Iconógrafo de Chicago elabora en tiempo récord una imagen mariana destinada al dormitorio papal
Un artista especializado en arte sacro residente en Chicago asumió el desafío de crear una representación de Nuestra Señora del Buen Consejo destinada al papa León XIV. La pieza artística completó su recorrido hasta el Vaticano, donde el máximo pontífice la aceptó durante un encuentro privado y manifestó su intención de conservarla en su espacio personal para sus momentos de recogimiento.
Un encargo especial con profundas raíces agustinianas
La iniciativa surgió cuando Michael Airdo, un abogado originario de la misma ciudad estadounidense que tenía programado un viaje para visitar al pontífice, buscaba un presente singular. Tomando en cuenta la conexión histórica del santo padre con la orden agustina, Airdo se decantó por la advocación mariana de Nuestra Señora del Buen Consejo, sumamente significativa dentro de dicha tradición religiosa.
Esta devoción hunde sus cimientos en una pintura centenaria de la Virgen María junto al Niño Jesús, custodiada en el santuario basílica localizado en Genazzano, Italia, y administrada históricamente por la comunidad agustina. Cabe destacar que, tras su elección, el papa León XIV se trasladó hasta Genazzano, situada a unos 64 kilómetros al sureste de Roma, para postrarse ante la venerada efigie.
Una carrera contra el tiempo en el taller
Al recibir la propuesta a través de un mensaje electrónico, el creador Joseph Malham se enfrentó a un obstáculo logístico fundamental: disponía de un plazo límite de una semana para concluir la pieza antes del viaje del comitente a suelo italiano.
“Dije: ‘Se puede hacer’”, contó Malham a Veronica Dudo, presentadora de “EWTN News Nightly”, el 21 de octubre. “Soy soltero, así que a quién le importa si no duermo ni como durante una semana. La pregunta es: ¿puedo hacerlo? Y lo hice”.
El esfuerzo rindió frutos con rapidez. “Una semana después, cuando Michael [Airdo] estaba en Roma, me envió una foto del Santo Padre sosteniendo el icono que le habían entregado durante una audiencia personal y privada en su biblioteca”, relató el artista. Asimismo, el intermediario le transmitió que el pontífice se mostró visiblemente conmovido al contemplar la obra y aseguró que la ubicaría en su estancia privada.
Un vínculo espiritual a través de la correspondencia
Motivado por un profundo sentimiento de afinidad espiritual, el iconógrafo aprovechó la ocasión para adjuntar una misiva dirigida al líder de la Iglesia católica, en la cual compartió las dificultades inherentes a su labor artística independiente y su vocación.
“Le escribí y le dije lo difícil que es —por favor, téngame presente en sus oraciones— porque es difícil, es un camino largo ser un artista que publica por su cuenta y un iconógrafo”, expresó Malham. En su mensaje también reflexionó sobre los retos compartidos en distintos estilos de vida: “Pero le dije que lo mismo ocurre con cualquier vocación. También sucede al estar casado, ser sacerdote, vivir la vida religiosa y ser el sucesor de San Pedro. Estamos todos juntos. Es la comunión de los santos. Y sentí que eso, de alguna manera, acortó la distancia y nos unió”.
Como respuesta, el pontífice le aseguró que lo recordaría en sus plegarias y le devolvió la solicitud de oración mutua. Para el artífice, la vivencia superó cualquier expectativa profesional:
“Es casi demasiado abrumador saber que el sucesor de San Pedro no sólo tiene mi icono, sino que lo acompañará personalmente en su vida de oración y lo mantendrá cerca de él”, afirmó, añadiendo que “no hay palabras suficientes. Podría descansar en el silencio de la belleza de ese momento, y esa conexión es el vínculo sagrado”.






