

El centro Borgo Laudato si’ en Castel Gandolfo tiene 55 hectáreas en las que hay también jardines. Crédito: Victoria Cardiel/ EWTN News
La actual emergencia ambiental trasciende las dimensiones científicas, políticas y económicas para instalarse de lleno en el terreno espiritual y doctrinal. Bajo esta premisa, un grupo de expertos de la Santa Sede ha presentado un ambicioso texto que busca replantear la relación entre la fe cristiana y la protección del medio ambiente.
El documento titulado Cuidar nuestra casa común: una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinidad, redactado por la Comisión Teológica Internacional (CTI), cuenta con más de 30.000 palabras y ha sido revisado por el Papa León XIV previo a su difusión pública. Aunque este organismo consultivo opera bajo el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y su producción no forma parte formal del magisterio supremo, la obra representa un hito para consolidar una espiritualidad ecológica firmemente anclada en la doctrina de la Trinidad.
Génesis de la iniciativa doctrinal
El encargo de esta investigación se remonta al pontificado de Francisco, cuando el Cardenal Luis Ladaria comunicó a la comisión en 2021 que el Santo Padre había seleccionado la tutela de la creación como eje central de trabajo para un quinquenio. Tras finalizar el proceso, el Papa León XIV autorizó la publicación de las conclusiones.
El teólogo español Gabino Uríbarri Bilbao, profesor de la Universidad Pontificia Comillas y miembro de la CTI, destacó en declaraciones a ACI Prensa que la problemática actual no se limita a un conflicto ecológico y social, sino que debe entenderse como una crisis de carácter “teo-eco-social”. Según el experto, la conexión con la naturaleza resulta inseparable del vínculo con el Creador y con el prójimo.
“Algunos cristianos estiman que la cuestión ecológica es algo ajeno a la fe y que en el fondo habría sido un cierto error del Papa Francisco escribir una encíclica de carácter ecológico. Lo que nosotros intentamos hacer es proporcionar una fundamentación teológica sólida, en la que se intenta mostrar cómo desde los relatos del Génesis recibimos un encargo de parte de Dios de cuidar de la creación”, puntualizó Uríbarri.


Evolución conceptual: hacia el pecado contra el Creador
Uno de los apartados más debatidos gira en torno al concepto de “pecado ecológico”, una noción que cobró fuerza internacional durante el Sínodo para la Amazonía celebrado en 2019 tras las bases sentadas por la encíclica Laudato si’. No obstante, la comisión consideró que dicha fórmula inicial resultaba insuficiente para reflejar la gravedad teológica del asunto.
Por este motivo, la CTI propone adoptar la denominación de “pecado contra la creación y contra el Creador”. Con esta expresión se subraya que cualquier conducta destructiva hacia el medio ambiente desobedece directamente el propósito divino encomendado a la humanidad.
A pesar de su relevancia, el teólogo reconoció que la categoría tropieza con dificultades para ser asimilada en el conjunto de la teología católica debido a que el término ecología no forma parte de la tradición histórica cristiana. Para salvar este obstáculo, el organismo se apoyó en el desarrollo doctrinal del pecado social, consolidado durante el pontificado de San Juan Pablo II, argumentando que las estructuras y acciones humanas generan impactos directos y nocivos sobre las personas, especialmente sobre los sectores más vulnerables.


Nuevas exigencias para el examen de conciencia
Las conclusiones del documento trascienden el plano académico para proponer cambios concretos en la vida de los creyentes. Tradicionalmente enfocado en la relación vertical con Dios y horizontal con el prójimo, el examen de conciencia tradicional debe incorporar, según los expertos, una dimensión ambiental.
El P. Uríbarri señaló que los fieles deben evaluar en qué medida sus hábitos cotidianos de consumo, movilidad, gestión de residuos y alimentación contribuyen a la sostenibilidad o agravan el deterioro del planeta. Esta exigencia de responsabilidad se extiende más allá de los individuos, interpelando de igual forma a empresas, instituciones y administraciones públicas.
“Estamos dañando la obra que el Creador ha puesto en nuestras manos, nuestra casa común, que entregó a nuestro cuidado y responsabilidad para que la perfeccionemos, para que sea reflejo de su gloria y no de nuestro egoísmo”, concluyó el teólogo.








