por conflictos y violencia. León XIV aseguró que sigue de cerca las noticias de estas regiones y exhortó a los presentes a no olvidar a quienes sufren y mueren a causa de los enfrentamientos. “No olvidemos a quienes sufren y mueren a causa del conflicto, y sumemos nuestras oraciones a nuestro firme compromiso con la paz”, declaró, un llamado que resonó entre los aplausos de los fieles congregados en Castel Gandolfo.

Nuevos