Ciudad del Vaticano – En una emotiva y significativa celebración, el Papa León XIV presidió este lunes 29 de junio la misa por la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la majestuosa Basílica de San Pedro. Durante la homilía, el Pontífice destacó a ambos apóstoles como “dos pilares fundamentales de la Iglesia”, enfatizando su rol esencial en la construcción de la unidad y la comunión eclesial. La jornada también fue marco para la tradicional imposición del palio a los nuevos arzobispos metropolitanos, un rito que simboliza su compromiso con el Pueblo de Dios.
Desde el corazón del Vaticano, el Santo Padre León XIV se dirigió a los fieles y a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, reafirmando la importancia de la fraternidad y el servicio en la vida de todo cristiano. La festividad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma, sirvió como ocasión propicia para reflexionar sobre los cimientos de la fe y el llamado constante a la cohesión.
En su mensaje, el Papa León XIV dedicó una profunda reflexión a la figura de San Pedro. Lo presentó como el “custodio del Pueblo de Dios”, cuya trayectoria en el Nuevo Testamento revela un compromiso inquebrantable con la preservación de la comunión. El Pontífice rememoró pasajes clave, como el de Pedro en el lago de Galilea, quien, tras una noche de pesca infructuosa, confió en la palabra de Jesús para echar las redes, mostrando una fe que se anticipa a la duda.
El Santo Padre también recordó cómo Pedro, en momentos de abandono, fue el portavoz de la fidelidad ante Jesús, exclamando: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Más tarde, en Cesarea, reconoció a Jesús como el Hijo de Dios, formulando la profesión de fe que sirve de base a la Iglesia. La renovada declaración de amor de Pedro por Cristo a orillas del lago, tras la Resurrección, fue otro de los puntos destacados por León, evidenciando su humildad y la confirmación de su misión pastoral.
León XIV hizo hincapié en que la grandeza de Pedro no residía en su perfección, sino en su capacidad de arrepentimiento y de mantener la misión. Aunque negó al Maestro y fue reprendido por Pablo, el primer Apóstol supo reconocer sus errores, derramar lágrimas sinceras y seguir adelante con la evangelización hasta su martirio en Roma.
La simbología de las llaves, a menudo asociada a Pedro, fue interpretada por el Papa León como un emblema de unidad, no de cerrazón. “Una llave no está para derribar puertas, sino para abrirlas y cerrarlas”, explicó el Pontífice, quien comparó la comunión en la Iglesia con una casa acogedora, donde la unidad se construye buscando puntos de encuentro en la Verdad, en lugar de endurecer posiciones. Esta visión, según León, invita a todos los cristianos a ser “artífices de la unidad”, poniendo a Dios en el centro y acercándose a los hermanos con atención a sus necesidades, tal como lo enseñó el Papa Francisco en su catequesis del 9 de octubre de 2024.
Posteriormente, el Papa León XIV se centró en la figura de San Pablo, el “incansable anunciador de la Buena Nueva”. Sus símbolos distintivos, el libro y la espada, fueron relacionados por el Pontífice con la “palabra de Dios, viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo”, capaz de penetrar hasta lo más profundo del ser. León destacó cómo esta Palabra transformó al joven Saulo de perseguidor en Apóstol de los gentiles, llevándolo a la conversión, a proclamar el Evangelio por el mundo y, finalmente, a testimoniarlo con su propia vida en Roma, al igual que Pedro.
El Santo Padre citó a San Agustín, quien describió la conversión de Pablo como el momento en que la “voz celeste” abatió al perseguidor, perdonó sus pecados y lo convirtió en “predicador de la paz”. Tanto Pedro como Pablo, subrayó el Papa León, ofrecen un modelo de cómo ser apóstoles y constructores de unidad, servidores de la verdad y la caridad.
La ceremonia continuó con la solemne imposición del palio a los arzobispos metropolitanos. El Papa León XIV explicó que esta banda de lana blanca, adornada con cruces, no es solo una insignia honorífica, sino un poderoso símbolo del compromiso de cada pastor (y de cada cristiano) de cargar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas confiados, sacrificando tiempo, esfuerzo y hasta la propia vida por el Evangelio, buscando que el mundo encuentre armonía y concordia.
En un gesto de hermandad ecuménica, el Pontífice extendió un cordial saludo a la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, enviada por Su Santidad Bartolomé y encabezada por Su Eminencia Emmanuel, metropolitano de Calcedonia. Esta presencia subraya el deseo de avanzar en el camino de la comunión entre las Iglesias.
Finalmente, el Papa León XIV invitó a invocar a los santos Pedro y Pablo para que sostengan a la Iglesia en el camino de la comunión, siguiendo las huellas de Cristo. Recordó que este es el sendero que Jesús marcó y por el que oró en la Última Cena, una meta que la Iglesia debe anhelar con esperanza, tal como lo expresó el Papa Benedicto XVI en su homilía del 29 de junio de 2012.








