18 septiembre, 2026

Hombre rezando el rosario. Crédito: Shutterstock.

La captura del líder del grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, ocurrida el 12 de septiembre de 1992 —en la festividad del Dulce Nombre de María—, es interpretada por los allegados de una de las víctimas como parte de una serie de intervenciones marianas frente a la violencia que azotó al país.

El trágico episodio tuvo lugar el 16 de julio de 1992 en la concurrida calle Tarata, situada en el distrito limeño de Miraflores. La potente detonación organizada por la agrupación armada dejó un saldo trágico de 25 personas fallecidas y más de 150 heridos, cobrándose entre ellos la vida de Pedro Cava, un joven profesional de la odontología.

Una respuesta espiritual ante la tragedia

El fallecimiento del joven devastó a su núcleo familiar. No obstante, su progenitor, Osvaldo Cava, optó por canalizar su sufrimiento a través de la convicción religiosa, iniciando una tradición de oración constante en el mismo sitio donde ocurrió el ataque explosivo.

Durante una entrevista concedida a EWTN Noticias, Osvaldo Cava hijo reflexionó sobre el proceso que vivió su padre tras el atentado y cómo este suceso transformó la perspectiva de su hogar frente a la crisis nacional.

“Mi padre y mi madre obviamente tuvieron un golpe muy fuerte. Mi madre quedó devastada. Pero mi padre tuvo un momento de gracia o de lucidez, tal vez del Espíritu Santo que lo pudo haber iluminado y él se puso a analizar qué era lo que estaba pasando realmente”, declaró.

El patriarca de la familia llegó a la firme conclusión de que detrás de los actos subversivos operaba una fuerza oscura, y determinó que el rezo constituía el instrumento idóneo para combatirla. “Se dio cuenta que realmente el maligno le teme al arma más poderosa que tenemos, que es el Rosario, el Santo Rosario”, puntualizó el entrevistado.

Desde aquel momento, la devoción mariana se convirtió en un pilar inquebrantable para el padre de familia, quien cada 16 de julio acudía religiosamente al bulevar miraflorino para elevar sus plegarias.

El cabecilla de la agrupación terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, fue presentado a la prensa nacional y extranjera...
El cabecilla de la agrupación terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, fue presentado a la prensa nacional y extranjera en una celda especialmente instalada en el complejo de la Prefectura de Lima. Foto: Archivo Histórico El Peruano/Agencia Andina ©️ Editora Perú

“Con esta arma lucharemos y con esta arma vamos a vencer”

Entre los recuerdos familiares destaca la firme respuesta que el padre ofrendó cuando los medios de comunicación le consultaron qué le manifestaría al cabecilla terrorista si tuviera la oportunidad de encararlo.

“Se lo digo a usted, señor Abimael Guzmán, en su cara: con esta arma lucharemos, con esta arma lucharemos y también con esta arma vamos a vencer”, respondió en su momento.

Para su hijo, aquella declaración consolidó el coraje y la perseverancia de su progenitor por mantener vigente la fe en la oración comunitaria. Años más tarde, los integrantes de este hogar fueron citados para brindar su testimonio ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Fechas clave y coincidencias históricas

El análisis elaborado por la familia vincula la caída del movimiento subversivo con efemérides del calendario litúrgico católico. Además de la captura registrada en la festividad del Dulce Nombre de María, señalan que el 24 de septiembre de 1992, fecha en que el líder subversivo fue exhibido públicamente, coincidió con la festividad de la Virgen de las Mercedes, patrona de las instituciones armadas nacionales.

Asimismo, resaltan que el 7 de octubre de 1992, jornada en la que se dictó la sentencia a cadena perpetua contra el cabecilla, se celebró la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario.

“Mi papá ahí decía: ‘No, esa arma lo venció. No necesitamos un solo disparo. No hubo una sola detonación de un arma de fuego para poder vencer al maligno’”, rememoró el familiar, recordando también la misiva emitida el 15 de septiembre de 1993, jornada relacionada con los Dolores de la Virgen, donde se instó a deponer las armas.

La movilización ciudadana y la respuesta pacífica

El impacto generado por el ataque en la calle Tarata impulsó una transformación en la actitud colectiva de la ciudadanía peruana frente a la violencia extrema, dando origen a las históricas marchas cívicas por la concordia.

“La primera marcha la hicimos con el alcalde Alberto Andrade. Mi papá estaba adelante con él y se unió el alcalde de San Juan de Miraflores”, indicó, destacando la participación plural de vecinos de diversos distritos y condiciones sociales sin recurrir a confrontaciones violentas.

Un legado de esperanza que perdura

Tras más de tres décadas transcurridas desde el suceso, los descendientes de la familia Cava promueven activa y continuamente la práctica de la oración familiar como un refugio espiritual y un recordatorio de que la esperanza prevalece en los momentos de mayor adversidad.

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