30 septiembre, 2026

Una oportunidad excepcional para los fieles

A partir del próximo 15 de octubre, los peregrinos y visitantes que acudan a la emblemática Basílica de Santa María la Mayor en Roma tendrán la ocasión de contemplar a corta distancia una de las reliquias más veneradas de la cristiandad: los fragmentos de madera tradicionalmente vinculados al pesebre donde reposó el Niño Jesús en Belén.

De acuerdo con la información difundida por el propio templo romano, estas piezas históricas abandonarán temporalmente su ubicación habitual en la monumental Capilla de la Confesión, situada directamente bajo el altar papal. Durante varias semanas, la reliquia será reubicada en uno de los altares laterales de la nave derecha, facilitando a los devotos una experiencia de contemplación mucho más cercana, íntima y recogida.

Este desplazamiento provisional cuenta además con un profundo sentido simbólico y artístico. La Sagrada Cuna quedará emplazada exactamente frente a la célebre pintura de la Anunciación, obra del maestro italiano Pompeo Girolamo Batoni. De este modo, se trazará un sugerente itinerario visual que conectará de manera directa el anuncio celestial hecho a la Virgen María con el posterior misterio de la Encarnación y el nacimiento en Belén.

Renovación tecnológica y un nuevo cielo estrellado

El traslado de la reliquia responde al inicio de las obras de restauración destinadas tanto a la hornacina histórica como al valioso relicario que resguarda los maderos. Como parte de estas intervenciones, se instalará una moderna vitrina dotada de estrictos mecanismos de control climático, seguridad y conservación preventiva.

Asimismo, el proyecto contempla la creación de un nuevo fondo artístico compuesto por esmaltes y teselas doradas que recrearán el firmamento de la noche de la Natividad. La disposición exacta de las estrellas reproducirá la configuración celeste que existía en Belén en aquel momento histórico, tejiendo así un puente espiritual entre el lugar del nacimiento de Cristo y el templo que ha custodiado su memoria durante siglos.

Durante la ejecución de las obras, la Capilla de la Confesión permanecerá cerrada al acceso general. Está previsto que los fragmentos regresen de forma solemne al altar papal el 24 de diciembre para presidir los solemnes ritos navideños, y que vuelvan a su emplazamiento definitivo tras la festividad de la Epifanía, ya protegidos por la nueva estructura expositiva. Los trabajos cuentan con la supervisión de la Dirección de Museos y Bienes Culturales de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y son ejecutados por la empresa especializada en arte sacro Progetto Arte Poli.

Cinco fragmentos milenarios y un valioso relicario

El conjunto está integrado por cinco pequeños fragmentos de madera custodiados en un artístico relicario de cristal con forma de cuna, concebido por el destacado arquitecto neoclásico Giuseppe Valadier y donado a la basílica por la duquesa Pignatelli en 1797. Décadas más tarde, entre 1861 y 1864, el Papa Pío IX encargó al arquitecto Virginio Vespignani la creación de la Capilla de la Confesión, un recinto semisubterráneo ornamentado con aproximadamente setenta variedades de mármoles policromos procedentes de excavaciones arqueológicas en Roma y Ostia.

Diversos análisis científicos señalan que cuatro de estas piezas de madera corresponden a sicómoro palestino y datan de hace unos 2.000 años. Su superficie presenta muescas que sugieren haber formado una estructura ensamblada en cruz, empleada habitualmente en la antigüedad como soporte para pesebres. El quinto fragmento, por su parte, podría proceder de una antigua representación artística de la Natividad destruida o extraviada durante el saqueo de Roma en 1527.

Un legado histórico procedente de Tierra Santa

La devoción hacia la Sagrada Cuna se remonta a los primeros siglos del cristianismo en la Basílica de la Natividad. Entre los testimonios históricos más relevantes destaca el de San Jerónimo, quien residió gran parte de su vida junto a la gruta del nacimiento. Aunque no existen registros documentales definitivos sobre su llegada a Italia, la tradición sostiene que los restos fueron trasladados a la Ciudad Eterna durante el pontificado de Teodoro I entre los años 642 y 649, enviados por el patriarca San Sofronio para ponerlos a salvo ante la expansión musulmana.

La elección de Santa María la Mayor como custodia permanente se vincula a su fundación por el Papa Sixto III tras el Concilio de Éfeso de 431, que proclamó el dogma de la maternidad divina. Desde el siglo XII, la presencia de la “Cunabula Salvatoris” ha recibido el fervor ininterrumpido de miles de peregrinos, consolidando un profundo lazo espiritual que se renovó en 2019, cuando el Papa Francisco decidió enviar uno de los fragmentos a la iglesia franciscana de Santa Catalina en Belén.

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