24 septiembre, 2022

 XVI Domingo de Tiempo Ordinario

Ciclo “C”


Gn 18, 1-10a

Sal 14

Col 1, 24-28

Lc 10, 38-42



    El domingo pasado contemplábamos la presencia de Dios (del Samaritano) que se detiene a ayudarnos (al hombre que cayó medio muerto). Hoy se nos invita a nosotros a contemplar a nuestro Señor, a detenernos ante él.


    Encontramos algunas peculiaridades en la primera lectura como en el Evangelio: Dios llega al lugar en dónde estamos (llegó con Abraham y llegó a la casa de sus amigos en Betania). De nuevo es el Señor quien sale al encuentro, invitándonos a nosotros a hacer lo mismo, a encontrarnos con Él. 


    Aunque en ambas lecturas se nos muestra el servicio a Dios en formas de atenciones domésticas, debemos de percatarnos que debemos de servir a Dios en el cumplimiento de su voluntad. Es estar a sus órdenes, dejar que Él nos diga lo qué hay que hacer. Servir a Dios es complacerlo en todo. 


    ¿Cómo poder cumple la voluntad de Dios en mi vida? La respuesta la tenemos en los personajes que aparecen hoy en las lecturas:


  • Abraham es nuestro padre en la fe.  Por su fe inconmovible, una fe que fue probada y una confianza absoluta en el Señor, dejo su tierra, renunció a su parentela, casa, estabilidad…lo dejó todo. 
  • Pablo es otro claro ejemplo: San Pablo renunció a sus convicciones, a sus privilegios, para ser testigo fiel. El Apóstol padeció con alegría los ultrajes recibidos en nombre del Señor.
  • Por último María: renunció al quehacer en ese momento para escuchar la voz de Jesús. No dudo de que María era una mujer espléndida, pero optó mejor por detenerse a escuchar a su maestro.


    Nos sigue costando trabajo hacer los que Dios nos piden, nos cuesta cumplir su Voluntad. Hoy, como Abraham digamos nosotros: “Señor, no pases junto a mi sin detenerte”.


    ¿Cómo saber si Dios se ha detenido? Fácil: nos llevará a aceptar y a cumplir su Voluntad. Jesús sigue estando con nosotros, nos habla con su Palabra, nos espera en el Sagrario. Tenemos que ir a los pies del Señor a escucharlo, buscarlo a Él. ¿Cómo? En la oración. 


    Si, la oración no es dejar de hacer el quehacer, sino todo lo contrario, la oración nos llevará al trabajo, a realizar todo con vistas a agradar a Dios, con el deseo de cumplir su voluntad. El escuchar a Jesús no puede queda infertilidad en mi persona. 


    El hombre cree y piensa que es él el protagonista de su vida. No nos damos cuenta que en nuestra vida es la historia de las acciones que Dios realiza en nosotros y a través de nosotros. 


    Elegimos mejor otras cosas en nuestra vida, más que aquellas importantes. Preferimos estar en el teléfono celular, en lugar de convivir con la familia, nos interesa más tener las mejores cosas, en vez de ayudar al prójimo, nos afanamos en hacer inmensidad de tareas, pero descuidamos la relación con Dios por medio de la oración: la verdadera oración nos llevará a la verdadera acción. 


Descubramos qué es lo más importante en la vida del cristiano. Ya no nos preocupemos por lo efímero-pasajero, al contrario, es hora de darnos cuenta que es lo necesario en nuestra vida de fe. Elijamos la mejor parte (a Dios), ya que esa nunca nadie nos la podrá arrebatar-quitar.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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