

Misa exequial de Mons. Centellas. Crédito: Conferencia Episcopal Boliviana.
La comunidad católica boliviana se congregó este martes para rendir un último homenaje al arzobispo de Sucre y primado del país, monseñor Ricardo Centellas, quien falleció trágicamente el pasado jueves a la edad de 63 años. Las exequias solemnes se llevaron a cabo en la emblemática Catedral Nuestra Señora de Guadalupe, situada en la ciudad de Sucre, donde una multitud de fieles se dio cita para acompañar al cortejo fúnebre.
Una despedida multitudinaria con representación nacional
La solemne Eucaristía estuvo presidida por monseñor Aurelio Pesoa, obispo del Vicariato Apostólico del Beni y máximo representante de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB). La ceremonia contó con la participación de diversas personalidades del ámbito político, judicial y municipal, además de miembros de las fuerzas del orden, la comunidad académica y una numerosa concurrencia de creyentes que quisieron honrar la memoria de quien fuera también presidente del episcopado nacional y gran canciller de la Universidad Católica Boliviana (UCB).
Entre los asistentes destacó una comitiva procedente de la Diócesis de Potosí, lugar donde Centellas ejerció como obispo, portando un estandarte con un mensaje elocuente: "Mons. Ricardo: guardamos con profunda gratitud el testimonio de su sencillez, cercanía y espíritu de servicio, que dejan una huella imborrable en la Diócesis de Potosí".
El dolor de una arquidiócesis que pierde a su guía
Durante su homilía, el obispo Pesoa dedicó palabras de consuelo a la feligresía sucrense, la cual calificó como una comunidad que "hoy se siente huérfana y desconcertada ante el fallecimiento inesperado de su querido pastor".
El prelado expresó el sentimiento generalizado de pérdida al señalar: "Hoy nos sentimos todos profundamente afectados por la partida inesperada de Mons. Ricardo, quien han sido llamado a la presencia del Padre Dios antes de lo que nos hubiese gustado y de lo que esperábamos todos, porque él era un hombre joven todavía, al que le quedaban varios años de ejercicio del ministerio episcopal".
Asimismo, invitó a los presentes a buscar refugio en los textos sagrados para hallar la fortaleza espiritual necesaria en estos momentos de duelo, recordando un pasaje del Libro de la Sabiduría sobre la madurez espiritual y la rectitud de vida por encima de la longevidad cronológica.
Una trayectoria marcada por la entrega y la prudencia
El presidente de la CEB hizo un repaso exhaustivo por las distintas responsabilidades eclesiásticas que asumió el difunto arzobispo a lo largo de su vida ministerial. Desde su labor en la formación de futuros sacerdotes hasta sus cargos como obispo auxiliar y titular de Potosí, arzobispo primado, líder de la conferencia episcopal y máxima autoridad universitaria, su gestión se caracterizó por la rectitud.
"En todas esas misiones ha actuado con prudencia, amor y entrega a la que se le ha encomendado", recalcó Pesoa, añadiendo que la Providencia divina encontró en él a un servidor fiel hasta el último momento de su existencia terrenal.
El obispo del Beni compartió además detalles sobre los instantes finales del arzobispo, revelando que estuvo acompañado espiritualmente por dos sacerdotes y dos obispos que le administraron los sacramentos de la unción y la absolución, permitiéndole partir "en paz para ver al Señor y Salvador y gozar de la dicha de los elegidos".
El legado de un pastor humilde y cercano
Al definir la personalidad del fallecido primado, monseñor Pesoa lo describió como "un hombre bueno, una persona de extraordinaria sencillez, un hombre de profunda humildad" que supo impregnar de afecto cada una de sus tareas pastorales.
Para la jerarquía eclesiástica, el mayor testamento que deja el arzobispo radica en su capacidad para afrontar los desafíos complejos mediante la sencillez evangélica y la escucha atenta a las necesidades del prójimo. "Ha sido un hombre muy humano, muy querido, muy de todos y para todos", afirmó.
Finalmente, citando de manera velada los escritos paulinos, la autoridad eclesiástica manifestó su convicción de que la trayectoria de servicio, caridad y fidelidad al Evangelio cosechará su justa recompensa en la vida eterna, cerrando así una jornada de profundo recogimiento para la Iglesia en Bolivia.








