Durante una reciente audiencia celebrada este viernes, el Papa León XIV destacó que el ordenamiento jurídico de la institución eclesiástica tiene la misión ineludible de plasmar su verdadera esencia. Ante los asistentes a un importante congreso internacional, el Pontífice reflexionó sobre la naturaleza del derecho dentro de la comunidad de creyentes y su profunda vinculación con la labor pastoral.
El papel fundamental de la normativa eclesiástica
El encuentro conmemoró el 150º aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana, un centro académico de referencia global en la preparación de especialistas en legislación eclesiástica. Durante su intervención, el Santo Padre profundizó en la relación entre la teología y las normas jurídicas, señalando que el estudio del derecho eclesiástico se comprende únicamente bajo la perspectiva del misterio eclesial delineado por el Concilio Vaticano II en la constitución dogmática Lumen gentium.
Apoyándose en las palabras de San Juan Pablo II al promulgar el Código de Derecho Canónico de 1983 mediante la constitución apostólica Sacrae disciplinae leges, el Obispo de Roma recordó que, si bien resulta “imposible” traducir perfectamente al lenguaje canonístico la imagen de la Iglesia, el ordenamiento jurídico eclesial tiene la obligación de reflejarla.
Este enfoque sobre la disciplina de la Iglesia se ve fuertemente influenciado por la propia trayectoria biográfica y académica del Pontífice, quien cuenta con un doctorado en la materia y una sólida experiencia en asuntos legislativos eclesiásticos. Desde esta perspectiva, apuntó que la normativa jurídica cumple una función indispensable al ofrecer un “servicio esencial en la custodia de la comunión eclesial”, resultando por tanto “sumamente necesario para la Iglesia”.
Asimismo, el Papa indicó que el propósito de estas normativas consiste en “crear tal orden en la sociedad eclesial que, asignando el primado al amor, a la gracia y al carisma, haga más fácil su desarrollo orgánico”. Asimismo, insistió en que los ámbitos jurídico y pastoral son inseparables, recordando que “el bien de la persona y el de la comunidad eclesial no pueden existir independientemente el uno del otro”.
Un siglo y medio de legado académico y espiritual
En otra parte de su discurso, el mandatario vaticano rindió tributo a la institución organizadora del evento, creada el 16 de agosto de 1876 por voluntad del Beato Pío IX. Al cumplirse este siglo y medio de trayectoria, valoró la contribución de los numerosos docentes que han cimentado una sólida tradición científica que continúa beneficiando a la Iglesia a nivel global.
Los profesores, apuntó, integran “una especie de hilo ininterrumpido que une las generaciones y que aún hoy transmite una valiosa herencia científica y eclesial”. Del mismo modo, hizo hincapié en que la facultad pertenece a la Compañía de Jesús y asume la espiritualidad ignaciana guiada por el lema Non multa, sed multum, aludiendo a la importancia de profundizar en la realidad en lugar de acumular conocimientos superficiales.
Formación integral y compromiso con la justicia
Hacia el tramo final de su mensaje, el Papa advirtió que la enseñanza legal en la Iglesia no puede limitarse al mero cumplimiento memorístico de artículos y códigos. Su meta principal debe ser “formar personas que posean el sentido eclesial de lo justo (iustum), adquirido mediante el estudio riguroso de las fuentes, de la tradición canonística y de los principios teológicos que iluminan la norma”.
Citando los estatutos de la propia facultad, recordó que el ordenamiento jurídico debe orientarse hacia el “bien sobrenatural de cada uno de los fieles y a la edificación de la comunión eclesial”. Por esta razón, instó a los docentes y alumnos a buscar permanentemente “la verdadera justicia, nunca separada en la Iglesia de la verdad y de la misericordia”, recordando además la máxima agustiniana Ordinata dilectio est iustitia, traducida como “el amor ordenado es justicia”.
Finalmente, exhortó a los estudiantes internacionales a aprovechar su estancia para experimentar la catholicidad de la institución, cuyo centro de unidad radica en el ministerio petrino, y les animó a trasladar ese enriquecedor aprendizaje de vuelta a sus respectivas diócesis de origen.








