Tegucigalpa, Honduras – El Congreso Nacional de Honduras ha puesto en marcha una investigación crucial sobre la proliferación de ofertas clandestinas de abortos a través de las redes sociales, una medida celebrada por organizaciones pro-vida que advierten sobre los graves riesgos que estas prácticas implican para la salud y la vida de las mujeres. La decisión legislativa surge en respuesta a la creciente preocupación por la operatividad de grupos que, al margen de la ley, facilitan el acceso a medicamentos y procedimientos abortivos en el entorno digital.
Marta Lorena de Casco, presidenta del Comité Provida de Honduras, ha sido una de las voces más firmes en denunciar esta situación. En declaraciones a EWNT Noticias, De Casco describió la modalidad de estos operadores como una actividad que se lleva a cabo “por la parte de atrás, por la cocina, por debajo, violentando la ley”. Esta caracterización subraya la naturaleza sigilosa y oculta de unas redes que aprovechan la facilidad y el anonimato de plataformas digitales para eludir el estricto marco legal hondureño.
La iniciativa para investigar y desarticular estas redes fue aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional el pasado 21 de julio, demostrando un consenso político sobre la necesidad de abordar este desafío. Tomás Zambrano, presidente del Congreso Nacional, fue quien presentó la moción, lamentando públicamente la difusión de perfiles y números de contacto en redes sociales como Facebook o servicios de mensajería instantánea como WhatsApp. Estos canales se utilizan para promocionar métodos abortivos, ya sea mediante la venta de medicamentos o la orientación para procedimientos ilegales, poniendo en riesgo la integridad de las personas que recurren a ellos.
Zambrano expresó su frustración ante lo que percibía como una indiferencia por parte de las autoridades y enfatizó la urgencia de “alzar la voz” frente a esta problemática. El objetivo principal de la moción es claro: conseguir que “las instituciones competentes realicen las indagaciones necesarias para identificar y desarticular las organizaciones que, de manera clandestina, estarían ofreciendo este tipo de servicios”. Esta acción legislativa busca no solo detener la promoción ilegal, sino también proteger a la población de prácticas médicas no reguladas y potencialmente letales.
El contexto legal en Honduras es explícito y riguroso respecto al aborto. El Código Penal del país establece severas sanciones, con penas de prisión que oscilan entre tres y seis años, tanto para quienes faciliten un aborto con el consentimiento de la mujer como para la mujer que consienta o se autoinduzca la interrupción del embarazo. Además, la Constitución de Honduras refuerza esta postura con artículos fundamentales. El artículo 65 declara que “el derecho a la vida es inviolable”, mientras que el artículo 67 dicta que “al que está por nacer se le considerará nacido para todo lo que le favorezca dentro de los límites establecidos por la ley”. Este robusto marco legal subraya la ilegalidad de cualquier práctica abortiva en el territorio hondureño y la seriedad con la que el Estado protege la vida desde su concepción.
Desde la perspectiva del Comité Provida, la situación representa un “peligro real” para las mujeres. Marta Lorena de Casco ha detallado cómo su organización ha monitoreado sitios donde, por aproximadamente 100 dólares, se ofrecen “paquetes” que contienen medicamentos destinados a provocar abortos. La falta de supervisión médica es una de sus mayores preocupaciones. “Un abortista invisible va llevando a esta niña en esa soledad absoluta, sin referirla nunca a un médico, sin decirle qué puede suceder en su cuerpo”, sentenció De Casco, aludiendo a los graves riesgos de hemorragias, infecciones, abortos incompletos y otras complicaciones que pueden surgir sin la debida atención profesional. Esta modalidad expone a las mujeres a una vulnerabilidad extrema, tanto física como emocional, dejándolas sin respaldo ni seguimiento en un momento de crisis.
Ante la posibilidad de que algunos de los operadores de estas redes clandestinas se encuentren fuera de las fronteras hondureñas, De Casco ha hecho un llamado urgente a la cooperación internacional. Considera que, si bien la investigación impulsada por el Congreso es un paso vital para bloquear plataformas y desmantelar organizaciones dentro del país, se necesita “unir los países para proteger nuestra juventud”. La presidenta del Comité Provida comparó la gravedad de esta situación con la promoción de actividades ilícitas y dañinas: “Esto es casi como enseñar a matar, enseñar a suicidarse, enseñar a usar drogas; esto es una cosa tremenda”, alertó, destacando la profunda preocupación moral y social que subyace a la difusión de estos servicios.
La líder pro-vida calificó esta trama como “dolorosísima” y manifestó su profunda esperanza de que la investigación iniciada por el Congreso Nacional no solo “tenga éxito en alguna medida”, sino que también logre identificar a los responsables y que estos sean “llevados a juicio”. Esta acción legislativa representa un esfuerzo significativo para salvaguardar la vida, la salud pública y la legalidad en Honduras, enfrentando una problemática compleja que se ha expandido en el entorno digital. La sociedad hondureña, a través de sus representantes y organizaciones civiles, espera que esta investigación siente un precedente en la lucha contra las prácticas ilegales que atentan contra la vida y la seguridad de las mujeres.







