24 septiembre, 2022

 Martes de la  XVI semana Tiempo Ordinario


Mi 7, 14-15. 18-20

Sal 84

Mt 12, 46-50



    Las palabras que nos presenta el día de hoy Miqueas son más esperanzadoras que los días anteriores. Es una mezcla de afirmaciones proféticas y de suplicas ante el Señor que es misericordioso. La confianza del profeta se basa en que Dios sigue siendo fiel a las promesas hechas desde Abraham y en que nuestro Padre no deja de perdonar a su pueblo.


    El profeta emplea la imagen del rebaño, que es conducido por el único pastor: Dios. Este es un Dios de misericordia, fiel al juramento hecho a nuestros padres. La misericordia y la fidelidad son, sin duda alguna, rasgos predominantes de Dios.


    Estas palabras nos viene bien escucharlas en nuestro tiempo, ya que sabemos de nuestra debilidad y de la grandeza del perdón de Dios. Jamás deberíamos de cansarnos de proclamar la misericordia y bondad de Dios para con todos los pecadores: “Dios nunca se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón” (Papa Francisco).


    Las palabras del salmo nos hacen profundizar más en la misericordia de Dios: “Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados… muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”. Es primordial estar convencidos de que Dios nos auxilia en todo momento y ser capaces de trasmitir esa convicción a los demás. 


    Por otra parte, en el Evangelio, nos encontramos con un pasaje conocido como “la verdadera familia de Jesús”. Jesús aprovecha la visita de su Madre y sus parientes como una oportunidad para instruir a sus discípulos: la familia de Jesús no solo se da por lazos de sangre, sino que va más allá. La verdadera familia es la que vive conforme el Evangelio, quien a aceptado la Palabra de Dios y la pone en práctica.


    Todos los que acogemos la palabra de Jesús somos hijos de Dios y hermanos en la fe. Acoger las enseñanzas de Cristo nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia del Señor. Nuestro parentesco con Jesús se refuerza en la medida en que cumplimos en hacer la voluntad del Padre.


    ¿Experimento la cercanía de Dios por medio de su amor y su misericordia? ¿Me siento parte de la familia de Cristo? Que el Señor nos conceda experimentar día a día su perdón; que nos permita reconocerlo como nuestro Dios y salvador; que el amor que sentimos por Él nos lleve a escuchar su Palabra y ponerla en práctica, para poder ser así parte de la familia del Señor.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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