1 julio, 2026

Ciudad del Vaticano – El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, ha expresado un profundo pesar y preocupación tras las recientes ordenaciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) sin el preceptivo mandato pontificio. Este acto, según las declaraciones del alto prelado, constituye una grave herida a la unidad de la Iglesia Católica y se considera inherentemente cismático.

Las ordenaciones, efectuadas en la sede de la FSSPX en Suiza el 1 de julio, involucraron a cuatro nuevos obispos. El Cardenal Parolin, en un evento posterior al suceso, no dudó en calificar el episodio como “un acto cismático en sí mismo”, recordando que la realización de consagraciones episcopales sin el expreso consentimiento del Romano Pontífice es una violación directa de la disciplina eclesiástica y la constitución de la Iglesia.

El Código de Derecho Canónico establece claramente que la ordenación de un obispo sin un mandato pontificio conlleva sanciones muy severas, incluida la excomunión automática tanto para los ordenantes como para los ordenados. Estas medidas tienen como fin salvaguardar la estructura jerárquica de la Iglesia y la primacía del Papa como sucesor de Pedro y principio visible de la unidad. El Cardenal Parolin no especificó los plazos ni las formalidades con las que el Vaticano abordaría la aplicación de estas sanciones, pero su mención subraya la seriedad de la situación.

El Secretario de Estado subrayó la importancia de la unidad eclesial, enfatizando que acciones como estas la “hieren profundamente”. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha mantenido una relación compleja y a menudo tensa con la Santa Sede desde su fundación. Su principal punto de contención radica en la interpretación y la aceptación del Concilio Vaticano II, un evento fundamental en la historia moderna de la Iglesia.

“El punto fundamental es el Concilio; es decir, aceptar o no el Concilio Vaticano II”, afirmó el Cardenal Parolin. Esta declaración pone de manifiesto que el desacuerdo teológico y doctrinal sobre la legitimidad y la correcta interpretación de los documentos conciliares sigue siendo la barrera principal para una plena reconciliación. La FSSPX, fundada por el Arzobispo Marcel Lefebvre, ha criticado ciertos aspectos del Concilio, especialmente en lo que respecta a la libertad religiosa, el ecumenismo y la reforma litúrgica.

El Cardenal recordó que “la historia de la Iglesia continúa y, por tanto, el Concilio Vaticano II es un hito en la historia de la Iglesia que debe ser aceptado y aplicado de la manera correcta”. Esta perspectiva es crucial para el Papa León XIV y toda la jerarquía eclesiástica, que ven el Concilio como una expresión legítima y vital del Magisterio de la Iglesia, adaptando su mensaje a los desafíos del mundo contemporáneo sin renunciar a la tradición.

A pesar de la gravedad del incidente, el Cardenal Parolin manifestó su esperanza de que, incluso después de esta “grave herida”, el diálogo con la FSSPX pueda reanudarse. La búsqueda de una solución y de “caminos que permitan resolver este problema” sigue siendo una prioridad para el Papa León y sus colaboradores. El Pontífice y la Santa Sede han expresado repetidamente su deseo de que la FSSPX regrese a la plena comunión, ofreciendo en varias ocasiones propuestas para su regularización canónica. Sin embargo, estas iniciativas han encontrado obstáculos precisamente por las diferencias doctrinales persistentes.

Este reciente episodio subraya la continua fragilidad de las relaciones entre la Fraternidad y la Iglesia Universal. El camino hacia la unidad requiere una aceptación común del Magisterio y de la disciplina de la Iglesia, elementos que el Papa León XIV y el Cardenal Parolin han enfatizado como innegociables para cualquier reconciliación duradera. La Iglesia Católica, bajo el liderazgo del actual Pontífice, reafirma su compromiso con la unidad y su disposición a tender puentes, siempre y cuando se respete la integridad de su doctrina y su estructura. La pelota, en cierto modo, ahora está en el tejado de la FSSPX para reflexionar sobre este llamado a la unidad y al diálogo.

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